lunes, 8 de agosto de 2011

Córdoba y la influencia del desarrollo de las fuerzas productivas en el voto de "la gente"


El análisis de los resultados electorales siempre es controvertido.
Y, a falta de capacidades necesarias para hacer una evaluación completa, uno puede refugiarse en la mención de dos o tres cosas, que le pudieran resultar llamativas.

El discurso victorioso de ayer, de De La Sota, por ejemplo.
Que marcó el nacimiento del "cordobesismo", al decir del electo gobernador. Con la más fanatizada y expresiva alocución de que los cordobeses eran el faro del desarrollo de la nación.
Frases que denotan lo que no todos los habitantes del país pueden darse el lujo de expresar: la intención de ganar "centralidad".
En esa arremetida desafiante y hasta pechadora De La Sota expresa lo que en algunas regiones (pocas) es visto con naturalidad: la grandeza del país les pertenece; su bienestar precede, en orden de prioridades, al del resto del país.
Lo cual, en determinados contextos, implica mostrar las lanzas para conservar lo que, en virtud de la necesidad de alcanzar un desarrollo integrado, alguien les quiera retacear. El "ismo" complementando el gentilicio provincial es un lujo que solamente las regiones natural y estructuralmente privilegiadas se pueden dar.
Es, además, manifestación de la voluntad de la pujante burguesía cordobesa, expresada en el discurso de un gobernador que lo traduce, a su vez, a un lenguaje que representa mayoritariamente a las distintas capas sociales, en sentido transversal, que en momentos de auge económico se sienten copartícipes, solidarias, del crecimiento.

De ahí, podemos pasar a decir que ayer Córdoba no eligió un gobernador, sino un futuro candidato a presidente y asistió, entonces, a un prematuro lanzamiento de campaña, que por ahora sólo sirve para marcar intenciones vocacionales pero que para cumplirse deberán esperar el desarrollo de muchos acontecimientos demasiado lejanos todavía.
Sin embargo, es bueno remarcarlo, porque los manuales de lugares comunes que emplean algunos analistas, que intentan ver patrones similares en el voto de "la gente", en distintos distritos, se queman en la hoguera de las pelotudeces ni bien uno empieza a ejercitar la profundidad en la mirada.
Me refiero, principlamente, a quienes sobrevaloran la existencia de un voto "racional" o varios tipos de voto ("el voto del campo", etc.) cuyas premisas de análisis pueden extrapolarse (como estructuras) a cualquier realidad local.

En el mismo sentido, es también necesario señalar que el candidato que el PRO en su conjunto señaló como de su preferencia, Aguad, terminó tercero y muy lejos de De La Sota, lo cual vuelve a demostrar que esta vez Córdoba se encargó de ridiculizar el gastado tópico de la "caja de resonancia", que a veces resuena y otras no, depende el contexto, que en general se dota de elementos mucho más influyentes que los resultados de elecciones porteñas, de alcance limitado.

De manera que la hipótesis más ajustada a este tipo de impresiones personalísimas, es que en las elecciones distritales prevalecen las particularidades, por encima de las estructuras que replican los lineamientos de análisis para elecciones distintas y territorios disímiles.

No hay comentarios: