jueves, 16 de noviembre de 2017

Reforma laboral, reforma tributaria : el silencio es salud

Respecto de la reforma laboral mi opinión es un poco difusa.

Considero que lo peor del proyecto es la creación de AGNET. Una agencia estatal, controlada en la práctica por entidades privadas de salud (como las prepagas) y semiprivadas (como las obras sociales) que tendría atributos suficientes para modificar a su antojo el Programa Médico Obligatorio, es decir, la lista de prestaciones que obligatoriamente dichas entidades deben cubrir (sin costo adicional) a sus beneficiarios.
En este punto, los dirigentes sindicales y Belocopitt tienen exactamente el mismo interés.


Por otro lado, está la reforma tributaria. Que contiene en rol estelar la reducción de aportes patronales. Que ya dijimos muchas veces, significa que las entidades de salud (prepagas y obras sociales) reciban menos guita en concepto de aportes, por cada trabajador.
Existe entonces el riesgo potencial de que las prepagas y las obras sociales, al recibir menos plata, determinen sin oposición qué programa de salud deben cubrir y cuál no.


Para decirlo claramente: nos ponen a discutir horas extra y cálculo de indemnizaciones mientras nos condenan a pagarnos el tratamiento del cáncer o la operación de corazón. O cosas menores, como la medicación en un embarazo o las pastillas anticonceptivas de la planificación familiar.


Pero además, esto se da mientras encaran la creación del CUS (cobertura universal de salud), un "beneficio" para quienes no tienen obra social ni prepaga. Consiste en que se puedan atender en hospitales públicos y tener cubierto un listado de prestaciones mínimas.
O sea, lo que ya existía desde tiempos de Ramón Carrillo, pero acotado a lo más básico.
El "beneficio" es claramente un perjuicio, una reducción de cobertura gratuita.


En síntesis: vamos hacia una descomposición potencial del Programa médico obligatorio (PMO) que es el complemento tercerizado de las prestaciones públicas que brinda el sistema de salud universal ideado por Ramón Carrillo, que conforman en conjunto lo que serían las prestaciones sanitarias de un estado de bienestar, el cual debería ser orgullo para todos los argentinos.
Y su reemplazo por un sistema privatizado, más parecido al que desde países vecinos expulsa enfermos críticos hacia la Argentina para poder atenderse dignamente a pesar de no contar con plata.
Júbilo, seguramente, en reductos progresistas como el programa de Lanata: ya no vendrán bolivianos a atenderse a nuestros hospitales.
La xenofobia, mientras tanto, la vamos a tener que pagar entre todos en la cuenta de los remedios.


