martes, 28 de junio de 2011

Retenciones: los posibles orígenes (o no) del fin del esquema de tipo de cambio alto.


A partir de la gran repercusión que tuvo la entrada anterior (es un chiste),  me animo a proponer un ejercicio a los economistas profesionales.
Desde acá "denunciamos" siempre el error de tomar a las retenciones como una herramienta puramente fiscal.

Creíamos que la funcionalidad de las mismas estaba más emparentada con la política cambiaria (que de algún modo podría enlazarse con lo fiscal, pero en un razonamiento secundario).

Recordamos:
En el año 2008 se propone modificar el esquema de retenciones a los 4 principales productos agrícolas. De un esquema fijo a uno móvil, más parecido al que ya se empleaba para el barril de petroleo.
Podemos pensar (de hecho estamos casi obligados a hacerlo) que la propuesta de cambio de esquema (fallida al terminar mostrándose como políticamente inviable) respondía al diagnóstico de que las retenciones, tal como estaban, irían perdiendo eficacia.

Un repaso breve.

El contexto ofrece una tendencia al alza de los precios internacionales de los commodities (los agrícolas entre ellos). Esta situación se mantuvo a lo largo de varios años, salvo por la excepcionalidad del 2009.

Mientras el esquema de tipo de cambio alto, diferenciado, con la herramienta de las retenciones como mecanismo de desacople de los precios internos de las materias primas agrícolas, y por ende, con cierta devaluación artificial del valor de la tierra, funcionó eficazmente hasta 2007, ya desde ese año (y en 2008 más todavía) se empezó a ver una más constante apreciación real, con pérdida más notable de ventajas competitivas surgidas del tipo de cambio alto.

Así llegamos al día de hoy en que perdemos competitividad al ritmo que nos apreciamos, a tono con lo que ocurre en todos los países emergentes.

Sería una exageración vincular tan directamente el nivel de retenciones con el nivel cambiario.

Sin embargo, son varias las puntas a analizar, que tienen algún tipo de relación con la ineficacia (o eficacia parcial) en la que incurre el esquema desde 2008.
La cuestión fiscal, por ejemplo. Y la cuasi-fiscal.

La mayor recaudación proporcional por vía de retenciones, por caso, hubiese permitido continuar tal vez con un mecanismo que se terminó por abandonar: el auxilio fiscal de absorción monetaria.

El tema es así: con fuerte oferta de dólares, el BCRA compraba, para mantener el tipo de cambio nominal. Esos pesos que liberaba significaban una expansión monetaria que, multiplicador mediante, podía terminar con apreciación real vía inflación. Para evitarlo, el Central absorbía liquidez colocando Letras y Notas en los bancos. Les sacaba pesos líquidos, y les daba un papel que quedaba inmovilizado por un período corto.

Para que este esquema no llegara tan rápido a un límite, el Estado podía colaborar con el Central. Ahorraba, mantenía un alto superávit fiscal primario, y con esos pesos ahorrados salía al mercado a comprar dólares para cancelar deuda externa. O sea, absorbía parte de la expansión monetaria resultante de mantener alto el tipo de cambio.
Al mismo tiempo que el Estado se desendeudaba, el Central formaba un stock anticíclico: el crecimiento de las reservas.

Sea por lo que pasó con la 125 o por lo que fuera, temporalmente hay coincidencia relativa en el abandono de este auxilio fiscal.
Que tiene un condimento extra: la coparticipación de una parte de lo retenido por soja.

Y que además derivó otro elemento, a posteriori, que volvió a modificar parcialmente el esquema original: el pago de deuda con reservas. Unos 14 mil millones de dólares bianuales que el Central no atesoró como reservas, y que son los que hacen que el nivel de las mismas no muestre diferencias sustanciales con el de hace dos años.

En definitiva, la hipótesis de trabajo propuesta a los economistas profesionales es buscar la correspondencia probable entre la imposibilidad de modificar retenciones, y la aceleración de la apreciación cambiaria.

Nótese que digo apreciación cambiaria y no inflación (que es la forma más significativa que en Argentina adoptó la apreciación), ya que de última la inflación pudo haberse evitado o controlado con políticas ortodoxas (como en Brasil y en Uruguay, que sin embargo se comen igual una flor de apreciación), que se eludieron ex-profeso por motivos que no vale la pena reiterar acá.

Por todo esto, además, prefiero la sinceridad políticamente inconveniente (quizá) de la frase que abre el post, antes que la ingenuidad igualmente estéril de hablar de la construcción de escuelas y hospitales.

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