El gobierno volvió a mostrarse satisfecho, hoy, ante el anuncio de una reducción del déficit fiscal, con sobrecumplimiento incluído de la meta que se habían trazado oportunamente.
¿Es esto así?
Efectivamente, existe una persistente reducción de la brecha entre ingresos corrientes y gastos corrientes.
Lo que viene reduciéndose, entonces, es el déficit primario.
La reducción de este déficit es uno de los objetivos fundamentales de la política económica del gobierno, y además un pedido expreso de todos los think tank ligados al mundo de los negocios, nacionales y extranjeros.
Porque es, este tópico, el que determina que el Tesoro Nacional absorba pesos de los que circulan en el sector privado con la emisión de letras de corto plazo, o requiera de la asistencia financiera del BCRA, a través de sus adelantos transitorios que se identifican con la emisión de moneda sin respaldo, que después debe ser esterilizada colocando LEBACS con tasas de interés elevadas, que significan un formidable negocio para bancos y algunos ahorristas a costa de quebrantos del Banco Central, en un proceso ya largamente descripto en más de una oportunidad.
Por eso se supone que, de acomodarse este factor macroeconómico, equilibrando los gastos del Estado con los ingresos corrientes genuinos, se cortaría este esquema, que es la causa principal de la movilidad nominal de los precios, es decir, la inflación propiamente dicha.
Esto no quiere decir que todos los precios quedarían fijos para siempre. Sino, más simplemente, que no se modificarían por factores relacionados a la nominalidad, de estrecho vínculo teórico con la cantidad de dinero circulante.
De ahí a que no haya cambios en los precios que alteren negativamente el poder de compra de los ingresos de los más pobres hay un trecho extenso que sólo puede salvarse mediante alguna creencia fantasiosa.
Pero, como sabemos, nuestros amigos de los think tank no están para pensar en los bolsillos de los asalariados o los pobres, aunque a veces los invoquen por conveniencia, sino en la tasa de retorno de la inversión y las oportunidades de negocios con previsibilidad que ella muestra. Y la inflación afecta la previsibilidad.
Entonces, que el déficit primario se reduzca es para ellos una buena noticia, sobre todo si se da en el marco de la persistencia, y se abre la posibilidad de que el proceso concluya en su eliminación.
Ahora bien, que se terminen allí las preocupaciones ortodoxas no significa que la cuestión del déficit fiscal también lo haga.
Existe otra cuenta más, que cabalga sobre ésta que presentamos un poco caóticamente recién.
Es la del resultado financiero. La que agrega al cálculo las erogaciones previstas por servicios de deuda , es decir, los vencimientos de intereses y capital.
Este tramo, el del déficit financiero, tiene la misma o mayor persistencia, pero en dirección contraria. Crece.
A medida que se incrementa la toma de deuda, los vencimientos que se acumulan en un año aumentan, y por lo tanto, como no hay contrapartida de ingresos, el déficit financiero, que se suma al déficit primario, hace que el déficit total aumente mucho.
Recordamos, nos estamos situando en el ámbito cerrado de las cuentas públicas. De los gastos del Estado Nacional.
El presidente hace poco nos explicó que mientas exista déficit habrá que tomar deuda.
Obviamente, que se elimine el déficit primario no obtura la necesidad de tomar deuda. Ya que habrá que pagar servicios de la misma. Por ejemplo refinanciando, y abriendo una nueva etapa de espiralización de intereses.
En varias ocasiones se hizo mención a que la deuda no tiene nada que ver con los ajustes de gasto público.
Porque la desaparición del déficit primario, de producirse, puede hacer que el Estado deje de endeudarse en pesos.
Pero, mediante la bicicleta de los dólares con los que se pagan servicios de deuda, seguirá dándole soporte al mundo de los negocios financieros.
El Estado necesita endeudarse en dólares como mecanismo de sostén del valor del peso, para evitar devaluaciones, generar un colchón de dólares (que no entran por otras vías) para que haya disponibles en las reservas del BCRA cada vez que "alguien" quiera llevarse sus dólares del país.
Para atender la fuga. Para eso se endeuda el Estado. Para eso entra en el círculo del endeudamiento. Para darle soporte de divisas a la circulación especulativa del capital financiero.
Echar trabajadores estatales, cerrar paritarias por valores irrisorios o suspender programas o prestaciones, no modifica para nada esta escena.
martes, 24 de octubre de 2017
viernes, 19 de mayo de 2017
Apuntes
Lo que sigue es un intento simplificado por encontrar un rumbo ideológico en materia económica.
En algún momento de la historia los señores que acumulaban capital a través de empresas que producían objetos, notaron que si financierizaban sus excedentes podían multiplicar ganancias.
