Se siguen conociendo movimientos por parte del nuevo equipo económico. Pero más que hechos, lo que vemos reflejado en diarios son interpretaciones de ciertas señales, elucubraciones, operaciones variadas. El "oficialista" Clarín, por ejemplo, parece empeñado en querer que el equipo económico no produzca ningún cambio significativo. A la cuestión irrelevante sobre el dato que difundió ayer el INDEC sobre inflación en noviembre (matizado con énfasis variados respecto de la continuidad póstuma de la gestión de Moreno) le suman operativos variados respecto de marchas atrás sobre quita de subsidios a tarifas y transportes en el AMBA, o a modificaciones en las tasas de interés.
En este sentido, en consonancia con matrices de análisis de la realidad en boga, Clarín encarnaría una suerte de resistencia al giro a la derecha (o giro ortodoxo) que querría dar el gobierno. Estamos un poco confundidos a decir verdad, con esto de los giros. Nos cuesta identificar la izquierda y la derecha.
Hay un dato que sí es significativo: los directores estatales en Telecom, que hasta hace poco formaban parte de una estructura que manejaba Kicillof (no sé cómo habrá quedado el tema después de los cambios) decidieron avalar con su voto la distribución de dividendos de la empresa entre accionistas. Lo cual supone un aval a la remisión de utilidades al exterior.
Además, parece que ya es un hecho la flexibilización de la venta de dólares a turistas (con recargo del 35%), cosa que era cantada que iba a ocurrir, de acuerdo a cómo se venían planteando las cosas.
Lo curioso, para mí, es que este anuncio no modificó en nada la dinámica del mercado cambiario. Los demandantes de dólares en el mercado ilegal no se retrajeron, lo cual lleva a pensar que no hay movimientos asociados a este segmento tan importantes como lo que se creía. Finalmente, sería verso lo de los turistas y los pequeños ahorristas. El blue lo manejan los bancos y las grandes empresas.
Las brechas cambiarias, más allá de que se mantiene un ritmo elevado de devaluación, tienden a estabilizarse. Hasta que no se produzca un ingreso importante de divisas que le de al Banco central el margen como para intervenir agresivamente sin quedar vacío de reservas, suponemos que esto no va a cambiar demasiado. Pero en las condiciones actuales mantener las tres cotizaciones a tiro (primero que se consolide el hecho de que son sólo tres, después que las brechas entre una y otra se mantengan estables) es un éxito relativo que le debe resultar auspicioso a Capitanich.
Y justamente en torno de la posibiliad de ingresar divisas en fuertes cantidades, las promesas y los fuegos de artificio son variados. Hay cien pájaros volando, por ahora no agarramos ni uno.
Está el ingreso de casi mil millones que debería estar haciendo Chevron como parte del acuerdo de inversión en Vaca Muerta.
Están los desembolsos del BID y el Banco Mundial para obras de infraestructura (los anuncios se superponen, pero no hay ingresos adicionales: los 3 mil millones en 3 años que prometió el BM a partir del arreglo en el CIADI con Azurix, Blue Ridge, Gramercy y no sé quiénes más,son los mismos que se anuncian ahora, solamente que se empieza a definir técnicamente a qué se van a aplicar los desembolsos comprometidos por causas financieras).
Está la letra que suscribirán las cerealeras, como resultado de la toma de crédito externo, para ver si con esa letra convencen a los productores de que vendan algo más de lo que tienen provisoriamente acopiado (ojo, porque después, cuando la exportación se produzca en los hechos, las cerealeras no van a liquidar esos dólares, que serán aplicados al pago de los créditos externos, o sea, es un adelanto de dólares de exportaciones futuras; la finalidad es modificar los inventarios de los establecimientos agrícolas).
Están las inversiones chinas y rusas que fueron a buscar Kicillof y De Vido.
Y están las gestiones de Lorenzino por normalizar las deudas con el Club de Paris y cerrar lo de los holdouts, colocando como parte del arreglo un bono extra que comporte un ingreso de divisas extra (un nuevo crédito, una ampliación del crédito), tal como sucede con el acuerdo en el CIADI con las empresas mencionadas, que debe estar a punto de efectivizarse.
Digamos, todos estos puntos (y por ahí algún otro que se me escapa) significan la reversión de un proceso de largo alcance que significó en materia financiera para el país el kirchnerismo.
Abrimos la cuenta financiera de la balanza de pagos.
Esto se explica así: la causa fundamental de que a la Argentina de golpe le empezaran a faltar dólares es que llegó a su techo un proceso definido.
Ese proceso constaba de los siguientes puntos: excedentes generados por la economía real, aplicados a saldar deuda externa tanto del sector público como del privado, sin que se produjeran nuevos flujos de ingreso de divisas financieras, que significaran nuevas deudas.
Es decir, hubo un proceso de desendeudamiento externo fabuloso durante todos estos años. Generábamos dólares vendiendo mercaderías en la economía real, y los usábamos para cancelar obligaciones financieras externas. de algún modo, formación externa de activos, o reducción de pasivos.
Ese proceso se revierte hoy. Y toda la intención del equipo económico radica en estabilizar el nivel de reservas, propiciando un nuevo esquema de endeudamiento externo, tanto público como privado. La bajísima exposición de la Argentina hoy, a los vaivenes de las finanzas internacionales, creen (en economía) que le dan margen como para abrir esa compuerta. E incrementar los pasivos externos.
es un poco disonante para los standares de coherencia científica, que este proceso se desarrolle en paralelo a la tendencia ascendente del tipo de cambio. Se cree habitualemnte que un tipo de cambio bajo es más propicio para el endeudamiento externo, y un tipo de cambio alto es más propicio para el desarrollo de la economía real en detrimento del segmento financiero. Pero bueno, así se dieron las cosas (y no está del todo mal, es una heterodoxia anticíclica esa también).
Es lo que hay.
sábado, 14 de diciembre de 2013
lunes, 9 de diciembre de 2013
De la pobreza escandalosa a la rebelión policial: derrotero discursivo del conflicto social
La "tensión social" que explota bajo la forma de los saqueos, va tomando un derrotero discursivo (el campo en que los hechos se legitiman, y superan la dimensión individual o grupal para adquirir dimensión social, y convertirse entre otras cosas, en hechos políticos) que lo emparenta, lo pone en un mismo campo semántico, con las rebeliones policiales que los posibilitan.
