viernes, 8 de julio de 2011

Meldorek, las patentes y cómo algunos pruritos progresistas, mal dirigidos, pueden ser funcionales al atraso

Meldorek es la compañía depositaria de patentes y conocimiento técnico de un sistema constructivo tecnológicamente innovador.
Sirve para la construcción eficiente de viviendas, puestos sanitarios y otras unidades, ampliamente funcionales. Bajos costos, producción en serie que permite acortar de manera crítica los plazos de construcción. Ideal para viviendas sociales de alta calidad.

Una empresa como esta, en realidad, sirve para ejemplificar cuál es el lugar correcto por el cual abordar la búsqueda de desarrollos productivos, que le brinden a una nación un crecimiento autónomo.

Digamos: existe la posibilidad de vincularse con los emprendimientos productivos en los distintos eslabones de la cadena: la extracción de materias primas, el procesamiento para la producción de insumos, la fabricación de bienes de capital, etc.
Meldorek ingresó por el lado del mayor valor agregado: el de la innovación tecnológica y productiva, bajo resguardo al conocimiento adquirido vía patentes. Lo más difícil de conseguir, lo más caro de importar, lo más jugoso para exportar y comercializar, de toda la cadena productiva (en este caso, la construcción de viviendas).

Desde allí hacia abajo, la construcción de encadenamientos productivos que incorporan a los demás eslabones mencionados, y que generan agregado de valor intensivo en utilización de mano de obra.

Pero, cometió pecados imperdonables.

Su dueño era a su vez apoderado de una fundación. Y, como sabemos, las fundaciones son sin fines de lucro.
No se rían. Es verdad. Son sin fines de lucro. Es decir, no distribuyen utilidades entre sus propietarios, porque no tienen propietarios. Lo cual no implica que sus apoderados, sus directivos, tengan que ser ad honorem. Es fácil observar que no hay ningún ejemplo que escape a esta realidad.

Como se empleaba en el límpido terreno de la construcción, por otra parte, parece que la empresa tendría que haber obrado con patrones distintos a los que en ese contexto se siguen, desdeñando cualquier posibilidad de acumulación de capital, y cediéndole los márgenes a sus proveedores y contratistas (que, digamos,  tampoco operaban con criterio altruista). Y no lo hizo. Fue, en el sentido más vituperado del término, capitalista.

El fin de toda esta secuencia de denuncias deriva en que probablemente la empresa (o alguna otra que la reemplace post-liquidación) continúe usufructuando los beneficios de comercializar el sistema constructivo cuyos derechos adquirió, pero ya no al Estado Nacional ni a ninguna ONG que construya a pedido (y pago -con mora, ejem-, porque gratis no sale) del mismo.

Roggio, Techint tendrán que demostrar si tienen capacidad suficiente para absorber la obra pública vacante, si es que mantenemos el criterio de que es imperioso acelerar la construcción de viviendas económicas y de fácil adquisición para saldar el inconstitucional déficit habitacional.

De ser capaces, obrarán como es habitual en ellos: pagarán fuertes sumas por patentes de sistemas constructivos novedosos como el de Meldorek (o tal vez el mismo sistema) pero importados; y bicicletearán con los pagos a algunos contratistas, obligándolos a cambiar cheques en las cuevas financieras, con el "permiso público" del cual no gozó Schoklender.

Uno no puede ponerse en contra de que se reclame transparencia, ni de que se castiguen las malas acciones.
Pero esos reclamos no tienen que ser el escondite para gambetear la discusión de temas urgentes.
Por caso: ¿queremos que se construyan viviendas baratas, de calidad, de manera eficiente y rápida, para saldar el déficit habitacional? ¿Preferimos que no se construya nada, y que en cambio fortalezcamos el superávit fiscal? ¿o que las construyan las mismas empresas que acaparan toda la obra pública y que importen la innovación?

Lo que no encuentro de ninguna manera son argumentos para sostener que la construcción de viviendas sociales no pueda ser aprovechada como una actividad desde la cual desarrollar innovación tecnológica y productiva (bien escaso en la Argentina).

5 comentarios:

Wal dijo...

En el fondo la culpa la tuvo Hebe por no convertirse a S.A. como pretendia shoclender; de haberlo sido no hubiera habido escandalo por la acumulacion de capital. Que paradoja no?.
El parricida la tenia claro en ese aspecto y si lograba eso salia de rositas y podia justificar sus ingresos perfectamente.
Creo que el estado deberia adquirir esas patentes y cederlas a cooperativas o asociaciones sin fines de lucro que gestionen eficientemente las construcciones y bajen el costo unitario de cada unidad.

Wal

Anónimo dijo...

Las patentes de Meldorek son holandesas, eso tengo entendido. Vos tenes el dato que confirma que esas patentes son nacionales y desarrolladas por Meldorek?

saludos
nacho

el del sur dijo...

Nunca lo defendí y tampoco me meto en el tema de fondo entre Hebe y él, pero desde el inicio sostengo que sólo le podrán imputar un problema "ético" y un problema de evasión impositiva, si pueden demostrarlo. Las propiedades a nombre de sociedades, usufructuadas por personas, es una habitualidad de la Argentina (y si no a pedir las titularidades de autos de lujo y casa en los country y en Pinamar/Cariló) antes eran de sociedades offshore (Uruguay) y ahora de SA de acá.
Excelente explicación.

Mariano dijo...

Nacho:
no, no son desarrollos propios de Meldorek. Adquirió las patentes.
Así, podía ser plataforma para exportar a Latinoamérica.
Y, sobre la base de ese sistema de construcción y de su conocimiento, podés innovar para generar desarrollos propios que mejoren el sistema.

Un abrazo

Daniel dijo...

Muy esclarecedor, Mariano.