Es decir, un productor de tarros de mermelada ganaba plata vendiéndolos, y parte de esa plata, en lugar de dejarla inmovilizada, se la podía prestar a quién la necesitara para, de esa forma, hacerla aumentar más todavía.
Los bancos rápidamente, oficiando como intermediarios, empezaron a desarrollar instrumentos cada vez más sofisticados para llevar a cabo estos préstamos, a tal punto que algunas operaciones, a esta altura, ni siquiera parecen préstamos.
En fin, con el avance del negocio y la sofisticación de los instrumentos (y de las entidades participantes), se llegó a un punto en el cual la colocación financiera de excedentes resultó ser más eficiente en la reproducción del capital que la misma actividad productiva que había originado la acumulación.
Así, lentamente, el centro de gravitación del sistema capitalista empezó a cambiar.
Los estados tomaron nota del dato, y procedieron a disputarse sordamente la cercanía y amigabilidad con estos nuevos mecanismos de reproducción de capital. Para ello debían generar las mejores condiciones para que el negocio prosperase. Así, comenzó su retirada.
Se fueron eliminando lentamente (a pesar de los riesgos que se corrían en cuanto a volatilidad) las barreras que dificultaban los libres flujos de capitales.
Y como condición fundamental, para brindar la estabilidad monetaria necesaria y las tasas de interés reales deseadas por los financistas, los estados fueron cediendo su potestad de crear dinero. Los bancos (cuyo negocio es crear dinero) asumirían esta función, como fuente creadora de riquezas.
El monetarismo, como doctrina, consiste básicamente en esto: que el estado evite los déficits fiscales, para no monetizarlos (es decir, para no cubrirlos con emisión), para finalmente ceder la creación de moneda al sector financiero privado.
Las entidades financieras pueden crear su dinero (prestar es crear dinero) como fuente de creación de su propia ganancia, mientras el estado debe compensar los desequilibrios que esto genera, achicándose.
No debe excederse en gastos, para que la entidad regulatoria (el banco central) no tenga que crear dinero excedente para financiarlo.
El estado absorbe, con carestía, los efectos inflacionarios de la creación de dinero de usufructo privado que llevan a cabo las entidades financieras.
Así, lógicamente, se sanciona el fin de los estados de bienestar, ya que no pueden financiar inflacionariamente (monetizando) los servicios públicos y derechos que ofrecen al total de la población sin cobrarles.
Por ende, ahí ya visualizamos dos contrarios irreductibles: la tasa de retorno de la inversión financiera vs. los derechos y servicios públicos universales y de calidad brindados por el estado.
Ponerle coto a la tasa de ganancia financiera es condición necesaria para recuperar los márgenes de acción en cuanto a distribución de riquezas.
Para que el estado pueda recuperar la potestad de crear dinero, y que ésta no sea mera acción de usufructo privado.
Hay, en las economías actuales, sectores críticos, que conforman la plataforma sobre la cual se desarrolla todo el aparato productivo.
La obtención de energía, la infraestructura, las comunicaciones.
Estas actividades básicas, soportes de todo el entramado productivo, requieren, para un desarrollo acorde a lo que las sociedades posmodernas demandan, la aplicación de grandes montos de inversión.
Para poder, entonces, poner a tono estos pilares es necesario tener acceso a la transa de valores financieros por montos muy grandes. Estado y sector privado, sea quien fuera que se ponga sobre los hombros el desarrollo de estas actividades básicas necesita poder recibir grandes sumas por la vía financiera.
Dada la situación actual en los mercados financieros, la contraparte de esta necesidad es la de poner a tono la macroeconomía de un país, integrada al proceso de globalización, para que el negocio financiero que describimos en la primera parte del posteo encuentre un ámbito propicio para desarrollarse.
Queda claro cuál es el lazo de dependencia que los países que sueñan con desarrollarse autónomamente tienen que poder cortar.
Pero para hacerlo, tienen que generar previamente la masa crítica de recursos financieros que le permitan llevar a cabo la inversión necesaria.
Los fracasos o problemas recientes que enfrentaron los gobiernos populistas del mundo tienen que ver con esto. Se quedan sin dólares.
Hay que empezar a pensar de qué forma se puede generar el circuito financiero necesario, sin conceder las tasas de retorno extravagantes que demanda el sector privado.
Este es el desafío del tercer mundo. Hay que ir para ese lado, hay que capturar "cajas" como el FGS de ANSeS (la decisión más importante que tomó el gobierno anterior). Hay que generar herramientas como era el proyecto chavista de "Banco del Sur".
Y hay que hacerlo compitiendo con el sector financiero privado en su propio terreno, el de la acumulación de capital.
Por lo tanto, los estados tienen que pensar en intervenir en los mercados generadores de divisas de los países.