Si no hay acuartelamiento no hay saqueos. De ahí, surgen las problemáticas en que se inscriben los saqueos y las "soluciones" como ideales a alcanzar para conjugarlos: la situación laboralmente precaria de las policías, la posibilidad de sindicalizarlas. Desde la visión de la teoría de estado, el punto pasa por la autonomización de facto de las fuerzas de seguridad en general, su falta de control por parte del poder político y las formas en que sería más beneficioso reestablecer los lazos de autoridad para reencauzar la dinámica de funcionamiento de las fuerzas de seguridad en los canales en que el estado puede transformarse a través de sus instituciones en el nexo entre la profesionalización de los cuerpos y la sociedad civil.
Este corrimiento del eje, esta aparición en el centro de la escena de estos problemas se hace (como siempre ocurre en cualquier caso) en detrimento de otros. Los estallidos sociales quedan desarticulados en tanto no encuentran forma de articularse en el discurso. La desigualdad en el acceso a lo material, la escandalosa riqueza como antagonismo de la escandalosa pobreza que pone a la navidad y los supermercados como el espacio-tiempo óptimo para que las tensiones acumuladas sobre estos dos tópicos se salden o comiencen a hacerlo, quedan relegados. El problema es cómo la sociedad en su conjunto dota de recursos a las fuerzas de seguridad. Y eso discutimos. Mientras tanto, nos resignamos a que siempre haya pobres entre nosotros, como nos recordó Carlos Menem una vez, citando (mal) a la Biblia.
No es cuestión de pedirle al poder político que sea la vanguardia revolucionaria (cosa que solo se le puede ocurrir a afiebrados como Luis Zamora, sobre quien me gustaría explayarme en otro momento). Es, en épocas convulsionadas, agitadas, más vale, un contrapeso conservador. Su mayor acercamiento en el eje ideológico a las posturas "de izquierda" se mide, en un sentido, por la forma en que responde a los problemas que se le plantean. A las "soluciones" que propone.
En este caso, la salida hacia la dignificación del trabajo de los agentes de seguridad, así como la posibilidad de avanzar contra el entramado de negocios de financiación ilegal de las fuerzas, que libera de algún modo al estado de asumir el costo fiscal de mantener fuerzas de seguridad dependientes y obedientes al poder político, sería una salida hacia la izquierda de este problema específico.
Digamos además, que una vez planteado discursivamente esto que se dijo, el efecto "contagio" no hace otra cosa que reproducir y hasta parodiar esta cuestión. Por eso solemos ver en estos días cómo policías difunden entre vecinos y comerciantes versiones falsas sobre saqueos, por ejemplo. Los policías que no formaron parte del núcleo de conflicto, se dejaron comer por el personaje del relato, y potencian las acciones por las cuales se los culpará a ellos de desatar los conflictos (que tenían seguramente condiciones de posibilidad preexistentes). Ser el detonante de una crisis social puede ser en parte azaroso, aunque requiere de cierta ingenua estupidez. O de intencionalidad política.
Así, en este marco, se desarrollan dos flujos de acciones. Por un lado, se potencian los saqueos "organizados"; por otro, se neutralizan los saqueos "espontáneos". La necesidad material, sus portadores, sus víctimas, quedan neutralizados. El saqueo es cosa de organización delictiva. En el relato. Y del relato al hecho.
Hoy estamos a un paso de que el único problema visualizable sea la rebelión policial. Y que los saqueos no sean otra cosa que un avatar de dicho conflicto. Hay que pagarle bien a la policía para que no haya saqueos.
La desigualdad en el acceso a lo material puede seguir existiendo impunemente.
Por el lado del gobierno, reitero, su forma de plantarse ante el problema policial podría llegar a ser "de izquierda" (existe la posibilidad): profesionalización de las fuerzas, dignificación laboral, avance sobre los negocios de financiación ilegal, desautonomización.
Pero la invisibilización oportuna del problema de la desigualdad social como factor irradiador de tensiones es una pose claramente identificable como "de derecha".
El hecho de que emerjan determinados interlocutores (en este caso las policías), que consiguen imponerse a otros alternativos, y fuerzan la dialéctica con el poder político hacia temas de interés ajenos a las posturas de izquierda, está dando a entender que los contrapesos sociales tienden a volcarse hacia la derecha. Los dirigentes y voceros de la izquierda, entonces, deberán hacer la autocrítica (que nunca hicieron) de por qué siguen sin poder alcanzar niveles de representatividad que los quiten del cómodo pero intrascendente lugar de la testimonialidad.
Porque el gobierno usará a las policías (esta vez) como chivo expiatorio. Pero eso no quita que la izquierda no deje nunca de usar a los gobiernos con el mismo fin.
Si no hay acuartelamiento no hay saqueos. De ahí, surgen las problemáticas en que se inscriben los saqueos y las "soluciones" como ideales a alcanzar para conjugarlos: la situación laboralmente precaria de las policías, la posibilidad de sindicalizarlas. Desde la visión de la teoría de estado, el punto pasa por la autonomización de facto de las fuerzas de seguridad en general, su falta de control por parte del poder político y las formas en que sería más beneficioso reestablecer los lazos de autoridad para reencauzar la dinámica de funcionamiento de las fuerzas de seguridad en los canales en que el estado puede transformarse a través de sus instituciones en el nexo entre la profesionalización de los cuerpos y la sociedad civil.
Este corrimiento del eje, esta aparición en el centro de la escena de estos problemas se hace (como siempre ocurre en cualquier caso) en detrimento de otros. Los estallidos sociales quedan desarticulados en tanto no encuentran forma de articularse en el discurso. La desigualdad en el acceso a lo material, la escandalosa riqueza como antagonismo de la escandalosa pobreza que pone a la navidad y los supermercados como el espacio-tiempo óptimo para que las tensiones acumuladas sobre estos dos tópicos se salden o comiencen a hacerlo, quedan relegados. El problema es cómo la sociedad en su conjunto dota de recursos a las fuerzas de seguridad. Y eso discutimos. Mientras tanto, nos resignamos a que siempre haya pobres entre nosotros, como nos recordó Carlos Menem una vez, citando (mal) a la Biblia.
No es cuestión de pedirle al poder político que sea la vanguardia revolucionaria (cosa que solo se le puede ocurrir a afiebrados como Luis Zamora, sobre quien me gustaría explayarme en otro momento). Es, en épocas convulsionadas, agitadas, más vale, un contrapeso conservador. Su mayor acercamiento en el eje ideológico a las posturas "de izquierda" se mide, en un sentido, por la forma en que responde a los problemas que se le plantean. A las "soluciones" que propone.
En este caso, la salida hacia la dignificación del trabajo de los agentes de seguridad, así como la posibilidad de avanzar contra el entramado de negocios de financiación ilegal de las fuerzas, que libera de algún modo al estado de asumir el costo fiscal de mantener fuerzas de seguridad dependientes y obedientes al poder político, sería una salida hacia la izquierda de este problema específico.
Digamos además, que una vez planteado discursivamente esto que se dijo, el efecto "contagio" no hace otra cosa que reproducir y hasta parodiar esta cuestión. Por eso solemos ver en estos días cómo policías difunden entre vecinos y comerciantes versiones falsas sobre saqueos, por ejemplo. Los policías que no formaron parte del núcleo de conflicto, se dejaron comer por el personaje del relato, y potencian las acciones por las cuales se los culpará a ellos de desatar los conflictos (que tenían seguramente condiciones de posibilidad preexistentes). Ser el detonante de una crisis social puede ser en parte azaroso, aunque requiere de cierta ingenua estupidez. O de intencionalidad política.
Así, en este marco, se desarrollan dos flujos de acciones. Por un lado, se potencian los saqueos "organizados"; por otro, se neutralizan los saqueos "espontáneos". La necesidad material, sus portadores, sus víctimas, quedan neutralizados. El saqueo es cosa de organización delictiva. En el relato. Y del relato al hecho.
Hoy estamos a un paso de que el único problema visualizable sea la rebelión policial. Y que los saqueos no sean otra cosa que un avatar de dicho conflicto. Hay que pagarle bien a la policía para que no haya saqueos.
La desigualdad en el acceso a lo material puede seguir existiendo impunemente.
Por el lado del gobierno, reitero, su forma de plantarse ante el problema policial podría llegar a ser "de izquierda" (existe la posibilidad): profesionalización de las fuerzas, dignificación laboral, avance sobre los negocios de financiación ilegal, desautonomización.
Pero la invisibilización oportuna del problema de la desigualdad social como factor irradiador de tensiones es una pose claramente identificable como "de derecha".
El hecho de que emerjan determinados interlocutores (en este caso las policías), que consiguen imponerse a otros alternativos, y fuerzan la dialéctica con el poder político hacia temas de interés ajenos a las posturas de izquierda, está dando a entender que los contrapesos sociales tienden a volcarse hacia la derecha. Los dirigentes y voceros de la izquierda, entonces, deberán hacer la autocrítica (que nunca hicieron) de por qué siguen sin poder alcanzar niveles de representatividad que los quiten del cómodo pero intrascendente lugar de la testimonialidad.
Porque el gobierno usará a las policías (esta vez) como chivo expiatorio. Pero eso no quita que la izquierda no deje nunca de usar a los gobiernos con el mismo fin.
viernes, 6 de diciembre de 2013
Cómo sigue la cosa?
Seguimos comentando las novedades económicas, al ritmo vertiginoso que nos impone la aceleración de la devaluación nominal. Hoy, 6,25 por dólar.
Lo cual hace que el dólar para turismo y tarjeta en el exterior esté a un poco más de 8,40. Similar al contado con liquidación. O sea, lo dicho, se consolida la existencia de un nuevo tipo de cambio turístico-financiero diferenciado.
Respecto del turismo, un par de novedades: primero, tal como anticipamos en este blog (?) se eliminan ciertas discrecionalidades para la venta de moneda extranjera con fines turísticos. O sea, la AFIP va a seguir pidiendo los mismos requisitos, pero el Central va a ser más generoso a la hora de poner divisas a disponibilidad de las casas de cambio, lo cual puede terminar en dos cosas. Por un lado, que se de un aumento en la salida de divisas por esta vía. Por el otro, una absorción importante de demanda de dólares en el mercado paralelo. Confirmado, la cotización del blue ya empezó a bajar, con el simple anuncio. Qué mercado más manijeado, mamita.
La otra, auspiciosa. En noviembre se revirtió la tendencia y por primera vez en varios meses crecieron los gastos de turistas extranjeros en el país, en comparación interanual. Para ir achicando el déficit habría que buscarle la vuelta para pagarles a los turistas un dólar más parecido al "tarjeta", pero antes sería conveniente poder pinchar definitivamente el blue (el cambio de turistas extranjeros surte bastante la oferta de este mercado). No sé si la hay.
Un supuesto, vertido por el empleado del sector bancario que escribe para Ámbito financiero, Olivera Doll. Fábrega estaría convalidando la suba de tasas de interés (los plazos fijos, dicen, ya se ofrecen con 20%) lo cual junto con la demanda de dólares (en el oficial y en el paralelo) le absorbe liquidez al sistema bancario, que se queja de que también pierde volumen en sus cuentas a la vista. Pero a pesar de esto, en un ataque tremendo a la rentabilidad el sector bancario, Fábrega le subiría la apuesta al plan Marcó del Pont, con la intención de ampliar las líneas de créditos productivos con bajas tasas de interés a un volumen de 55.000 millones de pesos (hoy anda en 40 mil millones). Esto encarecería seguramente la fuente de fuertes ganancias de los bancos, es decir, los préstamos al consumo de corto plazo y la financiación de saldos de tarjeta de crédito. Un ajuste ortodoxo contra el consumo de los sectores medios y altos, pero tratando de compensar para que no se afecte el empleo, buscando una nueva tasa de interés de equilibrio. Absorberle liquidez al sistema es también intentar restarle demanda al blue. Esto no está del todo mal. Es una especie de ajuste monetario, pero direccionado, administrado, y con intenciones progresivas en materia distributiva (esto va especialmente dirigido a nuestro buen comentarista Esteban, que ayer mencionaba algo relacionado con este asunto). Nuestro héroe nacional y popular, resulta ser el presidente del Banco Central. El kirchnerismo va a quedar en la historia sin lugar a dudas, para bien y para mal.
