viernes, 26 de septiembre de 2014

Los dólares para los importadores

Volvemos a tratar el tema de la operación de El Cronista (con colaboración), difundida por el titular de la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA).

La previsión, bajo la forma de denuncia, consistía en que se estaba por tomar una decisión en el marco de cierta para-institucionalidad que afectaría el desempeño de las importaciones.

El BCRA les notificaría a los importadores (y no sabemos cuál sería el mecanismo para la notificación, por eso hablamos de para-institucionalidad, porque una notificación no tiene fuerza de ley ni carácter formal) que les cerraría el acceso a dólares, motivo por el cual deberían conseguirlos a través de operaciones financieras informales que marcan una cotización implícita para el dólar mucho más elevada que la que oficialmente se transa en el Mercado Único Líbre de Cambios (MULC) que es la instancia a través de la cual los importadores se hacen de los dólares que les permiten pagar sus compras al exterior.

Cerrarle la canilla del MULC al sector importador en su conjunto y derivarlo a la compra de dólares por canales alternativos como son el Contado con liquidación, el Dólar Bolsa o directamente ilegales como el blue sería una maniobra a la cual es difícil encontrarle la racionalidad.
El contado con liqui, el dólar bolsa y el blue son mercados paralelos de dólar que atienden a requisitorias de tipo financiero: resguardo de la reserva de valor (ahorro de personas físicas), dolarización de excedentes, remisión de utilidades. Digamos, cuando por cuestiones de escasez el MULC se cierra a este tipo de operaciones estos mercados se valorizan, se aumenta la brecha entre la cotización oficial y la implícita de los tipos de dólar financiero, y los que quieren operar dólares para fines financieros lo tienen que pagar más.
Lo que ocurre de hecho es un desdoblamiento cambiario, que procede en la siguiente forma: se prioriza el acceso a dólares de tipo comercial para que eso no incida en los precios a un tipo más bajo, y se manda a todos aquellos que quieren dolarizar sus ganancias, remitirlas al exterior o eventualmente hacer algún consumo considerado suntuario a que consigan esos dólares a un precio más alto. En otras palabras, se le subsidian los dólares a los importadores.

Mandar a los importadores a comprar dólares por esta vía para la cancelación de obligaciones sería bastante irracional. Bah, en realidad, no tendría demasiado sentido hacerlo, ya que fijaría los precios internos a una relación compatible con la cotización de dólar informal, pero sin brindar los incentivos para la exportación o la sustitución de importaciones que brinda una devaluación hecha y derecha.
O sea, sería como devaluar para los salarios argentinos, pero no para los exportadores, con lo cual además no se absorbería una buena cantidad de pesos excedentes que irían a seguir alimentando la dolarización y por ende presionando sobre el tipo de cambio financiero (y ahora importador).

Una medida como esa sería obviamente resistida por importadores. Pero no aportaría demasiada ganancia para nadie. Para hacer algo así, mejor devaluar directamente y chau. Si es el mismo quilombo.
De manera que lo único que puede pensar uno cuando sale a circular una versión como esa es que los que la alientan están presionando para que se devalúe la moneda.
Uno puede pensar que la CIRA, en ese caso, conspiraría contra sus propios intereses, porque una devaluación tan brusca deprimiría al sector importador. Por ahí ya tienen descontado el costo, y lo que buscan es que los liberen de trabas administrativas.
De ser así, una devaluación sería bastante más inocua de lo que son las devaluaciones en general, no porque no pase nada sino porque los costos ya nos los habrían hecho pagar por anticipado.

jueves, 25 de septiembre de 2014

La maniobra desestabilizadora de El Cronista, y la cobertura de la CIRA para asegurarse dólares baratos.

Contra las previsiones que habíamos hecho hace algún tiempo acá, las restricciones cambiarias continúan en la Argentina y se prolongarán a lo largo de todo este año y los primeros meses del próximo.