Por ejemplo, si Argentina hace entrar dólares por la vía de los commodities agrícolas, debería tener una sociedad anónima controlada en más del 50% por el estado, para entrar a competir con las multinacionales que operan hoy, por la renta y los recursos financieros que genera el sector.
No hay que romper con el mercado, en tanto no se tiene alternativa más eficiente para cubrir lo que esa institución provee. Hay que ganarlo, invadirlo y colonizarlo.
El blog continúa en Feisbuc: https://www.facebook.com/Yendo-a-Menos-1586150564982006/
En algún momento de la historia los señores que acumulaban capital a través de empresas que producían objetos, notaron que si financierizaban sus excedentes podían multiplicar ganancias.
Es decir, un productor de tarros de mermelada ganaba plata vendiéndolos, y parte de esa plata, en lugar de dejarla inmovilizada, se la podía prestar a quién la necesitara para, de esa forma, hacerla aumentar más todavía.
Los bancos rápidamente, oficiando como intermediarios, empezaron a desarrollar instrumentos cada vez más sofisticados para llevar a cabo estos préstamos, a tal punto que algunas operaciones, a esta altura, ni siquiera parecen préstamos.
En fin, con el avance del negocio y la sofisticación de los instrumentos (y de las entidades participantes), se llegó a un punto en el cual la colocación financiera de excedentes resultó ser más eficiente en la reproducción del capital que la misma actividad productiva que había originado la acumulación.
Así, lentamente, el centro de gravitación del sistema capitalista empezó a cambiar.
Los estados tomaron nota del dato, y procedieron a disputarse sordamente la cercanía y amigabilidad con estos nuevos mecanismos de reproducción de capital. Para ello debían generar las mejores condiciones para que el negocio prosperase. Así, comenzó su retirada.
Se fueron eliminando lentamente (a pesar de los riesgos que se corrían en cuanto a volatilidad) las barreras que dificultaban los libres flujos de capitales.
Y como condición fundamental, para brindar la estabilidad monetaria necesaria y las tasas de interés reales deseadas por los financistas, los estados fueron cediendo su potestad de crear dinero. Los bancos (cuyo negocio es crear dinero) asumirían esta función, como fuente creadora de riquezas.
El monetarismo, como doctrina, consiste básicamente en esto: que el estado evite los déficits fiscales, para no monetizarlos (es decir, para no cubrirlos con emisión), para finalmente ceder la creación de moneda al sector financiero privado.
Las entidades financieras pueden crear su dinero (prestar es crear dinero) como fuente de creación de su propia ganancia, mientras el estado debe compensar los desequilibrios que esto genera, achicándose.
No debe excederse en gastos, para que la entidad regulatoria (el banco central) no tenga que crear dinero excedente para financiarlo.
El estado absorbe, con carestía, los efectos inflacionarios de la creación de dinero de usufructo privado que llevan a cabo las entidades financieras.
Así, lógicamente, se sanciona el fin de los estados de bienestar, ya que no pueden financiar inflacionariamente (monetizando) los servicios públicos y derechos que ofrecen al total de la población sin cobrarles.
Por ende, ahí ya visualizamos dos contrarios irreductibles: la tasa de retorno de la inversión financiera vs. los derechos y servicios públicos universales y de calidad brindados por el estado.
Ponerle coto a la tasa de ganancia financiera es condición necesaria para recuperar los márgenes de acción en cuanto a distribución de riquezas.
Para que el estado pueda recuperar la potestad de crear dinero, y que ésta no sea mera acción de usufructo privado.
Hay, en las economías actuales, sectores críticos, que conforman la plataforma sobre la cual se desarrolla todo el aparato productivo.
La obtención de energía, la infraestructura, las comunicaciones.
Estas actividades básicas, soportes de todo el entramado productivo, requieren, para un desarrollo acorde a lo que las sociedades posmodernas demandan, la aplicación de grandes montos de inversión.
Para poder, entonces, poner a tono estos pilares es necesario tener acceso a la transa de valores financieros por montos muy grandes. Estado y sector privado, sea quien fuera que se ponga sobre los hombros el desarrollo de estas actividades básicas necesita poder recibir grandes sumas por la vía financiera.
Dada la situación actual en los mercados financieros, la contraparte de esta necesidad es la de poner a tono la macroeconomía de un país, integrada al proceso de globalización, para que el negocio financiero que describimos en la primera parte del posteo encuentre un ámbito propicio para desarrollarse.
Queda claro cuál es el lazo de dependencia que los países que sueñan con desarrollarse autónomamente tienen que poder cortar.
Pero para hacerlo, tienen que generar previamente la masa crítica de recursos financieros que le permitan llevar a cabo la inversión necesaria.