La última cuestión novedosa (también hipotética) es la Letra en pesos, endosable una sola vez, atada a la evolución del tipo de cambio oficial (exportador-importador) que podrán suscribir las cerealeras, y usar como medio de pago a los productores. Esto serviría para incentivar la liquidación actual de los saldos de cosecha (modificar los inventarios, diríamos, liquidando stocks guardados en silobolsas) anulando el riesgo a no aprovechar una devaluación. Esperan sumar 2000 millones de dólares, aportados por las cerealeras por prefinanciación en el extranjero (dólares que adelantan de algún modo de la liquidación futura, aunque como aspecto positivo liberarían un poco de crédito en pesos del mercado interno para que la suba de tasas de la que hablábamos antes no tenga un impacto tan restrictivo).
Esto implica, también, dos cosas. Por un lado, el Central reconoce que va a seguir modificando el tipo de cambio al alza si es necesario, pero de manera gradual (al Central tampoco le convendría una devaluación brusca, si tiene que pagar estas Letras)
Por el otro, todo el síntoma de que estamos ante el intento de armar una nueva tablita de previsibilidad cambiaria, ante la cual los equilibrios dependen de hilitos muy finos.
Por lo pronto, también se confirmaría que hay previsión de ingreso extraordinario de divisas, y no es todo "lleguemos a abril como sea".
Lo cual hace que el dólar para turismo y tarjeta en el exterior esté a un poco más de 8,40. Similar al contado con liquidación. O sea, lo dicho, se consolida la existencia de un nuevo tipo de cambio turístico-financiero diferenciado.
Respecto del turismo, un par de novedades: primero, tal como anticipamos en este blog (?) se eliminan ciertas discrecionalidades para la venta de moneda extranjera con fines turísticos. O sea, la AFIP va a seguir pidiendo los mismos requisitos, pero el Central va a ser más generoso a la hora de poner divisas a disponibilidad de las casas de cambio, lo cual puede terminar en dos cosas. Por un lado, que se de un aumento en la salida de divisas por esta vía. Por el otro, una absorción importante de demanda de dólares en el mercado paralelo. Confirmado, la cotización del blue ya empezó a bajar, con el simple anuncio. Qué mercado más manijeado, mamita.
La otra, auspiciosa. En noviembre se revirtió la tendencia y por primera vez en varios meses crecieron los gastos de turistas extranjeros en el país, en comparación interanual. Para ir achicando el déficit habría que buscarle la vuelta para pagarles a los turistas un dólar más parecido al "tarjeta", pero antes sería conveniente poder pinchar definitivamente el blue (el cambio de turistas extranjeros surte bastante la oferta de este mercado). No sé si la hay.
Un supuesto, vertido por el empleado del sector bancario que escribe para Ámbito financiero, Olivera Doll. Fábrega estaría convalidando la suba de tasas de interés (los plazos fijos, dicen, ya se ofrecen con 20%) lo cual junto con la demanda de dólares (en el oficial y en el paralelo) le absorbe liquidez al sistema bancario, que se queja de que también pierde volumen en sus cuentas a la vista. Pero a pesar de esto, en un ataque tremendo a la rentabilidad el sector bancario, Fábrega le subiría la apuesta al plan Marcó del Pont, con la intención de ampliar las líneas de créditos productivos con bajas tasas de interés a un volumen de 55.000 millones de pesos (hoy anda en 40 mil millones). Esto encarecería seguramente la fuente de fuertes ganancias de los bancos, es decir, los préstamos al consumo de corto plazo y la financiación de saldos de tarjeta de crédito. Un ajuste ortodoxo contra el consumo de los sectores medios y altos, pero tratando de compensar para que no se afecte el empleo, buscando una nueva tasa de interés de equilibrio. Absorberle liquidez al sistema es también intentar restarle demanda al blue. Esto no está del todo mal. Es una especie de ajuste monetario, pero direccionado, administrado, y con intenciones progresivas en materia distributiva (esto va especialmente dirigido a nuestro buen comentarista Esteban, que ayer mencionaba algo relacionado con este asunto). Nuestro héroe nacional y popular, resulta ser el presidente del Banco Central. El kirchnerismo va a quedar en la historia sin lugar a dudas, para bien y para mal.
La última cuestión novedosa (también hipotética) es la Letra en pesos, endosable una sola vez, atada a la evolución del tipo de cambio oficial (exportador-importador) que podrán suscribir las cerealeras, y usar como medio de pago a los productores. Esto serviría para incentivar la liquidación actual de los saldos de cosecha (modificar los inventarios, diríamos, liquidando stocks guardados en silobolsas) anulando el riesgo a no aprovechar una devaluación. Esperan sumar 2000 millones de dólares, aportados por las cerealeras por prefinanciación en el extranjero (dólares que adelantan de algún modo de la liquidación futura, aunque como aspecto positivo liberarían un poco de crédito en pesos del mercado interno para que la suba de tasas de la que hablábamos antes no tenga un impacto tan restrictivo).
Esto implica, también, dos cosas. Por un lado, el Central reconoce que va a seguir modificando el tipo de cambio al alza si es necesario, pero de manera gradual (al Central tampoco le convendría una devaluación brusca, si tiene que pagar estas Letras)
Por el otro, todo el síntoma de que estamos ante el intento de armar una nueva tablita de previsibilidad cambiaria, ante la cual los equilibrios dependen de hilitos muy finos.
Por lo pronto, también se confirmaría que hay previsión de ingreso extraordinario de divisas, y no es todo "lleguemos a abril como sea".
jueves, 5 de diciembre de 2013
Dólar y precios
La idea de las nuevas autoridades económicas es más o menos clara.
Por un lado, el Central sigue vendiendo dólares (y perdiendo reservas) a precio administrado en el mercado oficial. Un mercado que abarca al tramo exportación-importación, y pocas operaciones marginales más. De todas maneras, la cantidad de reservas que el Central pierde es acorde al volumen del subsidio cruzado que intenta darles a los que están en condiciones de demandar dólares oficiales, o sea los importadores, en detrimento de los que liquidan obligatoriamente dólares, es decir los exportadores, con la idea de no perjudicar más el poder adquisitivo de los que cobran ingresos en pesos haciendo más fuerte la devaluación.
En ese sentido, el ritmo de la devaluación se acelera rápidamente. El dólar oficial ya está en 6,20. Es eso lo que le cuesta a cada importador adquirir cada dólar aplicado a la compra de bienes de capital, insumos o bienes de consumo importados. Todavía es barato, sugiere el comportamiento de "los mercados".
Permitir una devaluación mayor, sin embargo, es permitir que por la vía de todos los elementos importados que componen el circuito productivo en Argentina se haga un traspaso a precios que acelere la inflación y con ella la caída del poder de compra de los salarios.