martes, 7 de noviembre de 2017

UVA: si la vas a hacer, hacela bien

El gobierno está autorizando por estas horas la securitización de hipotecas UVA.
Esto consiste básicamente en que los bancos otorgantes de créditos hipotecarios, que son públicos básicamente, puedan colocar esas hipotecas en el mercado. Otras entidades pueden comprarlas, en formas de paquetes, con valores acordados con la calificación de riesgo que les otorgan a esos paquetes las calificadoras, de acuerdo a la evaluación de solvencia de los titulares de los créditos.
Empezó la timba, señores. Esa timba que provocó la crisis de las "subprime" en EEUU hace unos 10 años, no sé si recuerdan. Pero no fue la timba lo que dejó a la gente sin casa, sino los sistemas de créditos hipotecarios, que por las propias amortizaciones dejaban a los tomadores sin posibilidad de pagar, es decir, sin casa.
Nosotros supimos mucho respecto de bancos quebrados, de rescates estatales para que los bancos no quiebren, etc.
Detrás de eso está la otra realidad. El que tomó crédito que se vuelve impagable por el sistema de actualización del valor se queda sin casa. La pesadilla de la casa propia.
En Argentina, la vedette de la securitización son los créditos UVA. Sobre los cuales ya se está llamando la atención sobre cómo se encarecen gracias a los mecanismos de actualización del valor.
Un ejemplo, mencionado en una nota de Tiempo Argentino, traído por el analista financiero Cristian Buteler.
Crédito de 1 millón de pesos a 240 meses. Con la actualización, después de los primeros 19 meses, la cuota pasó de los 7915 pesos iniciales a 11268. Pero lo notable es que el capital adeudado, a pesar de la cancelación de 183.775 pesos, aumentó a 1.402.641, un 40% más. Lo que prefigura aumentos exponenciales en las próximas cuotas.
Esta disfuncionalidad del crédito UVA se atribuye a la alta inflación. Yo discrepo.
La inflación obviamente infla nominalmente los valores. Pero el problema es que el sistema de actualización UVA está pensado para garantizar una tasa de interés positiva del 5% aproximadamente. O sea, el crédito (cuota y capital) se actualiza por inflación + 5%. Anual.
Todo el riesgo inflacionario se traslada al tomador del crédito, pero además está garantizado un suculento retorno para el financista, de 5% anual desinflacionado, es decir, real.
Con inflación 0 (y aumento de salario 0) el crédito se vuelve impagable igual.
Digamos, la inflación complica, es cierto. Pero el problema con estos créditos es que los riesgos y los costos de la nominalización los trasladan al eslabón más débil de la cadena.
Y esto no tiene que ver con el contexto, sino con una decisión ideológica.
El que acumula capital y lo presta tiene garantizado su negocio.
Y ahora que tenemos la securitización, que les permite a los bancos vender paquetes de hipotecas para desprenderse de la exposición crediticia o atarla a otras inversiones, incluso el estado, llegado el caso, saldrá como prestamista de última instancia, a solucionar cualquier problema.
Porque si la vas a hacer, hacela bien

sábado, 4 de noviembre de 2017

Boudou

En esta página, a veces, defendemos lo indefendible. Y vamos más allá. Creemos, incluso, que es una forma de hacer justicia. O al menos colaborar a que existan los convenientes contrapesos que impidan los avasallamientos.
Tenemos tendencia, los seres humanos, a tirar al bebé, junto con el agua sucia del baño.
Obviamente, no tenemos los elementos para decir si Boudou es chorro o no. Sabemos lo que es público sobre Chicone. No vamos a abundar en ello. Y tenemos la sospecha de que es un muchacho rápido. Al que una noche en la cárcel le basta para vender los barrotes de la celda. A dos empresas distintas.
Ahora bien, dicho eso, también queremos acordarnos del "otro Boudou". Que es, para nosotros, el de la audacia mayor de los 12 años de kirchnerismo. Con la cual se compró a Néstor y se ganó el rechazo de massita, por el cagazo que le hizo pegar. Recordemos que Massita (aunque hoy quiera negarlo escondiéndose) es quien acercó a Boudou al kirchnerismo, quien hizo las presentaciones de rigor cuando no lo conocía nadie. Digamos todo (como dicen los militantes de Cambiemos).
Hablamos (de esa audacia mayor a la que hacíamos mención antes de disgregarnos con personajes insignificantes por cobardes) de la reforma de las jubilaciones.
Boudou fue quien tuvo la idea extraordinaria de poner fin a la estafa de las AFJP.
Dio forma al SIPA, el sistema jubilatorio de reparto que permitió alcanzar la cobertura universal. Recuperó para ANSeS los aportes jubilatorios, con los que antes se quedaban los bancos, y también los fondos acumulados para capitalización (los aportes de años de los trabajadores activos) cuya renta servía para pagar comisiones a bancos y brokers financieros, además de inflar cotizaciones de acciones de empresas, como las del Grupo Clarín, en lo que fue un choreo del que nadie se preocupó con indignación, probablemente porque el mismo Grupo Clarín lo silenció.
Con esa renta recuperada, hoy se pagan asignaciones, se otorgan PROCREAR, se dieron créditos varios para fomentar el consumo popular o para jubilados a través de la tarjeta ARGENTA.
Y además, gracias a la recuperación de los aportes por parte del Estado, se pudo mejorar las jubilaciones, con la ley de movilidad cuya fórmula polinómica Cambiemos hoy quiere eliminar para reemplazarla por otra que dé menos aumentos.
Y Cambiemos también pudo mejorar las jubilaciones de 1 millón de jubilados gracias a la reparación histórica.
Todo eso, incluso aspirar al 82% móvil al que alguna vez aspiró nuestra oposición, hasta que lógicamente fue gobierno, se pudo hacer, gracias a la idea y decisión de Boudou.
No es que creamos que algunos tienen derecho a robar por haber tomado decisiones correctas alguna vez, ni nada de eso.
Sí nos llama la atención que habiendo muchos que robaron, y roban actualmente (repito señora: roban actualmente) los únicos que vayan presos son los que se pelean con los bancos (o con las compañias energéticas).
Independientemente de ello, desde acá no pedimos clemencia para con nadie.
Solamente expresamos que, mientras la Justicia independiente (es decir, la que responde al ala dura de Cambiemos) decida tal vez fusilarlo, nosotros vamos a estar acá acordándonos de que Boudou (tal como le gusta a la señora Ocaña) recuperó una parte muy importante de lo que los financistas o propagandistas de Cambiemos (que hoy posan de vara moral) le robaron a los argentinos durante muchos años.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

