martes, 20 de septiembre de 2011

A good recession


Nicolás Tereschuk (Escriba) comenta hoy unas ideas de Machinea.

El objetivo (de las ideas de Machinea) es expresar de forma convincente que la reducción de la inflación no necesariamente conduciría a una recesión.
Hay una infaltable mención a la recuperación de la credibilidad estadística. Cuya influencia en la obtención de tasas de inflación más bajas no está de ninguna manera probada, ni siquiera avalada por el sentido común. Esto no implica que uno sostenga que la manipulación estadística es buena para el tema de la inflación.
Pero tampoco es necesario comprar el paquete de que la recuperación de la credibilidad del IPC (que es algo así como devolverlo al territorio de opacidad mediática en el que se encontraba antes de que los tenedores de bonos que indexaban por CER lo visibilizaran) va a operar el milagro de bajar unos puntos los aumentos de precios.
Ni siquiera a fuerza de repetir insistentemente la palabra "expectativas" resultan convincentes quienes así lo sostienen. Hoy el IPC no disciplina ninguna expectativa, pero las mismas se rigen por números más o menos estables que oscilan entre el 20 y el 25%. Hacer converger al IPC con esos números, ¿modificaría alguna expectativa? Verso.

El punto sustancial de las ideas de Machinea es el que Nicolás describe así:


Un acuerdo de cuánto van a ganar los empresarios y cuál va a ser el salario de los trabajadores. Y al mismo tiempo que eso, menor crecimiento de la oferta monetaria y del gasto público.
Nótese que no hablamos de reducciones, ni recortes, sino menores ritmos de crecimiento en cada caso.
Ahora bien, nos dice Machinea que todo esto hay que hacerlo en forma coordinada porque si no, va mal la cosa.


Por más que se quiera eludir la palabra ajuste, por impopular, no hay otra forma de describir este plan coordinado.
Estoy casi seguro, además, de que no hay otra palabra que pueda describir más apropiadamente un plan anti-inflacionario (cualquiera) que la palabra ajuste.
Aún los que, como en el caso de las ideas de Machinea, sean a priori los menos drásticos y fueran llevados a cabo con eficiencia (lo cual es extremadamente complejo, al nivel de complejización que va de la planilla de cálculo a la realidad cotidiana de las personas de carne y hueso y sus interrelaciones).

Mejor, entonces, que desestimar la posibilidad de una recesión para intentar quitarle dramatismo al escenario es aceptar que, con un ajuste del crecimiento de 9% a 5% o 4% no estaríamos ante una recesión en términos técnicos, pero causará un efecto similar en la sensibilidad de quienes deban re-acostumbrarse a que sus bolsillos sean menos generosos, lo cual en los casos de los ingresos menos abultados implicaría severas restricciones de consumo.
Por todo lo cual no deja de asombrar que los analistas preocupados por los efectos nocivos de la inflación en  el poder adquisitivo de los más pobres no lo estén también por los efectos peores que un plan anti-inflacionario podría tener sobre esos mismos poderes adquisitivos.

Sagazmente Nicolás descubre que el modelo que Machinea elige para comparar su propuesta con una realidad histórica es el del segundo plan quinquenal de la década peronista, de Alfredo Gómez Morales, de recuerdo no tan dulce para los asalariados como el del plan quinquenal que lo precedió. Seguramente, no por casualidad es así.

Los yanquis usan una expresión para definir situaciones como la que estaría necesitando la Argentina para moderar su expansión y ponerse a la altura de los "países serios": "a good recession", le dicen.
La palabra "recession" no admite dudas. Acompañarla por el adjetivo "good" es una definición ideológica.
Aún cuando sea inevitable, no será nunca buena.