Los fracasos o problemas recientes que enfrentaron los gobiernos populistas del mundo tienen que ver con esto. Se quedan sin dólares.
Hay que empezar a pensar de qué forma se puede generar el circuito financiero necesario, sin conceder las tasas de retorno extravagantes que demanda el sector privado.
Este es el desafío del tercer mundo. Hay que ir para ese lado, hay que capturar "cajas" como el FGS de ANSeS (la decisión más importante que tomó el gobierno anterior). Hay que generar herramientas como era el proyecto chavista de "Banco del Sur".
Y hay que hacerlo compitiendo con el sector financiero privado en su propio terreno, el de la acumulación de capital.
Por lo tanto, los estados tienen que pensar en intervenir en los mercados generadores de divisas de los países.
Por ejemplo, si Argentina hace entrar dólares por la vía de los commodities agrícolas, debería tener una sociedad anónima controlada en más del 50% por el estado, para entrar a competir con las multinacionales que operan hoy, por la renta y los recursos financieros que genera el sector.
No hay que romper con el mercado, en tanto no se tiene alternativa más eficiente para cubrir lo que esa institución provee. Hay que ganarlo, invadirlo y colonizarlo.
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martes, 21 de marzo de 2017
A un año y monedas del histórico fin del "cepo"
Es cada vez más común
que al actual gobierno se le señale públicamente algunos de los visibles
“fracasos” de sus políticas.
Como respuesta, los
funcionarios suelen maniobrar algunos estandartes de defensa, de decisiones
acertadas y supuestamente beneficiosas para todos los argentinos (los discursos
políticos insisten ciegamente sobre esta imposibilidad).
Una bandera muy flameada es la del
levantamiento del “cepo cambiario”.
Decisión que les cambió
bastante la vida a todos los argentinos. A algunos para mejor, a otros todo lo
contrario. Lo que ocurre siempre, con todas las decisiones.
Indagar un poco en las
características del levantamiento del “cepo” y sus consecuencias a más de un
año de consumado nos permitirá tener una opinión más acabada sobre el tópico,
que el gobierno defiende a rajatabla como uno de sus mejores logros.
El levantamiento del
“cepo” no fue otra cosa que la liberalización de una parte importante y básica
del mercado financiero, tal es el comercio de moneda extranjera.
La decisión implicó una
batería de decisiones conexas que derivaron en la unificación del valor del
dólar en función del libre juego de oferta y demanda, apenas intervenido por el
banco central en su rol aleatorio de comprador o vendedor.
La cuestión es que,
entonces, lo que se desconstruyó es todo un entramado de límites y regulaciones
asentados sobre la base de un esquema de prioridades de acceso a moneda
extranjera, relacionadas (esas prioridades) con el tipo de actividad económica
desarrollada y la incidencia que la operación tuviera sobre el proceso de
formación de precios (principalmente de alimentos) y de competitividad
industrial y comercial, lo cual determina secundariamente el nivel de empleo.
Liberar el mercado
financiero, acorde a la desregulación en el tránsito de capitales que supone la
globalización, significa básicamente permitir que procesos como la formación de
precios de alimentos en el mercado interno y la generación o conservación de
puestos de trabajo queden librados al accionar de factores ingobernables. La
única prioridad la tiene el que tiene más plata.
El primer efecto de la
salida del cepo fue una suba brutal de la cotización del dólar que se usaba
para comerciar, o sea importar y exportar. A eso además se le sumó le eliminación
de las retenciones (que operaban como un dólar diferenciado).
Los productores de
materias primas para alimentos en Argentina dejaron de cobrar 7 pesos por cada
dólar al que se cotizan sus toneladas de producción y pasaron a cobrar 15. Como
el comprador no discrimina precio en relación a si lo exporta o lo usa para
producir harinas o aceites que se consumen acá, el resultado fue un durísimo
aumento de precios de los alimentos en general, muy por encima de la inercia
inflacionaria.
40% aproximadamente fue
el aumento general de precios según datos oficiales durante el 2016. Los
alimentos superaron en varios puntos ese guarismo. Y algunos alimentos básicos,
como el pan, superaron en varios puntos el promedio del total de alimentos, que
ya superaba largamente el total de todos los precios, que superó largamente, a
su vez, el promedio de aumentos salariales.
Pero, lo que para el
sector comercial fue una devaluación, no tuvo el mismo efecto para el sector
financiero, que operaba con una cotización cercana a 17 pesos o más, debido a
las restricciones formales que encontraba (operaban con el dólar ilegal,
conocido como “blue” y sacaban dólares del país a través del “contado con
liqui”, práctica legal pero cara). La remisión de utilidades directa, de parte de
empresas, estaba virtualmente prohibida.