Me permito disentir parcialmente con esta apreciación. Porque creo que una buena parte del traspaso ya sucedió, a los valores del blue. Parte de los costos de la devaluación ya fueron decididos con la suba del blue. Sin embargo, no es despreciable el efecto que tendría en precios los variados incrementos que no fueron descontados con la suba del blue: precios de energía importada, por ejemplo.
Digamos, entonces que por esta vía no es tan dramático acelerar la devaluación como se lo pinta, pero tampoco tan inocuo.
Después está el otro aspecto, el de la exportación. Principalmente el efecto en las materias primas para alimentos. La suba de la cotización del dólar, hace subir directamente el valor en pesos de los commodities. El traspaso a alimentos es infrenable en este ítem.
De manera tal que la devaluación administrada (y por mejor administrada que sea, que no sabemos si es el caso) tiene efectos desagradables (parcialmente en diferido) para el bolsillo de los que cobramos ingresos fijos en pesos.
Por el otro lado, el gobierno unificó un nuevo tipo de cambio sin oficializar el desdoblamiento. Con la suba al 35% del recargo de AFIP para compras con tarjeta en el exterior o adelantos o compra de dólares para turismo, se conformó un tipo de cambio turístico de 8,35 aproximadamente. Quedan afuera todavia los dólares que ingresan por turismo, que siguen surtiendo al mercado del blue.
Y a eso se suman un par de operaciones con bonos que tienden a bajar el "contado con liquidación". La ANSeS tiene en su poder una muy buena cantidad de bonos del estado nominados en dólares que cotizan también en Nueva York. ANSeS maneja la oferta de estos bonos, o sea que puede influir directamente con su accionar sobre el precio de los mismos.
Entonces, una empresa que los compra acá en pesos, a 8,40 por dólar, los transfiere a Nueva York y los cambia por dólares allá. Estas operaciones son las que llevan a cabo las empresas para remitir utilidades al exterior, cosa que no pueden hacer por la vía del Mercado Único Libre de Cambios (el oficial, reservado a exportadores-importadores).
Por la forma en que expresamente el Gobierno decidió tratar de alinear las cotizaciones de los bonos en dólares y la cotización del "dólar tarjeta", podemos suponer que lo que se intentó hacer es virtualmente crear un tipo de cambio diferenciado para turismo y operaciones financieras, que hoy rondaría la cotización de 8,40.
Y a esto se suman las intenciones muy efectivas durante unos días, pero que parece que dejaron de serlo en estos últimos, de ahogar el mercado del dólar blue por el lado de la demanda. Es decir, dando opciones más baratas de adquirir dólares a aquellos que los puedan demandar en mayor medida.
Hoy por hoy, la brecha entre el blue y este nuevo dólar turístico financiero que opera de hecho no es tan amplia y me imagino que la idea de las autoridades es eliminarla de a poco, ahogando, repito, las operaciones en el mercado paralelo.
Quiero creer que habrá comprometido un ingreso de divisas importante que apuntale las reservas, antes del ingreso de dólares de la cosecha, para abril.
Pero...puede fallar, y en ese caso la pérdida de reservas puede ponerse peligrosa.
En fin, más allá de la efectividad que puedan tener todas estas cuestiones, es innegable que estas medidas, sumadas a los diagramas de política fiscal más austera y de tácticas de absorción por parte del Banco Central de los pesos emitidos en este mes a través de la suba de tasas de interés (covalidando subas en las tasas que les paga a los bancos para que esterilicen pesos comprando NOBAC y LEBAC) son medidas de carácter ortodoxo.
Y uno las puede entender. Algunas de esas pueden corregir alguna inequidad distributiva, como son hoy los subsidios a los servicios públicos en Capital y GBA.
Pero si no hay algún mecanismo de compensación para los sectores de menores ingresos, como puede ser una duplicación del monto de las asignaciones, más un medio aguinaldo extra para jubilados, la verdad es que la cosa se pone muy difícil de justificar hasta para los que tenemos las mejores de las intenciones, y la paciencia más extendida.
Por un lado, el Central sigue vendiendo dólares (y perdiendo reservas) a precio administrado en el mercado oficial. Un mercado que abarca al tramo exportación-importación, y pocas operaciones marginales más. De todas maneras, la cantidad de reservas que el Central pierde es acorde al volumen del subsidio cruzado que intenta darles a los que están en condiciones de demandar dólares oficiales, o sea los importadores, en detrimento de los que liquidan obligatoriamente dólares, es decir los exportadores, con la idea de no perjudicar más el poder adquisitivo de los que cobran ingresos en pesos haciendo más fuerte la devaluación.
En ese sentido, el ritmo de la devaluación se acelera rápidamente. El dólar oficial ya está en 6,20. Es eso lo que le cuesta a cada importador adquirir cada dólar aplicado a la compra de bienes de capital, insumos o bienes de consumo importados. Todavía es barato, sugiere el comportamiento de "los mercados".
Permitir una devaluación mayor, sin embargo, es permitir que por la vía de todos los elementos importados que componen el circuito productivo en Argentina se haga un traspaso a precios que acelere la inflación y con ella la caída del poder de compra de los salarios.
Me permito disentir parcialmente con esta apreciación. Porque creo que una buena parte del traspaso ya sucedió, a los valores del blue. Parte de los costos de la devaluación ya fueron decididos con la suba del blue. Sin embargo, no es despreciable el efecto que tendría en precios los variados incrementos que no fueron descontados con la suba del blue: precios de energía importada, por ejemplo.
Digamos, entonces que por esta vía no es tan dramático acelerar la devaluación como se lo pinta, pero tampoco tan inocuo.
Después está el otro aspecto, el de la exportación. Principalmente el efecto en las materias primas para alimentos. La suba de la cotización del dólar, hace subir directamente el valor en pesos de los commodities. El traspaso a alimentos es infrenable en este ítem.
De manera tal que la devaluación administrada (y por mejor administrada que sea, que no sabemos si es el caso) tiene efectos desagradables (parcialmente en diferido) para el bolsillo de los que cobramos ingresos fijos en pesos.