El "policiísmo"

Cambiemos tiene una base de sustentación política en la aceptación que genera en una amplia capa de las clases medias. 

Esta aceptación tiene un núcleo cultural, que voy a dar en llamar "policiísmo". Es, a mi parecer, cierta tendencia a considerar positivo que adoptemos, todos, como cuerpo social, prácticas de procedimiento policíaco para ordenar la vida social.

Por ejemplo, la habilitación de líneas telefónicas para denunciar vecinos que actúan de modo incorrecto, la decisión de acotar las potestades de los centros de estudiantes en los colegios, la implementación de protocolos para "ordenar" las protestas sociales, la desacreditación de dirigentes sindicales "que no laburan" y de las licencias formales e informales que se toma cualquier trabajador priorizando su vida íntima a su vida productiva, la emisión de permisos estatales para manifestaciones, las revisiones de documentación personal para ingreso y egreso de determinado lugar o incluso en los colectivos.
Ni hablar de ciertos ensayos discursivos que promueven "educar a la gente" para que no tenga hijos si "no debe".


Podría seguir.
Hay cierta forma teórica de entender a las sociedades modernas, como una dialéctica entre las prácticas de los derechos (lo que podemos llamar "estado de derecho") y las prácticas tendientes a imponer obligaciones y limitar expresiones individuales.
Claramente, el "cambio" es, en este sentido, una avanzada del estado polícíaco sobre el estado de derecho.


Lo expresaría a través de un lema que tiene un historial larguísimo: "tus derechos terminan, donde empiezan los de los demás". La potencia de la palabra "terminan" en esa frase, es la clave política.
Alguna vez, con algún conocido, nos burlábamos de esa frase diciendo: tus derechos terminan donde empiezan los de Amalita Fortabat".


Ya ni siquiera ese lujo casi marxista podemos darnos, de ridiculizar la "igualdad" que propugna el republicanismo. Como si todos fuéramos iguales y tuviésemos los mismos derechos en esas sociedades de ricos y pobres.
Hoy nos encontramos pensando en que nuestros derechos terminan cada vez más cerca de donde empiezan. El control policíaco que nos dice "esto no se puede hacer" de a poco va invadiendo terrenos que habían logrado en estos últimos tiempos cierta emancipación.

martes, 24 de octubre de 2017

Bajó el déficit: festejen

El gobierno volvió a mostrarse satisfecho, hoy, ante el anuncio de una reducción del déficit fiscal, con sobrecumplimiento incluído de la meta que se habían trazado oportunamente.
¿Es esto así?

Efectivamente, existe una persistente reducción de la brecha entre ingresos corrientes y gastos corrientes.
Lo que viene reduciéndose, entonces, es el déficit primario.

