miércoles, 18 de enero de 2012

Bienvenidos al paraíso

En estos últimos tiempos, Argentina y Uruguay tenían avanzadas las negociaciones para poner en práctica un acuerdo de intercambio de información en materia fiscal. El mismo le permitiría a la AFIP acceder a datos sobre transacciones bancarias de argentinos en el vecino paìs, de modo de poder cruzar los mismos con las bases propias e interceptar maniobras de elusiòn y evasión.

Tal acuerdo (y la voluntad para hacerlo) respondía a una conveniencia doble: Argentina podría aceitar mecanismos de recaudación por una vía que históricamente resultó una especie de salvoconducto financiero de hecho para marginales. A Uruguay le serviría en cambio para ser retirada de la lista gris de la OCDE (Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica), que lo mantiene al borde todavía de ser considerado un "paraíso fiscal".

Quienes leen este blog habitualmente sabrán que no le asignamos ningún privilegio a ese tipo de organizaciones supranacionales, que no nos reverenciamos ante ellas y que no consideramos su accionar como incuestionable.

Pero más allá de eso, el acuerdo propiciado entre Uruguay y Argentina tenía la virtud de darle relativa autonomía en la acción contra poderosos (y marginales al mismo tiempo) a nuestro estado nacional, a través de AFIP aunque más no sea, cosa que no es habitual en las recomendaciones de entidades como la mencionada.

La verdad es que las negociaciones constaban de varios puntos. Y no se circunscribían solamente al intercambio informativo tendiente a evitar evasión. También estaba en la mira la posibilidad de la doble imposición. Es decir, el objetivo era evitar que a un mismo ciudadano se le imputara doblemente a ambas orillas del Río de la Plata por el mismo crédito o el mismo bien.

Sin embargo, al parecer el lobby interno en Uruguay logró unilateralmente que las negociaciones quedaran estancadas.

Debido, fundamentalmente, a que Uruguay financia en grandes proporciones su economía con los movimientos de capital provenientes desde la Argentina. Una parte importante de nuestra famosa "fuga de capitales" computan como crédito en la cuenta de capital uruguaya de la balanza de pagos. La sola idea de que el sistema bancario uruguayo dejara de percibir parte de esos flujos, debido a la "aversión al riesgo" (riesgo a que los obliguen a actuar en concordancia con lo dispuesto por la ley) de los inversores argentinos, temerosos de sufrir persecuciones de AFIP, sorpresivamente interesada en cobrarles impuestos a los ricos, sobre todo si son evasores o elusores, generó urticarias galopantes en la suiza sudamericana.

Es bueno entender el funcionamiento de algunas de estas cosas, para compararlas con opiniones habituales, ignorantes de estos detalles, que suelen poner a la Argentina en papel de victimario frente al Uruguay en torno a la cuestión comercial y las limitaciones al ingreso de importados, o a los requisitos para la compra de divisas. O que suelen dictaminar sin demasiado dato concreto que lo sustente que Argentina es una porquería que no tiene comparación con las bondades del Uruguay. O cuando se señala la indemostrablemente distinta catadura moral de nuestras clases dirigentes.

Y también puede ser de utilidad a la hora de saber por qué la izquierda uruguaya suele ser celebrada por la derecha argentina.

Ojo, estamos convencidos de que en ese aspecto Mujica (cuyas declaraciones a veces fueron tomadas como fundamento de críticas a nuestros gobernantes) es un salto de calidad respecto del conservador y reaccionario Tabaré Vázquez (y su pupilo Danilo Astori, actual vicepresidente). Pero también habrá que reconocer que a veces la más férrea voluntad reformista choca con estructuras que manejan una lógica propia y que son muy difíciles de corregir y/o enfrentar.

Y que entonces, cuando esto se cumple más eficazmente, cualquier poder concentrado preferirá un gobierno de izquierda como el de Uruguay. Y no uno "populista" como el de acá, en que se afectan grandes intereses.

