viernes, 18 de abril de 2014

La ortodoxia

Gracias a mi gran amigo Pablo llegué a este artículo de Aldo Ferrer, que se mete con cuestiones semánticas de las medidas que en materia económica está tomando el gobierno.
Discute sobre la cuestión de la ortodoxia de tales medidas, que es un concepto que se usa tanto para chicanear como para en algunos casos definir si se está de acuerdo o no con las medidas, tanto en lo que tiene que ver con la discusión pública de los acontecimientos como en el cierre de filas en relación a las mismas, al interior mismo del oficialismo.

Digamos, es una discusión no tanto económica sino de "relato". De cómo se vende el paquete de medidas. Si componen o no un conjunto coherente asimilable con lo que habitualmente se conoce como plan, o más ampliamente con esa palabra que el kirchnerismo se encargó de gastar instalando el hartazgo generalizado sobre el uso de la misma: un modelo.

Acá nunca le tuvimos mucho miedo a las palabras, de manera tal que la palabra ortodoxia fue pronunciada y repetida infinidad de veces, con la ingenuidad política de que puede ser inocuo decir tal o cual cosa.
Ferrer evidentemente no piensa así.
Sabe que el término "ortodoxo" aplicado a un conjunto de medidas económicas en función de adjetivo calificativo, puede implicar una directa descalificación en el plano ideológico. Una oportunidad por izquierda para restar plafón político a las decisiones.

Y entonces opera un juego semántico según el cual la asociación entre ortodoxia y neoliberalismo es tan estrecha que ambos conceptos se vuelven indivisibles. Ingenuamente, repito, nunca lo vimos de ese modo.
Cuando sugerimos un giro ortodoxo, primero como expresión de deseos, más tarde para justificar algunas medidas económicas no muy entusiastamente defendibles, lo hacíamos con la convicción de estar promoviendo un ordenamiento de las variables macroeconómicas que recuperara los pilares del funcionamiento de la economía en épocas de Néstor Kirchner, e incluso los primeros años del gobierno de Cristina, que lentamente se fueron deteriorando ante la pasividad de los distintos equipos económicos, cuando no las acciones desafortunadas (muchas medidas de Moreno, por ejemplo, hecha esta calificación una vez que tenemos la confirmación de que los resultados fueron negativos, cosa que no es del todo leal), hasta llegar a un grado de insostenibilidad que obligó a definitivamente girar de manera ortodoxa.

Ahora, este uso de la palabra ortodoxa, no implica la instauración de un modelo económico neoliberal, según el cual las tasas de interés sean positivas, la moneda se encuentre artificialmente sobreapreciada, las ventajas competitivas sean estáticas y no exista la posibilidad de intervenir subvirtiendo los designios de los mercados y de la división internacional del trabajo.

Por lo demás, el artículo de Ferrer tiene algunos tramos confusos, con alguna que otra equivocación en el uso de los términos.
Pero cuenta con una excelente aclaración: si entendemos por ortodoxo el modelo neoliberal que inspirado en el monetarismo se aplicó en casi todos los países del mundo en las últimas cuatro décadas, después de la decisión de los 70 de modificar los acuerdos de Bretton Woods y determinar la libre flotación de las monedas sin paridad fija con ningún metal, para permitir el libre flujo de capitales y que en Argentina vivió sus momentos de paroxismo con Martínez de Hoz y Cavallo, tenemos que decir que la devaluación que se profujo en el tipo de cambio y que tiene la motivación de recuperar competitividad para ciertos nichos productivos del sector industrial es disonante respecto de esa ortodoxia, según la cual la moneda debe estar sobreapreciada para permitir tasas de interés seductoras para los capitales financieros internacionales, al mismo tiempo que abarata el crédito externo, con lo cual terminamos en un esquema en que el ingreso neto de divisas por cuenta financiera compensa el egreso neto de divisas por balanza comercial, a partir de que nuestros productos exportables se encarecen, mientras se abaratan relativamente los importados, lo cual se conoce como pérdida de competitividad, que para la estructura productiva desequilibrada de la Argentina significa básicamente que muy pocas manufacturas básicas y la actividad agropecuaria solamente conservan competitiividad.