La reducción de este déficit es uno de los objetivos fundamentales de la política económica del gobierno, y además un pedido expreso de todos los think tank ligados al mundo de los negocios, nacionales y extranjeros.
Porque es, este tópico, el que determina que el Tesoro Nacional absorba pesos de los que circulan en el sector privado con la emisión de letras de corto plazo, o requiera de la asistencia financiera del BCRA, a través de sus adelantos transitorios que se identifican con la emisión de moneda sin respaldo, que después debe ser esterilizada colocando LEBACS con tasas de interés elevadas, que significan un formidable negocio para bancos y algunos ahorristas a costa de quebrantos del Banco Central, en un proceso ya largamente descripto en más de una oportunidad.
Por eso se supone que, de acomodarse este factor macroeconómico, equilibrando los gastos del Estado con los ingresos corrientes genuinos, se cortaría este esquema, que es la causa principal de la movilidad nominal de los precios, es decir, la inflación propiamente dicha.
Esto no quiere decir que todos los precios quedarían fijos para siempre. Sino, más simplemente, que no se modificarían por factores relacionados a la nominalidad, de estrecho vínculo teórico con la cantidad de dinero circulante.
De ahí a que no haya cambios en los precios que alteren negativamente el poder de compra de los ingresos de los más pobres hay un trecho extenso que sólo puede salvarse mediante alguna creencia fantasiosa.
Pero, como sabemos, nuestros amigos de los think tank no están para pensar en los bolsillos de los asalariados o los pobres, aunque a veces los invoquen por conveniencia, sino en la tasa de retorno de la inversión y las oportunidades de negocios con previsibilidad que ella muestra. Y la inflación afecta la previsibilidad.
Entonces, que el déficit primario se reduzca es para ellos una buena noticia, sobre todo si se da en el marco de la persistencia, y se abre la posibilidad de que el proceso concluya en su eliminación.

Ahora bien, que se terminen allí las preocupaciones ortodoxas no significa que la cuestión del déficit fiscal también lo haga.
Existe otra cuenta más, que cabalga sobre ésta que presentamos un poco caóticamente recién.
Es la del resultado financiero. La que agrega al cálculo las erogaciones previstas por servicios de deuda , es decir, los vencimientos de intereses y capital.
Este tramo, el del déficit financiero, tiene la misma o mayor persistencia, pero en dirección contraria. Crece.
A medida que se incrementa la toma de deuda, los vencimientos que se acumulan en un año aumentan, y por lo tanto, como no hay contrapartida de ingresos, el déficit financiero, que se suma al déficit primario, hace que el déficit total aumente mucho.
Recordamos, nos estamos situando en el ámbito cerrado de las cuentas públicas. De los gastos del Estado Nacional.

El presidente hace poco nos explicó que mientas exista déficit habrá que tomar deuda.
Obviamente, que se elimine el déficit primario no obtura la necesidad de tomar deuda. Ya que habrá que pagar servicios de la misma. Por ejemplo refinanciando, y abriendo una nueva etapa de espiralización de intereses.
En varias ocasiones se hizo mención a que la deuda no tiene nada que ver con los ajustes de gasto público.
Porque la desaparición del déficit primario, de producirse, puede hacer que el Estado deje de endeudarse en pesos.
Pero, mediante la bicicleta de los dólares con los que se pagan servicios de deuda, seguirá dándole soporte al mundo de los negocios financieros.
El Estado necesita endeudarse en dólares como mecanismo de sostén del valor del peso, para evitar devaluaciones, generar un colchón de dólares (que no entran por otras vías) para que haya disponibles en las reservas del BCRA cada vez que "alguien" quiera llevarse sus dólares del país.
Para atender la fuga. Para eso se endeuda el Estado. Para eso entra en el círculo del endeudamiento. Para darle soporte de divisas a la circulación especulativa del capital financiero.
Echar trabajadores estatales, cerrar paritarias por valores irrisorios o suspender programas o prestaciones, no modifica para nada esta escena.

viernes, 19 de mayo de 2017

Apuntes

Lo que sigue es un intento simplificado por encontrar un rumbo ideológico en materia económica.

En algún momento de la historia los señores que acumulaban capital a través de empresas que producían objetos, notaron que si financierizaban sus excedentes podían multiplicar ganancias.
Es decir, un productor de tarros de mermelada ganaba plata vendiéndolos, y parte de esa plata, en lugar de dejarla inmovilizada, se la podía prestar a quién la necesitara para, de esa forma, hacerla aumentar más todavía.