Por el otro lado, el gobierno unificó un nuevo tipo de cambio sin oficializar el desdoblamiento. Con la suba al 35% del recargo de AFIP para compras con tarjeta en el exterior o adelantos o compra de dólares para turismo, se conformó un tipo de cambio turístico de 8,35 aproximadamente. Quedan afuera todavia los dólares que ingresan por turismo, que siguen surtiendo al mercado del blue.
Y a eso se suman un par de operaciones con bonos que tienden a bajar el "contado con liquidación". La ANSeS tiene en su poder una muy buena cantidad de bonos del estado nominados en dólares que cotizan también en Nueva York. ANSeS maneja la oferta de estos bonos, o sea que puede influir directamente con su accionar sobre el precio de los mismos.
Entonces, una empresa que los compra acá en pesos, a 8,40 por dólar, los transfiere a Nueva York y los cambia por dólares allá. Estas operaciones son las que llevan a cabo las empresas para remitir utilidades al exterior, cosa que no pueden hacer por la vía del Mercado Único Libre de Cambios (el oficial, reservado a exportadores-importadores).
Por la forma en que expresamente el Gobierno decidió tratar de alinear las cotizaciones de los bonos en dólares y la cotización del "dólar tarjeta", podemos suponer que lo que se intentó hacer es virtualmente crear un tipo de cambio diferenciado para turismo y operaciones financieras, que hoy rondaría la cotización de 8,40.
Y a esto se suman las intenciones muy efectivas durante unos días, pero que parece que dejaron de serlo en estos últimos, de ahogar el mercado del dólar blue por el lado de la demanda. Es decir, dando opciones más baratas de adquirir dólares a aquellos que los puedan demandar en mayor medida.
Hoy por hoy, la brecha entre el blue y este nuevo dólar turístico financiero que opera de hecho no es tan amplia y me imagino que la idea de las autoridades es eliminarla de a poco, ahogando, repito, las operaciones en el mercado paralelo.
Quiero creer que habrá comprometido un ingreso de divisas importante que apuntale las reservas, antes del ingreso de dólares de la cosecha, para abril.
Pero...puede fallar, y en ese caso la pérdida de reservas puede ponerse peligrosa.
En fin, más allá de la efectividad que puedan tener todas estas cuestiones, es innegable que estas medidas, sumadas a los diagramas de política fiscal más austera y de tácticas de absorción por parte del Banco Central de los pesos emitidos en este mes a través de la suba de tasas de interés (covalidando subas en las tasas que les paga a los bancos para que esterilicen pesos comprando NOBAC y LEBAC) son medidas de carácter ortodoxo.
Y uno las puede entender. Algunas de esas pueden corregir alguna inequidad distributiva, como son hoy los subsidios a los servicios públicos en Capital y GBA.
Pero si no hay algún mecanismo de compensación para los sectores de menores ingresos, como puede ser una duplicación del monto de las asignaciones, más un medio aguinaldo extra para jubilados, la verdad es que la cosa se pone muy difícil de justificar hasta para los que tenemos las mejores de las intenciones, y la paciencia más extendida.
sábado, 30 de noviembre de 2013
Reservas
Esta entrada es una especie de homenaje a Néstor Kirchner, con el laconismo y la falta de "timming"que solemos usar para los homenajes. Perdón, no sabemos de otra forma.
Es el de la neutralización de los golpes de mercado.
Los "golpes de mercado" son acciones especulativas que actores con capacidad de fuego importante en materia financiera desatan contra los intereses de otros actores para obtener ganancias extraordinarias en escaso lapso.
Las condiciones de posibilidad para que estos acontezcan son tres: cierto nivel de cartelización de los especuladores que les permite actuar de forma mancomunada, un tráfico diferenciado de información para los diferentes segmentos de afectación (no es lo mismo de lo que se enteran las máximas autoridades del banco que sus clientes, y de acuerdo a la envergadura de éstos, tampoco se enteran de lo mismo entre sí, por ejemplo) y alguna debilidad en la estructura de la economía de un país, visualizada y aprovechada para el desarrollo de las acciones especulativas que se transforman en corridas.
Los ámbitos de aplicación pueden ser dos, también: el mercado financiero o la economía real. Las corridas cambiarias o bancarias y las estampidas de precios.
Siempre, estas situaciones se suben al caballo de la persistencia en algún error, forzado a veces por el devenir de los hechos, en la administración de las variables.
Pero sabemos también que la eliminación total del error o la anomalía es una imposibilidad.
En definitiva, cualquier esquema económico es susceptible de ser operado por la especulación, que es el comportamiento natural de los agentes ávidos de maximizar réditos (y también de distribuir perjuicios para el resto: la afectación de ingenuidad o la justificación de "y si vos fueras banquero qué harías?", conmigo no va; no soy banquero, no sé si con eso queda respondida la pregunta).
Bueno, en esas lides, no sé si habrá en la historia de América Latina un gobierno que haya respondido con tanto nivel de éxito (el éxito nunca es total en la guerra) a la cantidad de corridas y estampidas de todo tipo que tuvo que enfrentar, como el kirchnerismo.
Hay un factor: es fácil neutralizar las corridas dándoles a quienes te sugieren o amenazan todo lo que piden, incluso el manejo directo de las palancas de la economía. Menem lo hizo (después de que lo disciplinaran un cachito en el 90). El tema es cuando no les das todo lo que quieren, sino un poco (tampoco exageremos, la utópica "nada" no existió por estos lados).
En 2008, por ejemplo, cuando Redrado tuvo que inundar la plaza de dólares a costa de perder reservas, pero consiguió bajar el dólar unos 30 centavos, para hacerles ver a las cerealeras que en esas condiciones había más para perder que para ganar. Lo hizo a regañadientes, por orden de Néstor, de quién no se privaba de decir que estaba loco.
O la de 2011, post elecciones, que recordó Guillermo Moreno en su discurso de despedida, éxito por el cual quedó resuelta su continuidad en el gobierno, cuando ya casi estaba decidida su salida (ahí puede ir Prat Gay a buscar a los responsables de la estadía de Moreno en el gobierno; los tiene cerca).
O las posteriores que derivaron en las medidas que se conocieron finalmente como "cepo cambiario", después de que fracasara el intento de Cavallo y Stolbizer de compararlo con el corralito. El original, el de ellos.
Y antes en 2009, cuando el fin de las AFJP, con el trotecito bancario más grandilocuentemente (pre)anunciado por el noticiero del 13 (le mandamos un besito a la esposa del gerente de noticias del canal). Y ahora en 2013. Etcétera.