La falla predictiva está vinculada, entendemos, a un hecho que no estaba en los cálculos. El fallo Griesa. Esa sanción que parte de la comunidad internacional ejerció contra la Argentina, por haberse embarcado en un proceso de alivianamiento del peso de su deuda externa para conseguir un mayor margen de autonomía en las decisiones respecto de los vaivenes del sistema financiero internacional.
Si bien no puede decirse que el proceso fracasó, sí hay que aceptar que se presentaron una serie de complicaciones que colocan al Gobierno en una situación difícil a la hora de explicar cuáles son los beneficios de haber tomado tales decisiones.

Lo que ocurre desde hace algún tiempo es que el crecimiento de la economía argentina de estos últimos años, hasta aquí operado con prescindencia del ingreso de dólares por vía financiera, se vuelve más dependiente del financiamiento externo en divisas, de modo tal que tal prescindencia se hace insostenible si se quiere mantener tal grado de crecimiento y todo lo que trae aparejado: volúmenes de exportación, complejización productiva, nivel de empleo, poder adquisitivo del salario, transferencias del sector público, nivel de vida de las clases medias, acceso a bienes importados y a insumos productivos tanto para el abasto del mercado interno como para la exportación de bienes de producción más compleja, diversificación de la producción, remisión de utilidades al exterior por parte de empresas, dolarización de excedentes por parte de los ganadores del proceso de acumulación, resguardo en divisas de todo el sector rentístico, etc.

La idea del gobierno era ir arreglando los diversos conflictos en el frente externo, algunos resabios de la crisis de 2002 para normalizar el canal de ingreso de divisas, por acción tanto del sector público como del sector privado.
Esto era básicamente, que los dólares que salían indefectiblemente a partir de los pagos de deuda se ingresaran por las diversas vías de endeudamiento (deuda directa o inversiones de carácter financiero) de modo que la cuenta financiera quedara en una suerte de equilibrio y no se volcaran todos los dólares que aporta la balanza comercial con su superávit al cumplimiento de vencimientos externos, porque en el desequilibrio actual eso ocasionaba pérdida de reservas.
Pagar deuda con reservas era pagar deuda con los dólares de la soja. Ese círculo cierra cada vez más con un diámetro menor, espiralizando un proceso de caída de reservas que da mayor vulnerabilidad, y que mete presiones fuertes hacia la devaluación de la moneda.
La solución de todo este asunto por la vía ortodoxa fue abortada por Griesa y su fallo condenatorio de un accionar político que intentó la recuperación de palancas decisiorias.

En ese marco, ayer se conoció la operación evidentemente desestabilizante de El Cronista Comercial y la Cámara de Importadores. Una operación tremendamente impudorosa y evidente, alertando sobre un supuesto cierre de la venta de dólares a importadores que iban a tener que recurrir a otras vías para conseguir los dólares para pagar y cancelar sus importaciones, como el dólar MEP o Bolsa, el Contado con liquidación o el blue. Hubo otros participantes de la operación además. Ponele que no se dieron cuenta, los forrearon, digamos. Hoy estamos buenos.
Lo curioso es que el señor Ponce, de la CIRA (que supongo que habrá participado con el fin de darle publicidad a un supuesto hecho para que se arme quilombo por anticipado y de ese modo neutralizarlo, de manera de poder seguir consiguinedo dólares baratos para la importación) anda defendiendo su postura con la siguiente excusa: existía el run-run de que iba a pasar eso (que los importadores fueran remitidos a buscar dólares a mercados informales), ya que los mismos bancos se lo comentaban a los operadores como algo que inminentemente iba a ocurrir.

Yo no dudo de que lo que dice Ponce sea cierto. Pero es una declaración explosiva respecto del accionar de las empresas del sector financiero. O sea, instaron de manera alevosa a que los importadores engrosaran la demanda de bonos nominados en dólares, para hacerles subir la cotización, para que la cotización implícita del contado con liqui aumentara, la del dólar bolsa también, esto se trasladara al blue y se encadenaran una serie de hechos que derivan directamente en mayores presiones devaluatorias a partir de que se agrandan las brechas que se había conseguido acortar en la primera mitad del año (disgresión: la brecha que a mí me parece que hay que mirar más es la que se abre entre el blue y el dólar turístico, o sea el oficial más el 35% que se recarga en la tarjeta de crédito; esa estaba casi cerrada y ahora se abrió nuevamente; el porcentaje de aumento que cierre esa brecha es lo que "el mercado" le pide al Gobierno que consienta como devaluación).