Estos dos modelos antagónicos de integración global son los que entraron en eclosión al final de la convertibilidad: la dolarización cavallista por un lado, la devaluación duhaldista por el otro.
Entonces, los ajustes al alza del tipo de cambio con el fin de devolver competitividad industrial, y con la mantención de tipos cambiarios diferenciales, a una economía que venía con varios años de apreciación cambiaria, no se inscribe dentro de lo que sería un modelo neoliberal.

Esto es independiente de los efectos distributivos de corto plazo, que no siempre se comportan armoniosamente con los de mediano plazo.
El punto está en que los mejores análisis son los que se despojan de las asociaciones de conceptos esquematizantes.

domingo, 6 de abril de 2014

Del Caño

Lucas Carrasco   pone a consideración de su público (al que pertenecemos) este video, en el cual el diputado mendocino del FIS interpela al Jefe de Gabinete Capitanich.


 Si bien las respuestas de Capitanich fueron bastante consistentes, tal vez le faltó decir que a juzgar por las plataformas electorales que presentaron históricamente los partidos que hoy componen el FIT, así como las reivindicaciones históricas y el asiento teórico sobre el cual las establecen, deberían estar en contra de la devaluación... pero por insuficiente.

Más allá de quiénes embolsen las transferencias (en el marco de una revolución socialista sería la burocracia estatal en control de la producción; en el sistema capitalista son las corporaciones privadas, propietarias del capital).
Porque, bah, no creo que ellos (los troskistas del FIT) avalen que Argentina se inserte en los circuitos comerciales y financieros del sistema capitalista a los fines de generar flujos de divisas que le permitan a las clases medias y altas tener disponibilidad sin racionalización exagerada de energía, comprar vehículos importados, viajar al exterior o atesorar dólares. La revolución socialista sin control de cambios, y por ende sin depreciación en términos internacionales de la retribución del trabajo no existe.

La clase trabajadora de la que hablan (los dirigentes del FIT) es una abstracción inquietante. Los trabajadores cuyos salarios supuestamente se deprecian porque las paritarias les cierran actualizaciones por debajo de la devaluación (supuestamente) son personas que toman bebidas alcohólicas importadas, que consumen combustibles con sus vehículos, que mandan a sus hijos a colegios privados y cuyas esposas se compran cosméticos importados. Etc. Al menos en un considerable número.

La socialización de los medios de producción sería un golpe muy duro para ese aproximado 60% de los asalariados que hoy disfrutan de standares de vida integrados a los que el capitalismo promueve.
Por ejemplo, los trabajadores petroleros, que aparentemente no habrían asesinado a Sayago. Hecho que sí ocurrió de todos modos. El asesinato de Sayago en medio de una protesta de petroleros, digo.
O los camioneros, o los bancarios, o el 80% de los docentes, o los ferroviarios, o los maquinistas, o los trabajadores del subte, etc., etc., etc.

Pero lo más curioso de lo planteado por Del Caño es que un diputado electo por el pueblo mendocino considere que es un tarifazo la quita de subsidios a los servicios públicos que significan un diferencial de tarifas favorable a los habitantes de capital y GBA, en detrimento de los del resto del país.

miércoles, 2 de abril de 2014

La vuelta, para pasar afectuosamente algunas facturas a quienes seguramente no les interesa o, peor, ni siquiera se sienten aludidos.

Las medidas que viene tomando el equipo económico son de corte ortodoxo.
Aumento brusco de las tasas de interés para administrar contractivamente los agregados monetarios. Con dos consabidas consecuencias en el plano doméstico: incremento de los plazos fijos (dinero de cuentas a la vista que se pasa a plazo fijo es un poco menos de liquidez general para el sistema) y caída del crédito al sector privado, sobre todo en el financiamiento del crédito para consumo, como es el caso de las tarjetas de crédito, o los descuentos de cheques (que es un indicador de actividad comercial más discreta).

La economía pasa del motor del consumo al del ahorro. Menos demanda agregada, más oferta agregada.

Los sinceramientos de las tarifas energéticas, por su parte, que tienen también dos consecuencias: por un lado, la contracción del consumo, en general y de energía en particular. No porque vaya a haber menor consumo energético, pero sí probablemente se aplane un poco la curva de crecimiento que venía bastante empinada.
Por el otro lado, la señal de darle cierto emprolijamiento para uno de los tubos por donde más libre, caudalosa y descontroladamente fluyen los fondos públicos que alimentan la actividad privada no siempre con criterio progresivo a la hora de distribuir: los subsidios económicos.

