domingo, 15 de mayo de 2011

Sobre una opinión de Dolina (comentario a un post de Geraldinho)


Leí hoy esta entrada de Geraldinho, sobre dichos de Dolina en la presentación del libro de Aníbal Fernández.
Y como llegué tarde a un debate que tuvo más de 50 comentarios, me quedé con las ganas de opinar algo. Sobre los dichos de Dolina. Pero no todos, sino algunos.

Dolina ejerce una virtud retórica, que no comparte con casi nadie. La de convencer a sus escuchas, sin demasiado esfuerzo, de que está diciendo algo cierto e irrefutable.
Ocurre, entonces, que después, cuando uno relata o transcribe lo dicho por Dolina, por otros medios, aparecen algunos lectores u oyentes, que se distancian un poco del aire de familiaridad necesario para generar acuerdo entre el que enuncia y el que recibe el mensaje. Y consiguen traer a colación ejemplos que incluso llegan a ridiculizar las opiniones de Dolina, que son fácilmente tergiversables por otro lado, porque remiten a la complejidad con una sutileza que no es accesible a todo el mundo.

Suena elitista este último concepto. Pero sugiero que lo tratemos de interpretar despojado de cualquier cualificación. Digo: sin establecer tablas de posiciones, sino atentos simplemente a las diferencias y similitudes de espíritu que hay entre los hombres y mujeres. Esas similitudes que son las que acercan a las personas, que hacen sentir afinidad, practicar la amistad y ser generosos y amables. Esas diferencias que contrariamente provocan rechazo o más cruelmente indiferencia. Sin que intervenga necesariamente, en estas pulsiones,  alguna valoración acerca de capacidades intelectuales. Digamos: perfectamente nos podemos enamorar de una manicura, y despreciar a la Premio Nobel de Física.

Se me dirá que esto se debe a que intelectualmente nos encontramos más cerca de la manicura que de la Premio Nobel. Puede ser. A veces. Otras veces no.
Porque la inteligencia y la valoración que hacemos de ella es solamente un elemento, que suele contrapesarse con otros a la hora de determinar el acercamiento o alejamiento de una persona a otras.

De algo parecido a esto trataba una parte de la alocución de Dolina, en la que citaba al desconocido (por mí) Jorge Wagensberg. Que sostiene (cito textual a Dolina) que "el escritor tiene que parecerse un cacho al lector, que tiene que haber como un aire de familia. Porque si el libro es demasiado complejo para el  que lee, sobreviene un falta de interés parecida al aburrimiento. Y si por el contrario, el libro es demasiado simple para el que lee, pues sobreviene el desdén. "


Y yo estoy esencialmente de acuerdo con la afirmación, pero para evitar refutaciones estériles, procedería a expresar un poco la sutileza implícita que Dolina magistrlamente deja para que sólo aquellos que se le parecen sepan descubrir.
Primero, no acotaría la definición de "parecidos" a una similitud en cuanto a las opiniones. No pasa (este "parecido") por pensar lo mismo sobre el gobierno de Cristina Kirchner o sobre la ley de matrimonio homosexual (digo, igualitario).
Con lo cual quedan desafectados todos aquellos que entiendan de la idea planteada que para leer con placer a Borges hay que ser conservador en términos políticos. No. Seguramente, lo que hace admiradores de Borges a quienes lo son es un gusto por la expresión lacónica, por la narración fragmentada, por la minuciosa selección de hechos laterales para la mirada convencional a la hora de relatar, o por la invención magistral de elementos fantásticos fértiles para la analogía o la parábola con derivaciones filosóficas. En fin, aquellas cosas de las que abundan en Borges, y seguramente en quienes lo visitan gustosos.


Pero tampoco es un "parecido" motivado en la pareja capacidad intelectual (aunque no sé si Wagensberg lo entenderá así). Por supuesto que la cuestión de la complejidad que dificulta el entendimiento influye, pero no es decisiva. 
Digamos, perfectamente un físico-matemático puede aburrirse leyendo a Borges, no porque tuviera un coeficiente intelectual superior a él, ni tampoco inferior, sino porque carece justamente de interés por aquellas cosas que hacen al disfrute de la obra de Borges, y que fueron señaladas (subjetivamente) en el párrafo anterior.


En definitiva, esa afinidad, ese aire de familia necesario para que lector y autor comulguen, tampoco es generalizable a todos los temas existentes. Es simplemente como un "hablar el mismo idioma", y por ende se agota en el hecho mismo de compartir el acto de discurso, uno como enunciante y el otro como receptor, y no está de ningún modo garantizado (aunque pueda ser factible) que la comunión se repetirá siempre, invariablemente.


Ya que hablamos de Borges, es conocido que sugería a sus alumnos que ejercieran la lectura sólo por placer. Que si un libro no captaba su interés y su gusto, era mejor que lo abandonaran a tiempo y que no insistieran con el tortuoso procedimiento de completar la lectura. Que tales desintereses son irreversibles casi siempre. Y que estaba plagado el universo de tipos que no habían escrito para nosotros. Y que esta situación era cambiante. Que 20 años más tarde (por decir) un autor que nos resultara insoportable podía causarnos una impresión mejor. Y viceversa.


Después Dolina relacionó todo esto con el acto del voto, pero bueno, eso es parte de otra historia, mucho más sustancial que la que aquí se cuenta.

4 comentarios:

Gerardo G. dijo...

Está bien lo que ud. dice. Yo creo que en el caso Dolina hablaba de las competencias intelectuales necesarias para comprender algunas cosas. Hay otros motivos de desaveniencia autor-lector, claro (por ejemplo, y sin ir más lejos, a algunos de los comentaristas de aquel post, quedó claro, les pasa que la "pedantería" que ven en Dolina casi que les impide siquiera reparar en lo que Dolina dice; pasa lo mismo con Feinmann y tantos otros), pero ahí se refería a que si uno no sabe sumar, difícilmente se pueda asomar a la física. No es la única, pero es indispensable.

Yoquieroserparte dijo...

perdón que no tenga otra cosa para decir.. pero la peli de Néstor está por terminar su etapa de recolección

así que si tenés algo para mandarnos es el momento

www.facebook.com/yoquieroserparte

Mariano dijo...

Sí, Geraldinho.
Si no se lo interpreta de ese modo, no tiene sentido la comparación con el voto calificado.
Pero bueno, yo tenía ganas de decir eso que dije.
Una vez que se me ocurre algo más o menos...

Por otro lado, no creo que Dolina sea pedante.
Tiene el problemita ese de ser superior en muchas cosas a la mayoría de todos nosotros, y no termina de acertar bien a disimularlo.
Pero qué se le puede hacer? Lo que es, es.

Abrazo

Gerardo G. dijo...

Yo siempre dije: qué soberbio este Maradona, como pisa la pelota.

No se me ponga así, hombre, que no le objeté nada. Mi comentario, ahora lo veo, es una obviedad, una aclaración totalmente innecesaria. Dios me va a castigar, esos pecados son los peores.