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miércoles, 18 de mayo de 2011
Cristinismo utópico
Son kirchneristas.
Algunos desde hace bastante.
Otros, ni de la primera ni de la segunda hora.
De la tercera.
Se hicieron kirchneristas, a decir verdad, en el 2008. O después.
Venían de votar a Pino (porque "el flaco" se había recostado en el PJ).
Más que kirchneristas son cristinistas (que le hace un "ismo" más al tigre).
Por eso no olvidan que el gobierno sigue teniendo muchos aliados indeseables. Que no dudarán, suponen, en "traicionar a Cristina".
O más que a Cristina... al "proyecto"!. Al "modelo", bah. Porque hay dos modelos de país en pugna. Éste... y el otro.
Y hay muchos que están "de este lado" por conveniencia.
En mi cinismo, yo creía que en realidad todos están del lado que están por conveniencia. O mejor dicho, que la conveniencia no es algo tan distinto de la convicción, sino que son más vale extraños los casos en que una persona logra disociar esos dos elementos, que en la mayoría de los mortales se dan juntos, actuando de manera solidaria. Digamos, en todo caso, lo "moralmente repudiable" sería la disociación de la convicción y la conveniencia. En fin...
Bueno, resulta que los que están por conveniencia con el "proyecto", no son leales, sino traidores en potencia. Porque no están convencidos de dar la "batalla cultural". Y a la primera de cambio, la van a abandonar.
Antes de que se sepa si Felipe y Marcela son hijos de desaparecidos.
Así dicen estos cristinistas, algunos de los cuales se subieron al bondi en la última parada. Algunos de los cuales elegían como compañeros predilectos a los que se bajaron en la ante-última.
Sabemos que estas previsiones, estas advertencias, suelen aparecer en momentos "dulces". Cuando nadie se va, sino que todos vienen.
Son momentos propicios para pensar a quién habría que "limpiar" después de la victoria. Porque la revolución (la del modelo, la del proyecto, eh) es permanente.
Y hay que organizar las purgas. Ahora, que gracias a los recién venidos somos más.
Qué cosa! cuánto mejor dan las encuestas más progresistas se suman. Y piden la cabeza de los "traidores" en potencia, de los "extorsionadores". Que seguro se van a ir. Fijate que no pusieron mucho entusiasmo para aprobar el matrimonio gay...
En 2007 pasó algo así, recuerdo. Había que sacarse de encima a los que, finalmente, se quedaron a aguantar los palos en los malos momentos.
Esos malos momentos que los "revolucionarios" eligieron para irse. A dar la "batalla cultural" desde otro lugar. Sin que nadie los haya echado.
lunes, 16 de mayo de 2011
La fundación
Hacer política es caro.
"Caminar" el país, tener "equipos" trabajando para uno, encargar encuestas para medir popularidad y contratar profesionales que las interpreten y les saquen jugo, agasajar con asados que dejen contentos a quienes tendrán la misión de fortalecer una imagen o un apellido en el territorio, abrir locales, pagar alquileres, poner publicidad, "tocar" a la prensa, "crear" una imagen, armar un discurso, etc., etc., etc.
En algún caso, puede haber dirigentes con estrategias de construcción distintas. Necesitan (éstos) pagar las tasas de justicia de las demandas que inician denunciando corrupción, por ejemplo.
Otro gasto consiste en viajar a distintas partes del mundo a "instalar ante la comunidad internacional" que serán quienes mejor defiendan sus inversiones en el país. De hecho, en Miami, en Washington, en Europa hay entidades fundadas para esos fines (financiar campañas políticas de dirigentes del tercer mundo que sean permeables al lobby de las empresas de sus países de origen, o directamente quienes ejerzan dicho lobby). Hay que ir hacia allá a capturar esos fondos. Acompañados por asesores, los interesados fatigarán los auditorios llenos de empresarios e inversores, que necesitan garantías de servilismo. Es una inversión: pagar viajes y estadías, para recibir financiamiento. Del otro lado también. Es más barato tener un lobby permanente en el Congreso, que mandar un tipo (extranjero) a "torcer" voluntades.
En este circuito se desempeñan las fundaciones.
Éstas entidades, se sabe, están beneficiadas por importantísimas exenciones impositivas. No pagan impuesto a las ganancias, ni tampoco los indirectos que pesan sobre la compra de bienes.
Son organizaciones que desarrollan actividades de interés público.
Como brindar charlas sobre "transparencia" y ética, por ejemplo. Mandar gacetillas a los medios. O patrocinar denuncias de corrupción (ajena, obviamente).
Siempre hay empresas y particulares dispuestos a financiar fundaciones. Donando fondos. Así funciona la cosa, ya que se trata de organizaciones sin fines de lucro (me refiero a las fundaciones).
El donante, si bien lo hace por sentido patriótico, descuenta de la base imponible de ganancias lo que "dona".
A veces, una parte de la donación le retorna (en negro). Otras veces, puede contratar solapadamente servicios (a través de una donación).
O puede aprovechar que la fundación no tributa sobre la compra de bienes y donar para la compra de computadoras (para uso del donante). En fin, cositas de todos los días. Pavadas. Que justifican la existencia de las fundaciones, mucho más que el servicio que brindan a la comunidad.