El círculo de cierra con el reacomodamiento de los posicionamientos externos, tendiente a proveer de los flujos financieros externos que nos permitan cerrar la brecha cambiaria para fin de año, poniendo énfasis en el desafío que se presentará a partir de agosto. Pero en líneas generales este tema viene bien encaminado y me animo a pronosticar que empezaremos el 2015 con un mercado cambiario más convencionalmente normalizado.

De estos simples elementos bosquejado a grosso modo podemos concluir con una sentencia que ya dijimos otras veces: la heterodoxia consiste en hacer lo que marca la ortodoxia, pero un poco después. Cuánto después es lo que define el volumen implicado en las decisiones.
Entonces, para no ser tan cínicos, podemos decir que ser heterodoxo es administrar los tiempos y los márgenes, retrasando o adelantando con intervenciones agresivas el cumplimiento de los designios de mercado, con el fin de aprovechar lo más posible esos márgenes de tiempo y recursos para modificar las condiciones iniciales (de dotación de recursos, de patrón distributivo). A mí me gusta más si esa administración se pone al servicio de evitar los shocks, y hacer todo lo más gradualmente posible.
En este sentido destaco mucho la intención del programa Precios cuidados, que puede dejar instalada definitivamente la necesidad social de fijar márgenes de rentabilidad intrasectoriales, para que éstos no dependan de la propia decisión individual del formador de precios de aprovechar al máximo las condiciones beneficiosas.

Lo que sí es seguro, es que más de uno de los que hoy defienden a capa y espada las medidas del tándem Capitanich-Kicillof-Fábrega hace unos dos años me acusaban de proponer las medidas del FMI, Cavallo, la dictadura, Martínez de Hoz, y la franc-masonería.
A todos ellos les mandamos un afectuoso saludo, aparte de un reconocimiento a la necesidad política de que existan ciertos elementos (perdón por despersonalizarlos así, estoy tratando de hacer sociología) que propicien los equilibrios políticos necesarios para que una sociedad funcione.


jueves, 27 de febrero de 2014

El patrón del mal

El concepto narcotráfico, por distintos motivos, ha invadido en los últimos tiempos diversos distritos de nuestra vida cotidiana. El último fue el del entretenimiento, de la mano del éxito de la serie a la que alude el nombre del presente post.
Los diarios nos señalan el avance del narcotráfico en nuestro país, los periodistas citan investigaciones, de las existentes y de las falsas, que concluyen que el país cada vez se integra en un rol más protagónico a un negocio de alcance global, los funcionarios oscilan entre las contradicciones propias y la enunciación de ideas no del todo moldeadas respecto de modificaciones en el aparato jurídico que nos liberen del "flagelo de la droga".
Estoy tentado de decir que así como la serie que emite canal 9 y la figura de Escobar Gaviría, la "problemática" de la droga y el narcotráfico en su nivel más grandilocuente es una moda. Una exageración totalmente temporal de un fenómeno existente, de un proceso dinámico de desarrollo de una actividad económica, que se diluirá en medio de un acostumbramiento generalizado a la presencia de un par de crímenes semanales en los policiales de los diarios y los noticieros.

Por eso, mejor tomar el tema desde alguna arista un poco más interesante, y menos relevante tal vez en el plazo más corto.
El asunto pasa por la ilegalidad del consumo de drogas. La arbitrariedad jurídica, la discrecionalidad legislativa ha dado que en este tiempo y espacio confluyan por un lado la prohibición del consumo (y como correlato, de la producción y la distribución) de determinados productos manufacturados de origen agrario por razones de salud pública e higiene social,al mismo tiempo que la vida social y la idiosincracia le otorgan cierto prestigio a los efectos de ese mismo consumo en algunos nichos o grupos sociales, lo cual deriva en un considerable grado de deseabilidad que en términos económicos constituye demanda, o sea, oportunidad de negocios.

