jueves, 29 de septiembre de 2016

Pobreza


Ayer el gobierno presentó una medición de pobreza por ingresos, con la cual demuestra la voluntad de medir con un grado de rigurosidad mucho mayor al que mostraba el gobierno anterior.

Como pasó con otros índices del INDEC, la nueva medición se pone en línea, metodológica y en cuanto a resultados, con las mediciones privadas, especialmente la de la UCA en el caso de la pobreza. 

Es muy lógico y entendible que muestren esta diferencia cualitativa para compararse con las anteriores autoridades, y que la comparación en este punto los beneficie. Incluso son lícitas las chicanas.

Miden la pobreza mejor que antes. Y eso es motivo de reconocimiento.


Pero lo que no debería haber hecho Macri es ocultar los efectos sobre los índices de pobreza que pudieron tener las decisiones que tomó. Y que no están del todo medidos porque el número mostrado ayer corresponde a junio.


La salida del cepo que derivó en devaluación, los aumentos de los servicios públicos, y la medida más difícil de explicar que es la eliminación de las retenciones, hacen que la canasta básica cueste un 50% más que lo que costaba el año anterior, mientras que todos los ingresos (salarios y transferencias estatales como asignaciones, pensiones, jubilaciones y planes) aumentaron un 30% promedio.
Esto no es inflación, sino corrección de precios relativos. Con lo cual, no se solucionará con la baja de la inflación, ni aún si ésta desapareciera.


Según la alabada medición de la UCA, hay casi un millón y medio de pobres más que el año pasado (o sea, un 3 o 4% más). Y es responsabilidad de la corrección de precios relativos, del "sinceramiento", del fin de la "ficción" según la cual teníamos "costumbres de país rico", de que muchos vivíamos "por encima de nuestras posibilidades".


Hay una diferencia sustancial en cuanto a cuál es el número inicial de la gestión. Porque dentro de 3 años van a medir la pobreza en 28% y van a decir que la bajaron, cuando en realidad no la habrán bajado nada.


Y al final, no vamos a poder librarnos de la disputa por el relato.