Néstor Kirchner, dicen, llevaba un registro manual de la evolución de las reservas, día a día. Había recibido un banco central casi vacío, con unos 6 mil millones de dólares (no había para pagar los vencimientos de deuda de un año y el FMI cortó los créditos, por eso el gesto "libertario" de Rodríguez Saá de suspender el pago de la deuda; pero lo usaron de chivo expiatorio, pobre, los mismos banqueros que lo habían puesto ahí para dar las malas noticias como buenas). Y las llevó en algún momento a los 50 mil millones de dólares. Pagando los vencimientos de deuda (y el stock al FMI) sin refinanciar nada, y con apenas dos emisiones de BODEN, suscriptas por nuestro único prestamista externo: Venezuela.
Tenía, dicen, una obsesión con el tema.
Hoy, después de arduos combates de éxito dudoso, la situación de las reservas internacionales es la más floja de todo el período. Es imperioso recomponerlas. Como sea. Y cuando se dice como sea, es como sea. Y para eso hay que hacerse de los dólares físicos o futuros que permitan cerrar el programa financiero del 2014, sin volver a armar un fondo de desendeudamiento, que este año 2013, junto con otras variables de la economía, le costó al Central más de 10 mil millones de dólares.
Ese es el objetivo principal, impostergable. Recomponer reservas.
Para no perder el capital económico, que es también un importante capital político, aunque a veces parezca que no se nota.
El de pasar a la historia como el gobierno que desterró de la Argentina el fantasma del golpe de mercado.
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Vindicación del nuevo equipo económico (un acto de fe)
Nosotros venimos insistentemente tratando de ofrecer algunas explicaciones que por un lado aporten al trazado de algunas líneas de continuidad coherentes que conviertan a las medidas salteadas que va tomando el gobierno en la actualidad en un "giro ortodoxo" (concepto que elegimos con escaso rigor estético ni científico), y por el otro lado oficien como una justificación desde la racionalidad que dirige las decisiones (independientemente de los posicionamientos ideológicos o tácticos).
Partimos de una base: muchas de las cosas que se deciden hoy marcan un claro contraste con consignas que tendieron a convertir ciertos pragmatismos en dogmas, en épocas más dulces del relato kirchnerista,
Provocados por las preguntas de un querídisimo amigo nos lanzamos entonces a escribir con pretensiones de mayor seriedad, aunque en la misma tónica de lo que lo veníamos haciendo.
Dichas preguntas son: ¿Y cuál es el sujeto social? ¿A qué parte de los argentinos beneficia? ¿Para qué? ¿Por qué?
El nudo central de toda la complicación que se expresa en la actualidad de la economía argentina es el tipo de cambio.
La reversión de un proceso de ingreso de divisas superior al demandado que ponía al BCRA en la obligación de absorber dichas divisas comprándolas con pesos emitidos, parte de los cuales eran posteriormente esterilizados, pero que así y todo esto promovía ciertos desequilibrios que en conjunción con un crecimiento de la actividad productiva y la incitación al consumo que significaban por un lado las bajas tasas de interés, la alta liquidez y la capitalización de la misma por amplios sectores sociales con consumo atrasado provocaba la emergencia de ciertas presiones inflacionarias que a duras penas encontraban algún dique.
Ese proceso murió: no tanto como se preveía por el factor exógeno de la reducción de liquidez de dólares en el mundo (los términos de intercambio siguen siendo buenos y las tasas de interés bajas), sino porque algunos desequilibrios operados por la incoherencia en el funcionamiento de distintos estamentos de gobierno así lo determinaron.
Así, mientras se aumentaba el ritmo de emisión monetaria y había una inflación de 25% se mantenía con escasas variaciones el tipo de cambio nominal y el consiguiente abaratamiento del dólar en la plaza local se combatía restringiendo cualquier válvula de escape de los excedentes de pesos sin acertar con la implementación de herramientas de ahorro en pesos que suplieran lo que la compra de divisas para atesoramiento o las importaciones o las remisiones de utilidades hacían.
Ojo, no digo que fueran esas medidas improcedentes, sino que no consiguieron aceitarse coherentemente para que los pesos que sobraban en algunas carteras no provocaran explosiones, o al menos se dejara de surtir de pesos esas carteras atiborradas.
La consecuencia de todo esto fue que la economía argentina empezó a demandar más dólares de los que podía hacer ingresar. Y las arcas del banco central que durante varios años se habían ido llenando de dólares tuvieron que responder ante esta situación.
Digámoslo de esta manera: se llegó a un punto de fuertes presiones devaluatorias, para las cuales las herramientas con las que la autoridad monetaria había sabido contenerlas durante unos años, ya no estaban tan fuertes ni eran tan inexpugnables como antes.
La dicotomía que se plantea entonces para el administrador del tipo de cambio es la devaluación brusca que el mercado incita, la resistencia a la misma generando incluso ciertos problemas en cuanto a sobre-apreciación cambiaria, y cuando ya no da más, la formación de una brecha cambiaria especial para la sustracción de excedentes productivos volcados a la especulación.
En este contexto, hay la posibilidad de que se produzca una devaluación brusca, si la autoridad monetaria cede ante las tendencias del mercado, hasta que la oferta y la demanda de divisas se equilibre en otro valor, más alto, del dólar. Supondría esta opción una transferencia de ingresos brutal, en contra de aquellos que percibimos ingresos fijos en pesos. Nada que no sepamos.
Ahora, la voluntariosa postura de la autoridad monetaria de resistir esta tendencia de mercado, también comporta peligros gigantescos: por un lado la pérdida de reservas, vendidas a precio vil a los demandantes (ahorristas, empresas que remiten utilidades o dolarizan excedentes por las dudas, turistas argentinos en el exterior, etc.) en un subsidio indirecto dado a agentes económicos con importante capacidad de acumulación. Por otro, si el proceso inflacionario continúa y el tipo de cambio nominal se mantiene fijo o se devalúa a un índice menor a la inflación, se produce una apreciación real del tipo de cambio que sostenida en el tiempo se puede terminar de comer el colchón de competitividad cambiaria, con riesgos grandes para la producción y el empleo, y más primarización (más todavía!!!!) del aparato productivo, con un sector primario integrado al mercado global y desintegrado internamente.