Estas maniobras especulativas son las que según la óptica de donde se las mire se mencionan como golpes de mercado. Los actores con mayor poder de acumulación de excedentes operan en condiciones ventajosas para valerse de las debilidades y avanzar sobre los ingresos de otros sectores que queden desprotegidos.
Está medianamente legitimado este accionar, así que no lloren por favor cuando se hable de complot, de desestabilización, etc.
Intentan continuamente engrosar ganancias, descubriendo debilidades y asaltando los bolsillos del resto de los sectores. Mirando más fino, toda esta suerte de interrelaciones es una guerra despiadada por la apropiación de excedentes. El Gobierno que no sufre coletazos de esta guerra es porque habilita que se engrosen desproporcionadamente los excedentes de los más excedentarios. Cualquier distorsión que se provoca en ese proceso asumido como natural causa crispación.

jueves, 21 de agosto de 2014

Cambio

Con el anuncio de Cristina de proponer una alternativa a los bonistas que participaron de la reestructuración de deuda argentina post-default 2001, para que puedan cobrar a pesar del mamarracho de Griesa, que es embargo pero no embarga, es bloqueo pero bloquea a medias y es permanente pero tiene multiples excepciones, finalmente Argentina empieza a irse de Nueva York, en una decisión verdaderamente histórica.
El oficialismo es la única fuerza política con capacidad para entender el alcance histórico real del conflicto con los buitres por la deuda externa.
Los demás piensan el mundo con los libros de hace 30 años, son incapaces de imaginarse algo distinto.
El gobierno en cambio decidió que Argentina sea vanguardia en los cambios de correlación de fuerzas y relaciones de poder entre las naciones que se darán en el mundo de acá a los próximos 50 años, y decidió asumir un rol activo en ese proceso.
No está garantizado el éxito, puede salir mal. Pero haciendole caso a Griesa estaría garantizado el fracaso y la humillación. Así no.

Es una apuesta a una posbilidad abierta. A determinado patrón de acumulación le corresponde un sistema financiero con centro en los lugares donde se acumulan los excedentes, que promueve los flujos que fortalecen ese patrón de acumulación. Cuando ese patrón de acumulación empìeza a modificarse por el desarrollo histórico de fuerzas productivas y como en este caso emergen naciones con capacidad de acumular excedentes de producción considerables se puede pensar en modificaciones similares en el sistema financiero para volverse funcional a esos nuevos patrones de acumulación, con nuevos centros. La idea de Argentina es aportar a la conformación de ese proceso. Que no es algo que está pre-definidio. Hay que construirlo. Hay que hablar con Rusia, con China, con el resto de Sudamérica, hay que capitalizar nuevas entidades de crédito internacional, hay que convencer de las potencialidades de la inversión en Argentina, hay que incluir a África y desarrollar también sus potencialidades, y todo esto hay que hacerlo sin perder de vista la necesidad de establecer criterios proteccionistas para no cambiar de potencia que nos colonice. Es dificilísimo y durísimo. Pero muchas otras no hay.

Es cierto esto que dice el ex-vice ministro de Cavallo, Sturzenegger. Con el nuevo canje, se abre la posibilidad de que no se rescate la totalidad de los bonos y algunos queden dando vueltas para ser aprovechados por vivos que los compren por chaucha y palitos y después litiguen.
El tema es que esos litigios quedarán circunscriptos a la plaza de Nueva York. Y es visible como otras plazas (Londres, Luxemburgo) están legislando para evitar que les ocurran ahí casos como el actual de Argentina.
Esa es la jugada trascendente en materia histórica del canje propuesto por Argentina.
Y lo que decíamos sobre los dirigentes opositores que no pueden pensar el mundo más allá de la matriz inoculada en 30 años de bibliografía obsoleta queda fielmente demostrado en estas declaraciones de Sturzenegger.

domingo, 3 de agosto de 2014

La Historia

La dinámica de los acontecimientos (que cuando pecamos de un exceso conceptual ordenamos bajo el nombre de Historia) es un proceso dialéctico de orden y rupturas.
La gastada metáfora de la foto y la película puede ayudarnos a figurárnoslo. En la foto (estática) hay un orden. El desarrollo de la película está cargado de elementos de ruptura, dada la imposibilidad de mantenernos estáticos. Sin embargo, ciertas fuerzas o pulsiones de supervivencia tienden a la instauración del equilibrio que configura el orden.
Esa es la dialéctica de los acontecimientos. Una ruptura del orden para la configuración continua de nuevos órdenes no tan distintos del anterior. Una sucesión de equilibrios operados sobre la base de la contención de los daños operados por los movimientos disruptivos de los entes individuales.