Los bancos rápidamente, oficiando como intermediarios, empezaron a desarrollar instrumentos cada vez más sofisticados para llevar a cabo estos préstamos, a tal punto que algunas operaciones, a esta altura, ni siquiera parecen préstamos.

En fin, con el avance del negocio y la sofisticación de los instrumentos (y de las entidades participantes), se llegó a un punto en el cual la colocación financiera de excedentes resultó ser más eficiente en la reproducción del capital que la misma actividad productiva que había originado la acumulación.

Así, lentamente, el centro de gravitación del sistema capitalista empezó a cambiar.
Los estados tomaron nota del dato, y procedieron a disputarse sordamente la cercanía y amigabilidad con estos nuevos mecanismos de reproducción de capital. Para ello debían generar las mejores condiciones para que el negocio prosperase. Así, comenzó su retirada.

Se fueron eliminando lentamente (a pesar de los riesgos que se corrían en cuanto a volatilidad) las barreras que dificultaban los libres flujos de capitales.

Y como condición fundamental, para brindar la estabilidad monetaria necesaria y las tasas de interés reales deseadas por los financistas, los estados fueron cediendo su potestad de crear dinero. Los bancos (cuyo negocio es crear dinero) asumirían esta función, como fuente creadora de riquezas.
El monetarismo, como doctrina, consiste básicamente en esto: que el estado evite los déficits fiscales, para no monetizarlos (es decir, para no cubrirlos con emisión), para finalmente ceder la creación de moneda al sector financiero privado.

Las entidades financieras pueden crear su dinero (prestar es crear dinero) como fuente de creación de su propia ganancia, mientras el estado debe compensar los desequilibrios que esto genera, achicándose. 

No debe excederse en gastos, para que la entidad regulatoria (el banco central) no tenga que crear dinero excedente para financiarlo.

El estado absorbe, con carestía, los efectos inflacionarios de la creación de dinero de usufructo privado que llevan a cabo las entidades financieras.

Así, lógicamente, se sanciona el fin de los estados de bienestar, ya que no pueden financiar inflacionariamente (monetizando) los servicios públicos y derechos que ofrecen al total de la población sin cobrarles.

Por ende, ahí ya visualizamos dos contrarios irreductibles: la tasa de retorno de la inversión financiera vs. los derechos y servicios públicos universales y de calidad brindados por el estado.
Ponerle coto a la tasa de ganancia financiera es condición necesaria para recuperar los márgenes de acción en cuanto a distribución de riquezas.
Para que el estado pueda recuperar la potestad de crear dinero, y que ésta no sea mera acción de usufructo privado.

Hay, en las economías actuales, sectores críticos, que conforman la plataforma sobre la cual se desarrolla todo el aparato productivo.

La obtención de energía, la infraestructura, las comunicaciones.

Estas actividades básicas, soportes de todo el entramado productivo, requieren, para un desarrollo acorde a lo que las sociedades posmodernas demandan, la aplicación de grandes montos de inversión.

Para poder, entonces, poner a tono estos pilares es necesario tener acceso a la transa de valores financieros por montos muy grandes. Estado y sector privado, sea quien fuera que se ponga sobre los hombros el desarrollo de estas actividades básicas necesita poder recibir grandes sumas por la vía financiera.

Dada la situación actual en los mercados financieros, la contraparte de esta necesidad es la de poner a tono la macroeconomía de un país, integrada al proceso de globalización, para que el negocio financiero que describimos en la primera parte del posteo encuentre un ámbito propicio para desarrollarse.
Queda claro cuál es el lazo de dependencia que los países que sueñan con desarrollarse autónomamente tienen que poder cortar.


Pero para hacerlo, tienen que generar previamente la masa crítica de recursos financieros que le permitan llevar a cabo la inversión necesaria.


Los fracasos o problemas recientes que enfrentaron los gobiernos populistas del mundo tienen que ver con esto. Se quedan sin dólares.


Hay que empezar a pensar de qué forma se puede generar el circuito financiero necesario, sin conceder las tasas de retorno extravagantes que demanda el sector privado.