Y si vamos un poco más allá, hasta podemos imaginarnos la resignación en el mediano plazo a un esquema de sobreapreciación cambiaria en el cual los dólares resignados por vía comercial (a partir de que lo importado es más barato que lo nacional, mientras que lo que exportamos tiene por la cuestión del precio también menos demanda) deban ingresarse por la cuenta financiera de la balanza de pagos, es decir, a través de fuerte endeudamiento tanto público como privado, tanto por la vía del crédito como de la inversión, dejando a la economía sobre expuesta a los vaivenes del ritmo financiero global, factor exógeno, imposible de manejar con las palancas de la administración estatal.
De manera tal que en este abanico de posibilidades francamente hostiles para los argentinos con ingresos fijos en pesos, ya sea por pérdida de poder adquisitivo (devaluación), ya sea por riesgo de pérdida de empleo (y pérdida de poder adquisitivo en el largo plazo por reducción de salarios a partir de la aparición del "ejército laboral de reserva") y austeridad fiscal, el gradualismo para evitar cualquier brusquedad, la combinación de herramientas propias de las distintas "soluciones" y el aprovechamiento de algunos márgenes que existen es una variante menos grave, tal vez.
Así, podemos promover cierto ingreso de divisas por cuenta financiera, vía toma de créditos o vía facilitación de inversiones, pero al mismo tiempo aceleramos la devaluación del tipo de cambio mientras usamos herramientas financieras para bajar el paralelo de modo que la brecha se achique y por ahí termine desapareciendo pero nunca cediendo a la devaluación brusca que espera el "mercado" (por no decirles por su nombre: los grandes exportadores de granos, Techint y Aluar), y hacemos un poco de disciplina fiscal aumentando las tarifas netas que pagan algunos usuarios privilegiados de distritos privilegiados del país hoy subsidiados en unos 200 mil millones de pesos anuales, lo cual absorbería algunos recursos monetarios que hoy solamente embolsan los bancos, y a esto lo matizamos con la revisión de los balances (acción legitimada gracias a acciones que llevó a cabo Guillermo Moreno en su gestión) para evaluar costos y márgenes de rentabilidad., todo lo cual relajaría las presiones inflacionarias para que la aceleración de la devaluación no se traslade demasiado rápidamente a costos y se coma la escueta competitividad cambiaria obtenida por uan módica y gradual modificación del tipo de cambio.
Es decir, y resumiendo, en lugar de tomar dos cucharadas de uno sólo de los horribles remedios, tomar una y una, para tratar de algún modo de que se neutralicen entre sí los más nocivos de los efectos colaterales.
Estamos en el subóptimo. No se viene una jauja redistributiva. Pero no son tampoco despreciables los indicios de que el hambre de ajustes no es voraz, y que impactarán parcialmente sobre todos los sectores sociales, sobre todos los agentes de la economía y lo más levemente que se pueda, y no solamente sobre los asalariados y de manera brutal.
martes, 26 de noviembre de 2013
La entrega continúa
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| La izquierda que no baja las banderas |
- Kicillof había dicho que no había que pagarle nada a Repsol. Y ahora le pagan. El gobierno cambió. Giró a la derecha.
Ahora, según la ley que rige las expropiaciones en Argentina el procedimiento exige que se pague una indemnización acorde a lo que determine un tribunal de valuación de los activos. Así que más allá de los fuegos de artificio, las técnicas de negociación y los márgenes que la falta de urgencia permiten para patear para adelante, nunca estuvo en duda que Argentina se sometía a la orden de pago de una indemnización, conforme a lo que dice el contrato social vigente. En las negociaciones se puede decir cualquier cosa con el fin de pagar lo menos posible. No se animó el gobierno, sin embargo, a presionar al tribunal para que validara la existencia de un vaciamiento de la empresa por el cual se mereciera pagar una indemnización simbólica de un peso. De todos modos, la situación no prosperaba en el CIADI, y había motivos para esperar juicios sumarios en ese tribunal (y en otros informales, con consecuencias parecidas a la virtual prohibición de ingreso de biodiesel argentino a la UE).
-Repsol había iniciado acciones legales por 20 mil millones de dólares.
De alguna manera, Repsol también cambió. En este caso giró a la izquierda. Porque desistiría de cualquier reclamo judicial a cambio de apenas un 25% de lo que reclamó en un principio (sin contar las acciones que iba a desatar contra empresas que se asociaran a YPF en emprendimientos que se desarrollaran sobre áreas de explotación que Repsol-YPF tenía concesionadas). Y encima lo más probable es que una mínima parte de ese monto se lo liquiden en efectivo. La mayor parte será en bonos. O en acres. Y ahí pasamos al nuevo tema.
-Con el acuerdo se daría un paso más en la "re-privatización" de YPF. Una re-privatización que toma como ejemplo a la chavista PDVSA de Venezuela (de hecho, las SA que siguen a las PDV en la sigla no significan otra cosa que sociedad anónima). O sea, el estado mantiene en su poder más de la mitad de las acciones de la sociedad, el resto está abierto a la incorporación de capitales privados (que hacen aportes de capital, y lógicamente adquieren con ello el derecho a cobrar una parte de las utilidades, según lo que decida el directorio sobre reparto de dividendos). Eso, en todas partes del mundo, es conocido como empresa estatal. En un rubro como los hidrocarburos solamente existen este tipo de sociedades anónimas, con control estatal y participación privada.
Siguiendo con el modelo de PDVSA o Petrobras, además, YPF emprende un camino de captar inversiones a partir de la formación de joint-ventures con compañías extranjeras, lo cual supone una transferencia de tecnología actualmente no disponible en el país para explotar los activos con los que cuentan hoy las provincias, concesionados a YPF. Por supuesto, los dividendos de estas joint-ventures se repartirán proporcionalmente a la participación de capital que corresponda a cada empresa. Digamos, es cierto que no es el exitoso modelo de la URSS, pero está en línea con los planteos de mayor participación estatal en el mundo hoy. Teniendo en cuenta que Argentina tenía 0 (cero) participación estatal en empresas del sector hace 2 años nada más, que hoy maneje la compañía más grande del país, en franco crecimiento y expansión es algo.
Lejos todavía de la revolución que plantea Bergoglio (que desde que está en el Vaticano nos corre a todos por izquierda).
-Carlos Pagni imagina escenarios, mezcla información difusa, hace elucubraciones de variado tipo.
Disimula de esa forma su fracaso estrepitoso en el vaticinio de la suerte del país en el frente externo.
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