Estos procesos exceden en mucho a las voluntades individuales, que son apenas un elementos más, tal vez menor, de todo este complejísimo entramado de fuerzas interactuantes.

Por esa misma dinámica a Argentina (más allá de la voluntad de los funcionarios y los habitantes en general) le toca un rol inesperadamente estelar en estos tiempos. El de constituirse en vanguardia de la reconfiguración del orden financiero mundial. Es de desear que sepamos asumir ese rol con la altura, la responsabilidad, pero también con la desfachatez disruptiva que la situación amerita.

Hay que irse de Nueva York, hay que litigar internacionalmente contra ese fallo excesivo, claramente sancionatorio de las decisiones políticas de la Argentina.
Y hay que saber pagar los costos de las decisiones, que de todas formas habría que pagar.
En el caso menos salvaje, es dable pensar que se opere un cambio en la correlación de fuerzas internas en EEUU, que hoy por hoy nos es desfavorable tal como lo demuestra el fallo Griesa.
Y si no, hay que jugar las cartas que nos tocaron.


viernes, 1 de agosto de 2014

El "defol"

Independientemente de las consideraciones que podamos hacer, la situación argentina a partir del fallo de Griesa y del no acatamiento del mismo es de default parcial.
Uno puede entender la declaración política de Cristina diciendo que hay que inventar otra palabra.
Es cierto, hay una situación inédita y bastante difícil de entender. Un grupo importante de acreedores se ven impedidos de cobrar lo que el deudor pagó, no por un embargo sino por un bloqueo que deja la plata en el limbo, sin posibilidad siquiera de que sea devuelta al deudor al que se le impide honrar su compromiso.
Ya dijimos que el fallo de Griesa tiene unas implicancias exageradas que superan en mucho el análisis del caso tratado, y que se mete en consideraciones de carácter económico y político generales. Tira para atrás la reestructuración de deuda del 2005. Inventa una reestructuración al revés. Considera que el proceso exitoso de desendeudamiento de la Argentina debe ser abolido.
Y hay que decir que esto contó con la anuencia de la Corte Suprema norteamericana que decidió no intervenir y dejar que Griesa armara este quilombo.

Pero decíamos que más allá de que queramos o no llamarlo default como modo de influir en los flujos discursivos que en los ámbitos del lobby y la política internacional se desarrollan, la realidad indica que por decisión de los actores involucrados en los hechos, las consecuencias para Argentina, en términos reales, serán las de un default parcial.
Esto incluye: pérdida de valor de algunos activos, como los papeles que representan el capital de las empresas argentinas, como los ADR, las acciones, bonos, títulos de deuda, etc. Originada por un factor: limitación a la posibilidad de conseguir financiamiento, que se traduce básicamente en la retracción de los inversores que abandonarían posiciones (venden). Esto deriva en consecuencias para la incorporación de capital y el desarrollo de procesos de inversión de dichas empresas o del mismo estado.
Puede generarse alguna modificación en la composición orgánica del capital argentino, con mayor relevancia de la intensividad de la mano de obra, debido a la dificultad para la incorporación de tecnología y el desarrollo de complejidad. Pérdida de productividad en el mediano plazo y consiguiente deterioro del poder de compra de los ingresos en pesos, medido en valores internacionales.
Básicamente, hablaríamos de presiones devaluatorias para acondicionar la nominalidad de la economía argentina a la nueva situación real en la que se cierra un flujo significativo de ingreso de divisas.
La situación no será crítica como la del 2001 ni por asomo, pero sí habrá una consolidación de la tendencia restrictiva de estos últimos años que venía revirtiéndose en este último tiempo.