De manera tal que las figuras más relevantes del narcotráfico son, en sentido estricto, empresarios exitosos que a fuerza de aprovechar estas condiciones favorables comandan multinacionales (clandestinas, lo cual sobrevalúa su éxito), que hábilmente abarcan el negocio en sentido vertical, y que cuentan con un margen de maniobra que les permite aumentar su rentabilidad a niveles escandalosos simplemente por el hecho de que la prohibición legal revalúa la administración de la dificultad y el riesgo de operar. Este detalle decisivo es el que hace que el ejercicio de la violencia y la impiedad para administrar reprimendas sea un rasgo diferenciador de estos sujetos, respecto de los empresarios de la legalidad que tienen un sentido menos desarrollado de la frontalidad.

Con los flujos de dinero surgidos de la renta extraordinaria los más hábiles de estos empresarios se juegan a hacer política. Intentan aprovechar espacios que por impericia el estado legal (que en el campo de los deseos se pretende omnipresente) deja vacantes, para extender redes de contención social, generar empleo (de dudosas condiciones, pero que a falta de algo mejor...) y satisfacer demandas sociales asociadas a factores materiales y simbólicos. Esta construcción política la llevan a cabo a los fines de torcer la correlación de fuerzas que define la continuidad del aparato jurídico.
El estado nacional burgués surgió más o menos de procesos similares. a partir de la utilización de los excedentes de actividades ilegales como el contrabando, para la construcción de proto-instituciones que fueron dando respuestas a los interrogantes que a los pobladores se les generaban a partir de las carencias que las instituciones formales no alcanzaban a paliar. 
En definitiva, un proceso al final del cual la mafia ilegal terminó por imponerse a la mafia legal, lo que por la correlación de fuerzas favorable le permitió establecer un nuevo orden jurídico sustituto del aparato jurídico que normaba la vida social hasta entonces, y que a partir de ese momento le daría legitimidad a las fuentes de acumulación de capital otrora ilegales.

Para neutralizar este potencial movimiento histórico la burguesía debería condescender a asimilar a estos empresarios con mala prensa, pero que así y todo no tienen nada que envidiarles en sentido moral a los "honorables" empresarios que tuvieron la aptitud biológica de heredar el "expertise" en negocios que la arbitrariedad histórica del estado no mantenía bajo prohibición estricta en ese momento.

Sería complicado, porque dificultosamente señores honrados como los Blaquier, los Roca o los Bulgheroni, así como los herederos de la señora Lacroze, se permitieran compartir cenas de camaradería con personajes de tan dudosa moralidad como el efímeramente famoso Mameluco u otros pobladores de countries de la zona norte. 

En estos pormenores se juega el futuro de la legalización de la producción y comercialización de drogas. Aunque lamentablemente, la escasa capacidad de las burguesías de darse una visión de largo plazo, de supervivencia de clase puede terminar dejando sin conducción eficiente al ineludible proceso.

sábado, 1 de febrero de 2014

Argentina, productor de alimentos

La situación cambiaria ha llevado a establecer un relato que busca cargar con culpabilidades cruzadas a distintos agentes del funcionamiento del esquema socioeconómico. Por un lado las deficientes políticas económicas, por otro lado, las maniobras especulativas de grupos poderosos.
En este último elemento sobresalen las acusaciones contra productores agropecuarios por no vender la soja que acumulan en silobolsas, pero también contra cerealeras, responsables de la liquidación de divisas fruto de la exportación.

Esto está más o menos asumido por todos, y lo que diferencia las versiones es el tono de la explicación. Mientras los productores sostienen que la no venta es una estrategia tendiente a resguardar capital en un contexto de licuación de activos monetarios y fortalecimiento de la valuación de las divisas en que se cotiza su mercancía, otros resaltan que esas conductas sustraen de la oferta las divisas necesarias como para que no se produzcan esas presiones por lo cual el efecto logrado sería la consecuencia de un comportamiento especulativo de parte de entidades con capacidad de infringir daños a la economía con la sola retracción de su accionar.

En cualquiera de los casos, está implícita la aceptación de que tanto la venta por parte de productores como la liquidación por parte de exportadores le devolvería solvencia al esquema cambiario actual. Toso quedaría solucionado mejorando las expectativas, más que la economía real, de algunos actores de peso.

Frente a esto, comenzó a hacerse ver una propuesta vaga de nueva intervención estatal en el mercado de comercialización de materias primas agropecuarias, que van desde la reedición de las Juntas de granos, o del IAPI, llegando a la estatización completa bajo monopolio estatal del comercio exterior.