5 comentarios:

Bob Row dijo...

Hola, Mariano; me parece que pusiste bien los puntos sobre la íes, sin necesidad de sobre-adjetivar. Un revisionista se largaría a enhebrar la cuenta de las veces que Uruguay sirvió de cabeza de puente o ancla para frenar los cambios políticos de este lado del Plata; desde Elío en adelante.
En cambio, yo creo que este es el mejor momento histórico para encarar una aproximación diferente al problema.

Toda la vida hemos sabido que una parte de la economía uruguaya es parasitaria de los negocios porteños. Ellos no tienen la culpa; en esa condición fue negociada su creación y se defienden con lo que tienen a mano.
Entonces, ya que Mujica y Cristina están en la mayor sintonía armónica que haya sido dada simultáneamente entre ambos países, lo inteligente sería conversar sobre acuerdos de inversión y desarrollo conjunto entre los Estados, de modo que Mujica pudiera exhibir conveniencias contantes (y no sólo morales) para impulsar el control a la fuga de capitales argentinos y -de paso- debilitar seeriamente la capacidad de lobby de las oligarquías a ambos lados del Plata.
Me parece lógico que, si la colaboración uruguaya significara un monto de mejora en la recaudación impositiva argentina, una parte de esos ingresos fueran compartidos de modo que también significara una ventaja palpable para ellos.
No puede ser tan complicado ¿no? Un abrazo.

gaucho dijo...

Mr Row;Uruguay ya les cobra impuestos a las inversiones argentinas en su pais.Con su receta,o vamos a la doble imposicion,o los vecinos deben resignar parte de su recaudacion,algo complicado para ellos que tienen deficit fiscal historico.Saludos

Pablo D dijo...

Habría que anotar que todo esto comenzó con la gran tarea que desarrolló el Dr. Ricardo Nissen en su paso por la IGJ allá por 2004/2005, cuando elaboró una normativa muy dura para contrarrestar las andanzas de empresas que se anotaban en Uruguay --y pagaban impuestos, pocos, allá--, como pertenecientes al país oriental, pero desarrollaban toda su actividad concreta acá: ergo, con beneficios extraordinarios. Nissen, por medio de distintas resoluciones de IGJ los incluyó dentro de la normativa nacional, a los fines de, siendo delicado, cortarles el chorro. Nuestros "hombres de leyes" en aquel momento, como no podía ser de otra manera, se pusieron en contra de Nissen, claro, porque "eso no se puede hacer por resolución de IGJ, viejo. En todo caso, que sea por ley. Además, es un cambio brusco en las reglas de juego, así no van a venir inversiones". La típica.

Mariano dijo...

Gracias por los aportes. Perdón que no pude contestar antes.
Bob: La inversión en infraestructura sería una buena manera de "resarcir" a Uruguay, en caso de que mermara el ingreso de capitales fugados desde Argentina.

Gaucho: El tema no es sólo impositivo. El miedo uruguayo es a que los inversores se retraigan, porque las modificaciones servirían para que Argentina pudiera conocer movimientos de capital de tipos que subvalúan sus patrimonios u operan en negro. Si invirtieran en Argentina tampoco pagarían gran cosa de impuestos. Pero le prenderían un semáforo a la AFIP. En Uruguay y gracias al secreto bancario, están a salvo de la AFIP y no tienen que rendir cuentas por las operaciones que hacen o no.

Gracias, Pablo por los datos.

Abrazos.

Udi dijo...

Los pequeños campesinos rusos, posteriormente a la revolución, estaban muy dispuestos a colectivizar sus vacas, pero no sus gallinas. El motivo es que vacas no tenía nadie, en cambio gallinas sí.
En similar sentido los capitalistas argentinos están muy dispuestos a darle aire a revolucionarios y ecologistas de todo tinte y pelaje, pero no a pagar un impuesto.
Un abrazo, Mariano, como siempre dando en el clavo !