El fin del cepo
significó entonces, en el mismo movimiento, un encarecimiento de los productos
importados y de los commodities exportables que utilizan al dólar como unidad
de cuenta, pero un abaratamiento para el flujo de capitales financieros, que
redundó en menos barreras para el ingreso de dólares financieros y un mejor
acceso al mismo para fugarlo.
Así, las empresas y los
millonarios que ganaban pesos en cantidad por ejemplo aumentando los precios de
lo que venden por encima de los salarios que pagan, obtuvieron una ventaja
adicional: conseguir dólares fácilmente y sin pedir permiso y a menor valor,
para la “formación de activos externos”, es decir, llevárselos del país a
través de transferencias a sus empresas off shore. Como decía Don Carlos, Tudo
bem, tudo legal.
Claro que queda por
definir una cuestión. Si la demanda de dólares aumenta (porque las empresas y
los millonarios aprovechan estas condiciones especiales para la fuga) tiene que
aumentar también la oferta, porque si no se produce una nueva devaluación
(recordemos que el valor del dólar lo pone el libre juego de la oferta y la
demanda). Las inversiones, si bien se incrementaron por operaciones financieras
como compra de acciones, no tuvieron un crecimiento tan grande Las
exportaciones, en un mundo en que el comercio mundial está estancado, tampoco.
Así es que, por ejemplo
en lo que va del año, según datos del Banco central, el superávit comercial (la
diferencia favorable entre exportaciones e importaciones) viene reduciéndose,
al tiempo que por la salida vinculada al turismo, a seguros, fletes y
transferencias de utilidades y remesas, ese superávit más que se compensa,
dando un saldo apenas negativo de cuenta corriente.
Entonces, solamente
queda la esperanza de que por cuenta financiera se den mayores ingresos que
egresos.
Allí es cuando los
liberales descubren el rol del estado. Esta entidad impersonal, que actúa por
orden de “todos”, es capaz de pedir millonarias sumas de dólares (70 mil
millones en 15 meses) prestadas. Para que los que quieran comprar dólares los
tengan disponibles.
Así es que no solo la
mayoría de los argentinos financió, con la reducción de sus ingresos, las
ganancias de los sectores volcados a la producción primaria, sino que además se
endeudó a 20 años, de manera meteórica, esta vez para financiar el
abaratamiento de la fuga de divisas emprendida por grandes empresas
patrocinadas por bancos internacionales que cobran monstruosas comisiones por
desarrollar la ingeniería financiera.
Algunos de estos
inconscientes financistas, los que tienen la suerte…perdón, la meritocracia, de
cobrar salarios un poco más altos, tuvieron su retorno: compraron dólares
fácilmente para irse de compras a Miami, Temuco o Río.
Así fue que la balanza
turística, en lo que va del año, muestra la salida de más de 2000 millones de
dólares de “nuestras reservas”. La parte de la clase media que queda por encima
de la línea imaginaria que se traza con el ingreso familiar promedio, algo
obtuvo a costa de hipotecar nuestras exportaciones futuras y convertirnos, como
país, en demandantes perpetuos de crédito. Hablame de populismo después.
Evidentemente, hay grandes
argumentos para sostener que la salida del “cepo” fue un éxito.
Nos insertó de nuevo en
el mundo de las finanzas globales, ese ámbito tan apropiado para concentrar la
acumulación de capital en cuentas bancarias de “países serios”, esos que
regulan firmemente las conductas impropias de sus habitantes (como cortar
calles) y que hacen lo contrario con los flujos de capitales generados por el
trabajo de toda una población.
Y al mismo tiempo significó,
casi secretamente, una transferencia brutal de ingresos del Padre Pepe a Jorge
Brito, de Margarita Barrientos a Cargill. Y todo esto, con escaso conflicto
social.
Cristiano Rattazzi
(otro pobre perjudicado por el gobierno anterior, pero por meritocracia ya
largamente compensado) tiene razón: le tendrían que hacer un monumento.
viernes, 3 de febrero de 2017
Los micro cambios, factores estructurales en el cambio de modelo de acumulacón
Hasta el día que por decisión judicial Cristina se convirtió en calabaza, el plazo para liquidar divisas de exportaciones era de un mes.
Esta "distorsión" fue varias veces corregida por el actual gobierno.
Hoy, el plazo para liquidar divisas es de 3650 días corridos. O sea, 10 años.
Esto quiere decir que una multinacional como Cargill puede vender a China toneladas de soja cosechada en Argentina, cobrar esos dólares, y elegir si rendirlos o no, de acá a 10 años.
Esto es una facilidad para la fuga encubierta que les otorga el actual gobierno a estas empresas multinacionales. Un subsidio.