Este es el desafío del tercer mundo. Hay que ir para ese lado, hay que capturar "cajas" como el FGS de ANSeS (la decisión más importante que tomó el gobierno anterior). Hay que generar herramientas como era el proyecto chavista de "Banco del Sur".


Y hay que hacerlo compitiendo con el sector financiero privado en su propio terreno, el de la acumulación de capital.


Por lo tanto, los estados tienen que pensar en intervenir en los mercados generadores de divisas de los países.


Por ejemplo, si Argentina hace entrar dólares por la vía de los commodities agrícolas, debería tener una sociedad anónima controlada en más del 50% por el estado, para entrar a competir con las multinacionales que operan hoy, por la renta y los recursos financieros que genera el sector.
No hay que romper con el mercado, en tanto no se tiene alternativa más eficiente para cubrir lo que esa institución provee. Hay que ganarlo, invadirlo y colonizarlo.


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martes, 21 de marzo de 2017

A un año y monedas del histórico fin del "cepo"

Es cada vez más común que al actual gobierno se le señale públicamente algunos de los visibles “fracasos” de sus políticas.

Como respuesta, los funcionarios suelen maniobrar algunos estandartes de defensa, de decisiones acertadas y supuestamente beneficiosas para todos los argentinos (los discursos políticos insisten ciegamente sobre esta imposibilidad).
 Una bandera muy flameada es la del levantamiento del “cepo cambiario”.

Decisión que les cambió bastante la vida a todos los argentinos. A algunos para mejor, a otros todo lo contrario. Lo que ocurre siempre, con todas las decisiones.

Indagar un poco en las características del levantamiento del “cepo” y sus consecuencias a más de un año de consumado nos permitirá tener una opinión más acabada sobre el tópico, que el gobierno defiende a rajatabla como uno de sus mejores logros.

El levantamiento del “cepo” no fue otra cosa que la liberalización de una parte importante y básica del mercado financiero, tal es el comercio de moneda extranjera.
La decisión implicó una batería de decisiones conexas que derivaron en la unificación del valor del dólar en función del libre juego de oferta y demanda, apenas intervenido por el banco central en su rol aleatorio de comprador o vendedor.

La cuestión es que, entonces, lo que se desconstruyó es todo un entramado de límites y regulaciones asentados sobre la base de un esquema de prioridades de acceso a moneda extranjera, relacionadas (esas prioridades) con el tipo de actividad económica desarrollada y la incidencia que la operación tuviera sobre el proceso de formación de precios (principalmente de alimentos) y de competitividad industrial y comercial, lo cual determina secundariamente el nivel de empleo.

Liberar el mercado financiero, acorde a la desregulación en el tránsito de capitales que supone la globalización, significa básicamente permitir que procesos como la formación de precios de alimentos en el mercado interno y la generación o conservación de puestos de trabajo queden librados al accionar de factores ingobernables. La única prioridad la tiene el que tiene más plata.

El primer efecto de la salida del cepo fue una suba brutal de la cotización del dólar que se usaba para comerciar, o sea importar y exportar. A eso además se le sumó le eliminación de las retenciones (que operaban como un dólar diferenciado).
Los productores de materias primas para alimentos en Argentina dejaron de cobrar 7 pesos por cada dólar al que se cotizan sus toneladas de producción y pasaron a cobrar 15. Como el comprador no discrimina precio en relación a si lo exporta o lo usa para producir harinas o aceites que se consumen acá, el resultado fue un durísimo aumento de precios de los alimentos en general, muy por encima de la inercia inflacionaria.
40% aproximadamente fue el aumento general de precios según datos oficiales durante el 2016. Los alimentos superaron en varios puntos ese guarismo. Y algunos alimentos básicos, como el pan, superaron en varios puntos el promedio del total de alimentos, que ya superaba largamente el total de todos los precios, que superó largamente, a su vez, el promedio de aumentos salariales.