Ocurre que las fundaciones, o quienes las presiden figurativamente (dirigentes políticos algunas veces) no cuentan con herramientas como para medir la procedencia de los fondos recibidos, ni están al tanto tampoco de los movimientos financieros totales. Tampoco les importa mucho, ya que si bien estas entidades no tienen fines de lucro manejan sí cuantiosos fondos que bien valen la organización de cócteles (ya que no asados), las estadías en hoteles de cualquier lugar del mundo, y los pasajes correspondientes, entre otras cosas.
Por lo general, estos dirigentes suelen ser implacables con otras formas de financiamiento de la política, que usan aquellos que no tienen la suerte de tener una ideología amigable para con las empresas y particulares que honorablemente arman fundaciones.
Tampoco importa la procedencia de los fondos de campaña aportados por gente del exterior, comprometida con el país (esos de los que hablábamos antes).
Es que el lavado de dinero es una actividad que le incumbe a los organismos estatales diseñados para ello.
La verdad, en mi "país ideal" las fundaciones serían abolidas o al menos modificado su régimen, incluso antes de democratizar los sindicatos, modificar la ley de ética pública o darle transparencia a la actividad pública. Pero no se preocupen muchachos, que estoy en franca minoría. Por suerte.
viernes, 13 de mayo de 2011
Sobre el discurso de Cristina
El tema del discurso de ayer de Cristina es ineludible.
Hay formas de abordarlo: en clave de “negociación política” según la cual habría que leer entre líneas mensajes que atañen a la decisión de presentarse o no a la reelección, y mediante los cuales se “marca la cancha” y se dan definiciones acerca de quién conduce qué proyectos y a partir de qué herramientas; o una lectura más ingenua, relacionada directamente con posicionamientos ideológicos y que pueden definir rumbos de acción de este o futuros gobiernos.
Por comodidad, elijo la segunda opción.
Hay una primera cuestión que nos queda clara más o menos a todos (¿una de las 4 cosas en las que todos los argentinos estamos de acuerdo?). Nadie puede reservarse el poder de veto sobre decisiones de los otros poderes (salvo la presidenta, que así lo dice la constitución).
Con esto hago alusión a que un primer disgusto causado por Moyano fue su amenaza de “parar el país”, por una cuestión judicial privada, no del ámbito laboral.
Extendiendo ese principio, y flexibilizándolo, en un mismo orden de cosas pueden hallarse algunas actitudes de sindicatos, en cuestiones que son propias de reclamos sindicales, pero que como sostuvo la presidenta son de carácter particular, perjudican incluso a gente que atraviesa situaciones más complicadas que la de los trabajadores sindicalizados que toman esas medidas, y ponen en juego la paz social y por lo tanto la gobernabilidad.
Este mensaje pudo haber sido dirigido a varios gremios: que responden a Barrionuevo, gremios de la CTA, los delegados del subte o los de Kraft y Pepsico de filiación troskista, etc. Sin embargo, es inconcebible que por la forma del mensaje no se entendiera que la referencia era a “los propios”, a los “que dicen apoyar”.
Ahora bien, este pedido de responsabilidad sindical, puede vincularse con otros hechos.
Cristina hace poco se reunió con gente de la CTA. Venía de reunirse con la gente de la UIA (que desde que asumió De Mendiguren dejaron de ser el “enemigo” que fueron durante el mandato de Méndez…).
Y esa reunión con la CTA fue aprovechada por Cristina para darle una señal a la UIA. Qué bueno lo que hizo el SUTNA de Wasiejko con Firestone. Ese es el mecanismo adecuado para definir la participación de los trabajadores en las ganancias de la empresa. Un modelo que casualmente a la UIA no le disgusta tanto: discutir empresa por empresa, o tal vez, convenio por convenio. Incluso la presidenta habló de un “bono por productividad”. Celebran en la UIA esa definición.
Así, además, queda casi enterrada la posibilidad de generalizar a través de una ley un derecho consagrado en la Constitución, actualmente incumplido, tal era la idea de la CGT, explícitamente refutada por Cristina en esos mismos términos: “no generalizar”.
Y después están los rumores, nunca confirmados ni tampoco desmentidos.
Las reuniones de Cavalieri, Lezcano y West Ocampo. Los acercamientos de éstos a Barrionuevo. Las intenciones de catapultar la figura de Gerardo Martínez.
El mismo dirigente de la UOCRA (Gerardo Martínez) que fuera Secretario General de la CGT durante el gobierno de Menem, cuando se modificaban algunos marcos de protección de los trabajadores para “abaratar el costo laboral”.
Acá no vamos a sostener que Moyano sea un angelito.
Ahora, lo que no se puede decir (si se lo compara con el resto de los dirigentes de la CGT antes nombrados) es que sea “desleal”. Porque Moyano fue siempre leal a la actitud de defender (bien, mal, más o menos, con excesos) los intereses de los trabajadores. Y una parte importante de lo recuperado en estos años le corresponde a su esfuerzo.
De algunos elogiados y postulados para su reemplazo (para generar un sindicalismo responsable, que no apriete, que no extorsione a nuestra “burguesía nacional”) no se puede decir lo mismo, sino más bien todo lo contrario.
Es absolutamente lógico “marcar la cancha”, es muy legítimo intentar poner los límites, mostrar claramente quién conduce, y definir qué actitudes no son aceptables y los sindicatos deberían desistir de llevarlas a cabo. Hasta puede tener réditos políticos (no en votos, tal vez; sí en “imagen”)
Pero está bien ver completo el panorama y facturarle a cada actor lo que corresponde. Y pagarle también a cada uno por sus méritos y deméritos.
Está en juego que los próximos 4 años los dediquemos exclusivamente a la “batalla cultural”.
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