Que se cubre con endeudamiento. Porque los dólares que necesita la economía argentina para funcionar, ingresan hoy alternativamente por la vía del endeudamiento externo, tanto del estado como de las empresas.
Lo cual devenga otro subsidio, esta vez a los bancos de inversión, que son los que hacen las "colocaciones" de deuda. Es decir, convencen a sus clientes de que les conviene ahorrar en bonos de la deuda argentina. Lo cual les aporta comisiones por varios millones de dólares en cada colocación.
¿Con qué autoridad moral, entonces, este gobierno subsidiador de grandes empresas multinacionales y bancos de inversión puede sostener que el que quiere un bien o un servicio se lo tiene que pagar por su cuenta?
Devuelvan la que se están llevando, aportada por todos nosotros, en este saqueo por goteo que están llevando a cabo. Y recién ahí re-discutimos qué subsidios son justos y cuáles no.
Esta "distorsión" fue varias veces corregida por el actual gobierno.
Hoy, el plazo para liquidar divisas es de 3650 días corridos. O sea, 10 años.
Esto quiere decir que una multinacional como Cargill puede vender a China toneladas de soja cosechada en Argentina, cobrar esos dólares, y elegir si rendirlos o no, de acá a 10 años.
Esto es una facilidad para la fuga encubierta que les otorga el actual gobierno a estas empresas multinacionales. Un subsidio.
Que se cubre con endeudamiento. Porque los dólares que necesita la economía argentina para funcionar, ingresan hoy alternativamente por la vía del endeudamiento externo, tanto del estado como de las empresas.
Lo cual devenga otro subsidio, esta vez a los bancos de inversión, que son los que hacen las "colocaciones" de deuda. Es decir, convencen a sus clientes de que les conviene ahorrar en bonos de la deuda argentina. Lo cual les aporta comisiones por varios millones de dólares en cada colocación.
¿Con qué autoridad moral, entonces, este gobierno subsidiador de grandes empresas multinacionales y bancos de inversión puede sostener que el que quiere un bien o un servicio se lo tiene que pagar por su cuenta?
Devuelvan la que se están llevando, aportada por todos nosotros, en este saqueo por goteo que están llevando a cabo. Y recién ahí re-discutimos qué subsidios son justos y cuáles no.
jueves, 2 de febrero de 2017
Serio: les está empezando a salir bien
A los economistas de Cambiemos no les preocupa que en los tres primeros meses del año los índices de precios terminen rondando el 2% mensual (anualizando de 25% para arriba).
Porque apuntan a derrotar la inflación.
Porque apuntan a derrotar la inflación.
Entonces, más que el número mensual anualizado les interesa ver la evolución de lo que llaman inflación núcleo. Que son los precios, sin variaciones estacionales.
El tema es que apuntar ahí es fijarse solamente en el fenómeno nominal, la inflación propiamente dicha. Las subas de precios armónicas que se compensan con aumentos de ingresos en la misma proporción.
Pero además de ello, los 2 puntos de inflación mensual por "factores estacionales" o "puntuales" muestran la corrección de precios relativos. Ese temita del que venimos hablando desde hace mucho tiempo acá. Que es lo que verdaderamente ajusta tu salario y hace que cada vez te sea más difícil llegar a fin de mes.
Ellos se ponen contentos porque la inflación núcleo en el año será de 18%. Y te ofrecen a vos 18% de actualización salarial. Para medir la mejora en la renta de las inversiones financieras ese número va muy bien. Y efectivamente, (aunque no digan toda la verdad, y oculten una parte del asunto) lo van a cumplir.
Ahora, los puntos de diferencia que vayan desde la inflación núcleo de 18% al promedio de precios anual que será de 25% ( o sea, esos 7 puntos) es lo que estiman que tu salario tiene que perder para que la inversión financiera sea más rentable y para que se mantengan las expectativas bursátiles de que siga bajando la inflación en el futuro.
No es que le erran en el cálculo. Lo tienen efectivamente muy bien calculado. Está en los planes, en rol estelar, que este año tu salario vuelva a perder.
Sacrificate, para que los "inversores" (que están por venir) puedan ganar plata. Porque eso es bueno para (los ricos d) el país.
miércoles, 1 de febrero de 2017
Inventaremos el sistema de hipotecas que (si sos un banco) funciona bien hace 40 años
No me tomé el trabajo de estudiar (si es que hay cómo) el proyecto de créditos hipotecarios de González Fraga. Pero me sirve como disparador de algunas reflexiones.
Los créditos hipotecarios largos son habituales en países del llamado primer mundo, que tienen sistemas financieros aparentemente sólidos y una macroeconomía estable.