La realidad muestra que se trata de cosas muy distintas, e incluso inconciliables. Y da la sensación de tratarse de reacciones espasmódicas para correr atrás de problemas que surgen de forma coyuntural, sin atacar las bases subyacentes que en potencia albergan estos problemas en situaciones críticas que se desatan básicamente por cuestiones de expectativas. De hecho, el gran problema de la economía argentina hoy surge de problemas en el manejo de las expectativas que se trasladan a la economía real a través de la modificación de las conductas individuales que provoca esa alteración de las expectativas, esa disociación de las mismas respecto de la situación presente (lo que decíamos: por qué los productores no venden, o por qué los tenedoresde los 120 mil millones de dólares fuera del sistema no los vuelcan al mismo).

El capitalismo actual es un sistema que está productivamente integrado de forma global, y que también tiene un grado muy alto de integración en la fase financiera, al tiempo que la economía productiva y los flujos financieros globales también tienen un nivel de amalgamamiento tan grande que los vuelve cuestiones básicamente indisolubles en los hechos prácticos. Modificaciones en uno de estos compartimentos teóricos, derivan en consecuencias para todos los otros.

Hecho este reconocimiento, pasamos al principal impedimento que encontramos en la economía nacional para la emergencia de visiones maximalistas: no hay sujeto social.
El funcionamiento de la economía argentina, y a su vez el nivel de vida y consumo, incluso de buena parte de su clase trabajadora está tan sumamente vinculado al grado de inserción de la Argentina en los procesos de circulación de flujos financieros globales, que las medidas de shock tendientes a modificar esa inserción terminan siendo resistidas por los mismos sujetos cuyos teóricos intereses se intenta salvaguardar. El error de diagnóstico es fabuloso.

Pensar, como Altamira, que la decisión de reconocer una indemnización a Repsol, pagar las sentencias negativas ante el CIADI o cancelar la deuda con el Club de Paris, pueda atarse como contracara y por ende manifestar una alternativa binaria de consulta a los "trabajadores" y los "jubilados" sobre qué prefieren: si pagar esos compromisos o aumentar sus salarios, es por lo menos una ingenuidad, pero a la vez asociada a una fantasía extravagante.

La salida lisa y llana de Argentina de los circuitos financieros (a los que hoy se vincula conflictivamente) no derivaría jamás en una mejora general de los niveles de vida y consumo de nuestras clases medias, trabajadoras y bajas, sino todo lo contrario. Las revoluciones socialistas se hicieron sobre la base de tremendas reducciones de salarios si los medimos en poder de compra a nivel mundial, y esto es una experiencia histórica innegable: los trabajadores de China, Cuba, Europa del Este y Corea del Norte sabrán muy bien que les tocó padecer una devaluación tremenda de la retribución del uso de su fuerza laboral, al punto que se los obligó a perder contacto absoluto con el mundo capitalista a fin de que no se dieran el lujo de desear aquello que no podrían consumir ni producir en una sociedad cuyas empresas productivas se hallaban bajo control obrero.
El comunismo fue el máximo devaluador de la historia de la humanidad.

Estas consideraciones apuradas tienen por objeto prevenirnos sobre determinadas soluciones mágicas que vienen de la mano de la enajenación absoluta respecto de lo que es la realidad cotidiana. Una Argentina sin inserción en los circuitos de flujo de bienes y dinero globales es una Argentina con faltante de combustibles, sin tecnología para mejorar su productividad, sin divisas para atesoramiento, con deficiencias de suministro energético, con deterioro en sus niveles de productividad, con probable prohibición lisa y llana de concretar viajes al exterior por parte de las clases medias y medias bajas, con faltantes de productos desde tornillos hasta medicamentos... Muchas de las cosas que parcialmente nos ocurren hoy, seguramente muy potenciadas.

Y en el caso del comercio exterior, hay algo parecido a esto en lo que podemos pensar. Parte de las divisas que las grandes cerealeras hoy nos pueden sustraer a través de triangulaciones, subfacturaciones o especulaciones variadas, y que la nacionalización del comercio exterior intentaría recuperar, podrían terminar faltándonos en otros conceptos, si la conformación de un monopolio estatal para el rubro se concreta: en falta de financiamiento para la incorporación de tecnología, en encarecimiento de los fletes marítimos y los seguros, en retracción de inversiones en tecnología que terminarían empeorando la productividad. En fin, digamos, la recuperación de 10 mil millones de dólares por un lado, te puede hacer perder otros tantos por otro.
Y digamos algo más, no hay un problema serio vinculado a la deficiente asignación que el mercado hace de los recursos que aporta la producción agropecuaria. El problema pasa por otro lado: por la obtención de divisas. Nacionalizar el comercio exterior aportaría más divisas? Mmmmm.
Aparte, más que constituirse en un incentivo para la venta para los productores que ahorran en soja, probablemente ocurriría lo contrario, y hasta dejarían de sembrar.

