miércoles, 15 de febrero de 2012

La tierra y el ambiente en el marco del desarrollo de las fuerzas productivas II


Venimos del posteo anterior.

No puedo dejar de expresar (con cierto cinismo, lo admito) que hay lo que podría ser una relativísimamente auspiciosa noticia. El recrudecimiento del conflicto por la tenencia de tierras en provincias históricamente expulsoras de población podría estar empezando a significar la modificación de un patrón productivo ahora sí dispuesto a lo fines de generar desarrollo endógeno que sirva para destrabar el potencial productivo de estas regiones.

Quiero decir, el afincamiento de pobladores con reclamos por la tenencia de tierra es siempre la oportunidad para crecer en materia productiva. Y la consecuencia de que al menos alguna migaja está dejando la acumulación de capital en la región. Esta impresión requeriría para confirmarse de un estudio serio. Pero es un tema que podría plantearse como hipótesis de trabajo. Para partir, desde allí, hacia la complejización de un entramado productivo que sea más equitativo.

Respecto de la fundamentación acerca de por qué los pueblos originarios deben recibir tierras, hay algunos puntos a tocar.
Por ejemplo, la perplejidad que me causa el argumento representado por alocuciones tales como "porque son de ellos".
Digamos que uno no espera desde ciertos complejos políticos la remisión a argumentos tan conservadores. La tierra es un factor de producción. Que se aplica incluso a la producción de bienes tan esenciales como los alimentos.

De modo que sería más apropiado aceptar la posibilidad de que sea tratada como un factor de usufructo colectivo. Y no con una visión tan fundamentalista de la propiedad privada. Amparada, para peor, en el derecho ancestral.
Esto sin dejar de reconocer que la figura de propiedad privada es un elemento jurídico ordenador determinante de la relación de las sociedades con lo material, y que incluso la propiedad hereditaria cumple una función bastante decisiva y fundamental. Que, sin embargo, en caso de aplicarse a bienes estratégicos debería verse limitada.

Digamos que a esta altura nadie duda de que operamos en el marco de convenciones. Y por tanto, todo está sujeto a revisión y modificación.
Lo que pretendo expresar con esto es que es estrictamente necesario que los reclamos por posesión de tierras incluyan el elemento instrumental. El "para qué".
¿Para qué quieren las tierras quienes las reclaman? ¿Qué van a hacer con ellas, que sea superador en términos de interés colectivo, respecto de lo que aportan determinados latifundios improductivos o subexplotados o la concentración del recurso y su producto?

Estas son buenas respuestas que podrían empezar a responder quienes quieran defender el romántico planteo Qom, por ejemplo.

La búsqueda del desarrollo exige el abandono del pintoresquismo como categoría política (que quede, eso sí, reducido al ámbito de la estética).