Suelen llevarse a cabo mediante la fijación de tasas de interés positivas (o sea, más altas que la tasa de inflación). Esto resulta muy conveniente para los bancos que los otorgan (lo cual nos da una explicación clave de por qué en un esquema inflacionario los créditos hipotecarios tienden a desaparecer). No tanto para el tomador, cuyo ingreso varía con la tasa de inflación (o ni siquiera), no con la tasa de interés.
Esos créditos largos pueden ser útiles como motor de la industria de la construcción, como ordenadores del mercado inmobiliario, como instrumentos que mejoran la situación de necesidad de vivienda de las familias.
Pero no tienen nada que ver con el factor cultural argentino que simbolizamos con la frase "el sueño de la casa propia".
Un crédito hipotecario a 50 años (incluso heredable y transferible, como ocurre en Europa) es una especie de alquiler perpetuo en que lo bancos son los únicos propietarios (como prenda) de las viviendas, ya que atesoran escrituras como garantías de repago de los créditos.
Que las cédulas hipotecarias sean transferibles y transables, además, hace que un propietario en plan de pagar su hipoteca, pueda usarla como capitalización para mudarse a una propiedad más grande o mejor. Vende la hipoteca y compra otra, tal vez en situación más alejada del saldo final. Ponele, Vendés una hipoteca de un 2 ambientes que te resta pagar 15 años para saldar y comprás otra de un 3 ambientes que resta 30 años para saldar.
Obviamente, estos instrumentos lubrican el mercado inmobiliario, fomentan los desarrollos constructivos, y generan un esquema de soluciones habitacionales parcial.
Pero son ajenos al cumplimiento, por parte de la clase media, del ya mencionado "sueño de la casa propia". Sos inquilino perpetuo (e incluso tus hijos heredan tu pasivo) de propiedades que inflan la composición de activos y pasivos de los bancos.
Los créditos hipotecarios largos son habituales en países del llamado primer mundo, que tienen sistemas financieros aparentemente sólidos y una macroeconomía estable.
Suelen llevarse a cabo mediante la fijación de tasas de interés positivas (o sea, más altas que la tasa de inflación). Esto resulta muy conveniente para los bancos que los otorgan (lo cual nos da una explicación clave de por qué en un esquema inflacionario los créditos hipotecarios tienden a desaparecer). No tanto para el tomador, cuyo ingreso varía con la tasa de inflación (o ni siquiera), no con la tasa de interés.
Esos créditos largos pueden ser útiles como motor de la industria de la construcción, como ordenadores del mercado inmobiliario, como instrumentos que mejoran la situación de necesidad de vivienda de las familias.
Pero no tienen nada que ver con el factor cultural argentino que simbolizamos con la frase "el sueño de la casa propia".
Un crédito hipotecario a 50 años (incluso heredable y transferible, como ocurre en Europa) es una especie de alquiler perpetuo en que lo bancos son los únicos propietarios (como prenda) de las viviendas, ya que atesoran escrituras como garantías de repago de los créditos.
Que las cédulas hipotecarias sean transferibles y transables, además, hace que un propietario en plan de pagar su hipoteca, pueda usarla como capitalización para mudarse a una propiedad más grande o mejor. Vende la hipoteca y compra otra, tal vez en situación más alejada del saldo final. Ponele, Vendés una hipoteca de un 2 ambientes que te resta pagar 15 años para saldar y comprás otra de un 3 ambientes que resta 30 años para saldar.
Obviamente, estos instrumentos lubrican el mercado inmobiliario, fomentan los desarrollos constructivos, y generan un esquema de soluciones habitacionales parcial.
Pero son ajenos al cumplimiento, por parte de la clase media, del ya mencionado "sueño de la casa propia". Sos inquilino perpetuo (e incluso tus hijos heredan tu pasivo) de propiedades que inflan la composición de activos y pasivos de los bancos.
martes, 31 de enero de 2017
Balanza Comercial +
El año 2016 la balanza comercial (diferencia entre exportaciones e importaciones) cerró con superávit de 2200 millones de dólares aproximadamente.
Un resultado mucho mejor al de 2015, de déficit de casi 3.000 millones de dólares.
Es decir, unos 5.000 millones de dólares mejor.
Dicho así, es motivo de festejo chicanero para quienes se enrolan en la ideología liberal. La apertura económica mejora el balance entre exportaciones e importaciones, contrariamente a lo que se supondría.
El dato, sin embargo, es para tomar con pinzas.
Porque se da (la diferencia) por dos motivos: por una suba mínima de las exportaciones (1,7% no en cantidad de producto vendido sino en plata, lo cual puede tener que ver con algún efecto precio, por ejemplo) y una baja más importante de las importaciones: casi 7%.