Esas consecuencias me parece que son inevitables, aún cuando Argentina ponga toda la buena voluntad de ahora en más para resolver el tema. Lo que quedó en evidencia en todo este proceso es que Griesa (reitero, con anuencia de la Corte Suprema) sanciona el proceso exitoso de desendeudamiento. Y la decisión de sancionar ya está tomada y es irreversible. Cuanto más se ceda, más rigor nos harán sentir.

Creo que el camino entonces es el de asumir las complicaciones. Doloroso camino, consistente en hacernos a la idea de que la plaza neoyorquina es una plaza cerrada para nosotros definitivamente.
Hay que mudarse, hay que irse. Negociar con los acreedores una reestructuración en otra jurisdicción y retirarnos definitivamente del centro financiero del mundo. Con la lamentable destrucción de riqueza que eso implica.
Pero es que eso es lo que dispone el fallo de Griesa, en parte. Que Argentina sea sancionada. Bueno, asumamos la sanción, paguemos los costos. Y que a los buitres les pague Dios.
Ir indagando caminos alternativos para el desarrollo de nuestras fuerzas productivas, de la mano de Rusia y China. No es soplar y hacer botellas, no es color de rosa, no estamos exentos de tener disputas severas por el usufructo de nuestras riquezas, y no sería lógico bajar la guardia a la hora de negociar.
Pero no es algo que hayamos elegido. Lo eligieron por nosotros.
Lógicamente, siempre habrá personas que ante tal postura se preocuparán por la complejidad del trámite para sacar la visa para ir a EEUU. Y bueno, la vida es así.

miércoles, 2 de julio de 2014

El Mejor

Soy un adulto devenido de uno de esos chicos a los que el primer regalo grande que le hacían (siempre y cuando sus padres o sus tíos tuvieran la suerte de poder hacerlo) era una número 5. La de los gajos pentagonales a dos colores, preferentemente los del club del que eras hincha.

Si es que ya habías elegido de qué cuadro hacerte hincha.
En la Capital, proliferaban las pelotas blancas y rojas, o azules y amarillas. La azul y blanca que quería yo era más dificil de conseguir.

Muchos de los chicos de esa generación, no teníamos forma de no hacernos futboleros.
No conocíamos otra diversión que jugar a la pelota. En los recreos en el patio del colegio, en las calles empedradas (en las asfaltadas el tráfico ya era demasiado abundante), en las plazas, en los campitos (que algunos había) o en el club de barrio.
No quiero sobredimensionar aquello tampoco. Éramos chicos más o menos como los de ahora. No soy ni tan viejo choto ni tan obtuso como para afirmar que aquella infancia era "más feliz".

Lo que sí es cierto es que la diversidad de nuestros juguetes (esta industria ya tenía cierta pujanza, debido a que absorbía gran parte del plástico disponible, residuo de la explotación petrolera, para la confección de boludeces) tendía a opacarse tras la pelota. Que podía ser de goma, una pulpo, la mencionada número 5 de cuero, o un bollo de papel que si se podía envolver en una media era mejor.
El gusto por el futbol era un destino, tal vez una obligación para muchos de nosotros.

Para el Mundial 86 rondábamos los 10 años. Una vez campeones, Maradona era, para nosotros, más que Batman, más que el Hombre araña (al que todavía no se lo conocía como Spaiderman).
Esa carga emotiva nos acompañó casi invariablemente a lo largo de nuestra vida.

Digo todo esto con el fin de graficar la dimensión de mi afirmación siguiente:
Messi es el futbolista más extraordinariamente talentoso que pueda existir.
Es el mejor de todos.
Es incluso mejor que ese superhéroe llamado Diego Maradona que era más que Batman.