Pero, lo que para el sector comercial fue una devaluación, no tuvo el mismo efecto para el sector financiero, que operaba con una cotización cercana a 17 pesos o más, debido a las restricciones formales que encontraba (operaban con el dólar ilegal, conocido como “blue” y sacaban dólares del país a través del “contado con liqui”, práctica legal pero cara). La remisión de utilidades directa, de parte de empresas, estaba virtualmente prohibida.
El fin del cepo significó entonces, en el mismo movimiento, un encarecimiento de los productos importados y de los commodities exportables que utilizan al dólar como unidad de cuenta, pero un abaratamiento para el flujo de capitales financieros, que redundó en menos barreras para el ingreso de dólares financieros y un mejor acceso al mismo para fugarlo.

Así, las empresas y los millonarios que ganaban pesos en cantidad por ejemplo aumentando los precios de lo que venden por encima de los salarios que pagan, obtuvieron una ventaja adicional: conseguir dólares fácilmente y sin pedir permiso y a menor valor, para la “formación de activos externos”, es decir, llevárselos del país a través de transferencias a sus empresas off shore. Como decía Don Carlos, Tudo bem, tudo legal.

Claro que queda por definir una cuestión. Si la demanda de dólares aumenta (porque las empresas y los millonarios aprovechan estas condiciones especiales para la fuga) tiene que aumentar también la oferta, porque si no se produce una nueva devaluación (recordemos que el valor del dólar lo pone el libre juego de la oferta y la demanda). Las inversiones, si bien se incrementaron por operaciones financieras como compra de acciones, no tuvieron un crecimiento tan grande Las exportaciones, en un mundo en que el comercio mundial está estancado, tampoco.
Así es que, por ejemplo en lo que va del año, según datos del Banco central, el superávit comercial (la diferencia favorable entre exportaciones e importaciones) viene reduciéndose, al tiempo que por la salida vinculada al turismo, a seguros, fletes y transferencias de utilidades y remesas, ese superávit más que se compensa, dando un saldo apenas negativo de cuenta corriente.
Entonces, solamente queda la esperanza de que por cuenta financiera se den mayores ingresos que egresos.
Allí es cuando los liberales descubren el rol del estado. Esta entidad impersonal, que actúa por orden de “todos”, es capaz de pedir millonarias sumas de dólares (70 mil millones en 15 meses) prestadas. Para que los que quieran comprar dólares los tengan disponibles.
Así es que no solo la mayoría de los argentinos financió, con la reducción de sus ingresos, las ganancias de los sectores volcados a la producción primaria, sino que además se endeudó a 20 años, de manera meteórica, esta vez para financiar el abaratamiento de la fuga de divisas emprendida por grandes empresas patrocinadas por bancos internacionales que cobran monstruosas comisiones por desarrollar la ingeniería financiera.

Algunos de estos inconscientes financistas, los que tienen la suerte…perdón, la meritocracia, de cobrar salarios un poco más altos, tuvieron su retorno: compraron dólares fácilmente para irse de compras a Miami, Temuco o Río.
Así fue que la balanza turística, en lo que va del año, muestra la salida de más de 2000 millones de dólares de “nuestras reservas”. La parte de la clase media que queda por encima de la línea imaginaria que se traza con el ingreso familiar promedio, algo obtuvo a costa de hipotecar nuestras exportaciones futuras y convertirnos, como país, en demandantes perpetuos de crédito. Hablame de populismo después.

Evidentemente, hay grandes argumentos para sostener que la salida del “cepo” fue un éxito.
Nos insertó de nuevo en el mundo de las finanzas globales, ese ámbito tan apropiado para concentrar la acumulación de capital en cuentas bancarias de “países serios”, esos que regulan firmemente las conductas impropias de sus habitantes (como cortar calles) y que hacen lo contrario con los flujos de capitales generados por el trabajo de toda una población.
Y al mismo tiempo significó, casi secretamente, una transferencia brutal de ingresos del Padre Pepe a Jorge Brito, de Margarita Barrientos a Cargill. Y todo esto, con escaso conflicto social.
Cristiano Rattazzi (otro pobre perjudicado por el gobierno anterior, pero por meritocracia ya largamente compensado) tiene razón: le tendrían que hacer un monumento.