En cuanto al aumento en las exportaciones se pueden decir varias cosas: primero, el punto de comparación es bajo por un hecho puntual. Las exportaciones en los últimos meses de 2015 fueron muy bajas debido a la expectativa de cambio de gobierno (y la promesa de devaluación).
Y aún teniendo en cuenta esto, hay que decir que el aumento drástico en las exportaciones se da en materias primas (el campo) con más de 30% de mejora. Y se registran caídas en combustibles, manufacturas de origen industrial y (menos) manufacturas de origen agropecuario.
Para ser claros, ganamos más dólares exportando, pero exportamos productos de cada vez menor valor agregado. Las exportaciones tienden a concentrarse en un sector, que encima no es generador de empleo.
La baja en las importaciones, por su parte, también deja tela para cortar.Por un lado, aumenta lo gastado en bienes de consumo final (o sea, productos terminados).
Y decreció notablemente la importación de bienes intermedios (usados para la producción), repuestos de bienes de capital y combustibles.
O sea, en el rubro importación se ve claramente que la baja en la misma no está asentada en la sustitución de productos extranjeros, sino justamente en los menores volúmenes de actividad económica industrial.
Un dato que sí es positivo: mejoraron (2%) las importaciones de bienes de capital (maquinaria para la producción). Rubro en el que influye mucho la maquinaria agrícola.
Un resultado mucho mejor al de 2015, de déficit de casi 3.000 millones de dólares.
Es decir, unos 5.000 millones de dólares mejor.
Dicho así, es motivo de festejo chicanero para quienes se enrolan en la ideología liberal. La apertura económica mejora el balance entre exportaciones e importaciones, contrariamente a lo que se supondría.
El dato, sin embargo, es para tomar con pinzas.
Porque se da (la diferencia) por dos motivos: por una suba mínima de las exportaciones (1,7% no en cantidad de producto vendido sino en plata, lo cual puede tener que ver con algún efecto precio, por ejemplo) y una baja más importante de las importaciones: casi 7%.
En cuanto al aumento en las exportaciones se pueden decir varias cosas: primero, el punto de comparación es bajo por un hecho puntual. Las exportaciones en los últimos meses de 2015 fueron muy bajas debido a la expectativa de cambio de gobierno (y la promesa de devaluación).
Y aún teniendo en cuenta esto, hay que decir que el aumento drástico en las exportaciones se da en materias primas (el campo) con más de 30% de mejora. Y se registran caídas en combustibles, manufacturas de origen industrial y (menos) manufacturas de origen agropecuario.
Para ser claros, ganamos más dólares exportando, pero exportamos productos de cada vez menor valor agregado. Las exportaciones tienden a concentrarse en un sector, que encima no es generador de empleo.
La baja en las importaciones, por su parte, también deja tela para cortar.Por un lado, aumenta lo gastado en bienes de consumo final (o sea, productos terminados).
Y decreció notablemente la importación de bienes intermedios (usados para la producción), repuestos de bienes de capital y combustibles.
O sea, en el rubro importación se ve claramente que la baja en la misma no está asentada en la sustitución de productos extranjeros, sino justamente en los menores volúmenes de actividad económica industrial.
Un dato que sí es positivo: mejoraron (2%) las importaciones de bienes de capital (maquinaria para la producción). Rubro en el que influye mucho la maquinaria agrícola.
En definitiva, en un año en que se devaluó la moneda en un 60% las únicas exportaciones que se vieron incentivadas son las de materias primas. Al mismo tiempo que tanto los datos de exportaciones como importaciones dan cuenta de una merma en los volúmenes de producción industrial.
Es posible que, a medida que se produce la inexorable revaluación cambiaria (inflación y tasas de interés altas y dólar quieto), esta tendencia se vaya consolidando.
Primarización de la producción y caída de la actividad industrial.
Déficit o superávit comercial dependerán de los famosos términos de intercambio, o sea, los precios.
En cualquier caso, la abundancia o carencia de dólares en la economía dependerá más de operaciones financieras (fuga de divisas, ingreso de inversiones para bicicletear, deuda contraída o deuda a pagar) que de la balanza comercial.
Como en los 90. Que no volvieron para nada eh.
Es posible que, a medida que se produce la inexorable revaluación cambiaria (inflación y tasas de interés altas y dólar quieto), esta tendencia se vaya consolidando.
Primarización de la producción y caída de la actividad industrial.
Déficit o superávit comercial dependerán de los famosos términos de intercambio, o sea, los precios.
En cualquier caso, la abundancia o carencia de dólares en la economía dependerá más de operaciones financieras (fuga de divisas, ingreso de inversiones para bicicletear, deuda contraída o deuda a pagar) que de la balanza comercial.
Como en los 90. Que no volvieron para nada eh.
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