Por lo tanto, antes de tomar decisiones, repito, espasmódicas, es preciso evaluar concretamente qué se quiere lograr con las medidas a tomar.

Desde una visión de largo plazo, soy partidario absoluto de que el Estado participe en la economía, adaptándose todo lo posible a sus estructuras de funcionamiento. En el caso de la producción de materias primas para alimentos hay una necesidad imperiosa de considerar la actividad como estratégica para el desarrollo del país.

Pero en lugar de pensar en monopolizar, o en ficticias capturas de rentas para hacer no sé qué cosas, esto debería derivar en la conformación de una empresa estatal que integre verticalmente toda la cadena de alimentos, y que tenga el espíritu de intervenir en operaciones pero con el fin de alentar la producción, el agregado de valor y mejorar la estructura de costos. Necesitamos una empresa estatal de alimentos que se encargue de la producción, de la logística, que participe en el mercado exportador, que se capitalice con aportes de pequeños y medianos ahorristas, canalizando ahorros sueltos a la conformación de capital, que permita la participación en una parte importante de su capital accionario de cooperativas de productores, que desarrolle infraestructura para almacenamiento y transporte, que construya silos, administre terminales portuarias, tenga containers propios y compre barcos mercantes, que tenga una flota de transporte y centros de distribución para acercar alimentos a los centros de consumo, y que a partir de regular sus propios precios y sus márgenes de rentabilidad, pueda influir en la formación de los del resto de los operadores de los mismos mercados, una empresa que pueda hacer clasificación por calidad de granos,  que pueda brindarles estructura de cartelización a empresas chicas para sus compras de insumos de modo de acomodarles mejor los precios y por ende el acceso a los mismos, etc., etc., etc.
Una YPF de alimentos. Una sociedad anónima con control de la mayoría accionaria por parte del estado.
Algo muy distinto del IAPI, de la Junta Nacional de Granos, o del monopolio estatal sobre el comercio exterior.

domingo, 26 de enero de 2014

Dólar y especulación financiera

El problema cambiario en Argentina se expresa eminentemente en un elemento: la cotización del dólar blú.
Esa cotización consiguió instalarse y administrar las expectativas devaluatorias.
Se trata, sin embargo, de un mercado chico. Su influencia es más simbólica que real. Pero en el manejo de las expectativas que consigue alinear provoca efectos que alteran el comportamiento real de muchas variables.

El equipo económico (incluyo a Capitanich), más allá de las descalificaciones que públicamente hacen de este mercado ilegal, sabe bien que la brecha entre la cotización oficial y la paralela es altamente nociva. Y dispusieron de una serie de medidas e instrumentos tendientes a eliminar ese mercado y esa cotización ahogando la demanda, o sea, intentando canalizar los pesos que se vuelcan a esas compras de dólares ilegales hacia otras inversiones sustitutas. Hasta ahora todo fue infructuoso.

Para saber por qué, conviene hacer consideraciones sobre las características propias de este mercado, y puntualmente el carácter de esa demanda.
Entonces descubrimos que se trata de un mercado que impone una cotización, alinea expectativas con ella, y esas funciones exceden en mucho la importancia proporcional en cuanto a volumen de sus operaciones.
Es una especie de lobby, digamos. Un mercado eminentemente especulativo, reducido, con jugadores cartelizados de un modo novedoso podemos sospechar: demanda y oferta es motorizada por los mismos actores. Se compran a sí mismos, se venden a sí mismos. Eso es lo que puede sospecharse.