Por supuesto, no sirve de nada si no lo termina plasmando en un Mundial, ganando ese Mundial. Ojalá lo pueda hacer porque sería no solamente una alegría deportiva sino un acto de justicia histórica.

viernes, 20 de junio de 2014

El fallo de Griesa: nuestro paso al socialismo

El fallo de Griesa, ya lo habíamos dicho en algunas otras oportunidades, se nos hace incumplible.
En el sentido de que constituye una reestructuración de deuda al revés.
Podemos pensarlo del siguiente modo: Argentina es un país que se encontraría hoy sobre-desendeudado. Su exposición al crédito externo es demasiado baja en relación a la envergadura de su economía, tanto en lo que hace al sector público como al privado. Esto mismo lo diagnosticó el propio gobierno.
Y desarrolló una estrategia tendiente a recomponer lazos rotos con el sistema financiero internacional, de modo de ir de a poco agrandando la proporción de participación del crédito externo en la economía argentina, a los fines de valorizar con reservas los activos argentinos, y evitar una destrucción de riqueza. Simplificando, apuntalar el valor de la moneda, evitar  nuevas devaluaciones bruscas.

El juez Griesa prefirió proponerle un camino distinto: puntualmente, desarmar la reestructuración de deuda que le permitió al país superar la crisis del 2001.
Griesa inventó una novedad en materia doctrinaria. Nunca en la historia de las finanzas (y más ampliamente, de la humanidad, calculamos) se había desatado un proceso compulsivo de reestructuración de deuda en el cual los beneficiarios serían los acreedores, en detrimento del deudor.
Las reestructuraciones de deuda eran (hasta Griesa) procesos en los cuales un deudor acuciado promovía en acuerdo con sus acreedores una disminución equilibrada de sus pasivos, de modo de volver viable su repago.
Lo que hizo Griesa fue decir: la deuda que Argentina legítimamente pactó con sus acreedores es menor a la potencialidad de desarrollo de ese país, así que tiene que reconocer una deuda superior.
El espanto reaccionario más notable del que tenga memoria la historia. Todavía, tan cerca de los hechos, no resulta tan fácil visualizarlo así. Pero es de una envergadura criminal no mucho menor a los bombardeos de poblaciones civiles para ordenar la viabilidad de la circulación energética necesaria para mantener el status quo del capitalismo presente, que los señores del país de la libertad condicional organizan en Asia.
A los mismos que usufructúan los beneficios de mantener a los países del tercer mundo atados a los procesos de endeudamiento la decisión del juez les pareció demasiado. Sin embargo, el Tea Party judicial impuso su postura, a pesar del lobby que el parlamento británico, el Vaticano y Bank of New York (por mencionar solo algunos grupos extremistas de izquierda) realizaron en contra.

Decíamos: el fallo de Griesa es incumplible. Argentina debería decretar otro default y reestructurar nuevamente la totalidad de su deuda, en caso de reconocer los pasivos que el juez intenta obligarla a reconocer, directa e indirectamente.
En cierto sentido, hasta podemos decir que la decisión de Griesa es una invitación al socialismo.
La verdad es que si no es posible una alternativa a la propuesta por el fallo habría que mandar todo al carajo: declarar el default de la deuda, irnos de los organismos multilaterales de crédito, nacionalizar el comercio exterior y el sistema bancario y encomendar nuestras reservas energéticas y de materias primas agrícolas y minerales a Rusia y China y el surtido de su financiación.
Un aislamiento del mundo semejante sería muy doloroso para toda nuestra población. Desde la imposibilidad de viajar a ver el mundial (los controles cambiarios deberían ser muy estrictos), hasta la abstención de consumir determinados productos importados, pasando por la adecuación de los procesos productivos teniendo en cuenta la dificultad de comprar insumos provenientes de los países que hoy nos los surten, o la destrucción de capital de todo tipo (vehículos, celulares, maquinaria, computadoras) por la imposibilidad de adquirir repuestos.
O sea: en un país donde un módico control de cambios provoca manifestaciones de repudio masivas (más de un millón de personas movilizadas) pedirle a su población semejante acto de heroísmo sería ridículo.
Como dicen los pibes ahora, "boludeces no".
Y se lo decimos principalmente al líder de la corriente estudiantil de UNEN, el señor Fernando Solanas, que en algún intervalo de sus giras como cineasta relativamente exitoso, suele hacer comentarios respecto de estas cuestiones, sobre la legitimidad de la deuda y la mar en coche.
Jusamente desde UNEN, una fuerza en la que militan unos cuantos de los que tomaron y legitimaron la deuda en cuestión.

El camino será complejo y no hay que descartar nada