Por el lado de la oferta se vuelca a este mercado billetes obtenidos por vía legal, en operaciones financieras o comerciales que se sustraen de la formal liquidación de divisas.
Por ejemplo, si hago una exportación puedo liquidar las divisas cobradas obligatoriamente en un plazo de 100 días. Tengo tiempo para bicicletear.
Puedo hacerme de dólar bolsa arbitrando títulos (operatoria que Moreno había prohibido y el actual equipo restituyó con el fin de ponerle un sustituto al blú y absorberle la demanda) y venderlos en el paralelo.
Y así otras operaciones. Cortar este flujo sería peor. Si se tapa la oferta, la cotización vuela.
Por el lado de la demanda, lo que se canalizan son pesos: jugadores con capacidad de acumulación de pesos que básicamente los ponen a circular: compran a 9, venden a 9,50, vuelven a comprar a 10, venden a 10, 50. Y van dando vueltas al circuito con la bici trasladando expectativas de devaluación del oficial, y forzando prácticamente la misma, ya que lógicamente la autoridad monetaria va a tener que verse forzada a evitar que se amplíe la brecha (y junto con ella los problemas).

De manera que podemos establecer una operación en círculo reducido que propende a la especulación para disciplinar a la parte gruesa del mercado.
Ahora, qué buscan estos actores? Más devaluación? La devaluación del oficial tiene un límite en el aspecto real de la economía. A determinada cotización, liberás el mercado y ya no hay margen para nuevas subas, más allá de algún movimiento de corto plazo provocado por la afluencia extraordinaria de demanda previamente contenida. Y por ahí estemos cerca de ese punto, aunque es muy difícil saberlo. Las decisiones en materia económica siempre tienen algo de juego de tahúres.

El disciplinamiento que está buscando el mercado paralelo no es de una cotización de dólar oficial más alto, sino de las tasas de interés. Buscan, esos acumuladores de pesos, tasas de interés que superen la tasa de devaluación esperada.
Si la respuesta oficial pasa simplemente por dejar correr el dólar al alza, no va a haber techo. Porque los movimientos ascendentes del blú no están buscando techo al dólar, sino piso a las tasas de interés.

Lógicamente todo este análisis responde a la búsqueda de respuestas en torno al proceso de acumulación de capital. Y se desentiende a drede de los efectos en los ingresos fijos en pesos y las transferencias estatales de este proceso, sobre los cuales ya hablamos muchas veces, y ratificamos lo dicho entonces.

viernes, 24 de enero de 2014

Y no aguantamos

Las presiones sobre el valor del dólar no cedieron. Incluso en los últimos días se intensificaron.
No bastó la convalidación de una suba de tasas de interés (tasa interbancaria a 15%) ni las ventas de bonos ni la apertura de operaciones con bonos en dólares para vender dólares más baratos que el blú a los potenciales demandantes.
No llegaron las liquidaciones prometidas, siguió el goteo y la brecha entre el oficial (sin recargo) y el blú se estabilizó en el 70%.

Entonces, se terminó convalidando una suba brusca del tipo de cambio, y ahora se anuncia la apertura del cepo (que veremos cómo se opera).
Es absolutamente riesgosa la maniobra.
Es casi cantado un efecto "over shooting". Con la apertura de las ventas, el dólar oficial podrá pegar otro salto en su cotización, para después, en jornadas posteriores ir encontrando un equilibrio levemente más bajo. Hoy, 7,50 parece poco. Y 8,50, demasiado.
Pero la incógnita es que nivel de demanda se puede llegar a observar a partir de la apertura del lunes. Consejo para ahorristas, no sumarse acríticamente a la marea, y no convalidar valores exorbitantes. Todo lo que sube de golpe, al rato baja.

La licuación de los activos en pesos es un hecho. La licuación de salarios y transferencias estatales, también. Y un reacomodamiento de precios en favor de los transables y en contra de los no transables, si bien en parte estaba descontado por el comportamiento del dólar ilegal, es  perfectamente previsible.

La doctrina del ajuste selectivo por cantidades fracasó. Y entonces se ajusta por precio. Como marca la tradición.
Ahora, todos los que promovían una devaluación como solución a nuestros males le van a empezar a encontrar todos los defectos a la receta.
Y quienes se oponían férreamente a devaluar van a hablar de tipo de cambio competitivo que favorece las exportaciones y desalienta las importaciones.
Siempre ganan los mismos, siempre pierden los mismos. Y el resto es relato.
Si hasta todos decimos más o menos lo mismo de distinta forma, con distintos énfasis y cambiando apenas algunas circunstancias.