jueves, 11 de octubre de 2012

La pesificación de los vencimientos de deuda


Una pantomima exagerada se hizo respecto de los bonos provinciales y la pesificación de los pagos de vencimientos.

Ahora el Banco Central salió a garantizar que se pagarán en dólares los vencimientos de bonos emitidos bajo legislación extranjera, y se calmaron un poco los ánimos.

La cuestión no es tan complicada: en el caso de los bonos chaqueños (hay de otras provincias en la misma situación) seguirán nominados en dólares. Aclaremos bien: no se pesifican los bonos, que siguen nominados en dólares. Se pesifica la liquidación de los vencimientos, al tipo de cambio oficial del momento.

O sea, a los fines para los cuales un ahorrista los demanda, estos bonos de circulación interna siguen dando la misma prestación: son un seguro de cambio. Digamos: yo tengo un ahorro, y tengo miedo de que una devaluación me lo licúe. Compro entonces, con pesos, bonos nominados en dólares, que pagan un interés y tienen un rendimiento implícito mayor al de un plazo fijo en dólares (que aparte hoy no me los dejarían comprar). Y me cubro de ese modo del riesgo de una devaluación.

Que la liquidación se haga en pesos no altera el proceso. Ya que salvo que el ahorrista tenga una fijación fetichista con el billete verde, se supone que después de la liquidación seguirá resguardando sus ahorros, refugiándose en inversiones de las mismas características, cuyas operaciones debe hacer en pesos. O usará esa plata en la compra de algún bien. Para ninguna de esas cosas son necesarios los dólares físicos. Las operaciones de compra y venta de títulos, sean estos nominados en la moneda que sean, se hacen obligatoriamente en pesos, desde siempre. A tal punto que si vas al banco con una valija de dólares para invertir en bonos de deuda (BODEN 15, ponele, que son nominados en dólares y bajo legislación extranjera) te obligan a venderlos, y depositar los pesos resultantes de la venta, para después hacer la operación de compra, que lleva unas 48 o 72 horas hasta que se oficializa. Y si vendés los bonos antes del vencimiento porque necesitás la plata o querés hacer otra inversión que considerás mejor, vas a cobrar en pesos, por más que los bonos estén nominados en la moneda que sea.

Pero hay una diferencia dada con los bonos emitidos bajo legislación extranjera (o sea, yanqui). Esos bonos son los que se usan para las operaciones de fuga de dólares, conocidas como "contado con liquidación". Los pagos de esos vencimientos no pueden pesificarse, ya que en ese caso se estaría violando la ley bajo la cual se hizo la emisión, de modo que el deudor (en este caso el Estado argentino o el provincial) quedaría expuesto a demandas de los acreedores.
En ese hipotético caso sí podría hablarse de "default". No así en el caso de Chaco, a pesar de que algunas calificadoras de riesgo hicieron el infructuoso intento.

Decíamos: los bonos emitidos bajo legislación extranjera se usan para fugar dólares. El haber sido emitidos bajo esa legislación garantiza a los suscriptores que cumplen (los bonos) con los requisitos de la SEC (la comisión de valores yanqui), por lo cual cotizan en Nueva York, y se pueden vender en esa plaza, lugar donde sí las operaciones de compra-venta se realizan en dólares, como es lógico. Ahora bien, si uno quiere vender esos bonos en la plaza local antes de su cancelación definitiva, va a cobrar pesos, no dólares. Recibirá dólares solamente si espera al vencimiento.

Una nota respecto del "contado con liquidación". La cotización del dólar para la compra de bonos es superior a la oficial. Además tanto para la operación de compra como de venta hay que pagar comisión al banco o a la sociedad de bolsa que haga las transacciones. Y tener una cuenta custodia en la sucursal estadounidense del banco. Es decir, este inversor paga por llevarse los dólares del país. No son operaciones  (las de fuga legal) para ahorristas comunes y corrientes. Que en cambio sí pueden invertir en bonos (sin fugarlos) para resguardar sus ahorros e incluso ganar plata. Los montos mínimos de la compra son bajos, y mantener una cuenta custodia no es caro.

Pero volviendo al tema de los bonos chaqueños, la verdad es que no hay ninguna situación que amerite hacer ningún escándalo, ni hay indicios para pensar que el Estado vaya a incumplir ningún compromiso, ni nada de eso. De hecho, no sé si hay un deudor más puntual que el Estado Nacional argentino, que para noviembre de 2012, ya tenga garantizados los billetes con los cuales hará los pagos correspondientes hasta diciembre de 2013.
Lógico que también es sensato pensar que ningún estado tendrá la finalidad de facilitar la fuga de divisas ni el negocio rápido de cobrar en el oficial y vender en el paralelo cuando el spread entre una y otra cotización es tan alto como en la actualidad. Y por eso se pesifican todos los vencimientos que se pueda pesificar.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Argentina : la batalla por las palabras


Por Rafael Palacios*


Un buen amigo me enviaba el artículo “La ocupación del lenguaje” cuyos autores son Gonzalo Abril, María José Sánchez y Rafael R. Tranche. En él, se ponen al descubierto las estrategias empleadas por la derecha y el neoliberalismo para fortalecer su poder político y económico, y lograr la imposición de su hegemonía cultural. Argentina es, sin duda, uno de los escenarios clave donde la derecha está escenificando, sin ningún tipo de disimulo, esta durísima batalla. Veamos algunos ejemplos tomando como guía el artículo citado.
Asistimos a la permanente “creación y propagación de conceptos” intencionadamente superficiales, imprecisos, fuera de contexto o directamente falsos que persiguen instalarse e incorporarse al lenguaje: “cepo cambiario”, “no se puede viajar al extranjero”, “apoyan al gobierno porque se benefician de algún plan”, “hay más inseguridad que nunca”, “la inflación está descontrolada”, “la sociedad está enfrentada”, “no hay libertad de expresión”, “no hay libertad”, “estamos en una dictadura” o “no tenemos miedo”.
Usando “un método de argumentación basado en la simpleza y la comprensión inmediata”, “la construcción de marcos de sentido” y “la moralización del discurso público” los voceros a sueldo de la derecha y el neoliberalismo se sitúan en una falsa equidistancia, neutralidad e independencia, “no somos de izquierda ni de derecha”, “no somos K ni anti K”, y su discurso siempre se realiza “desde el sentido común” en la búsqueda del “interés colectivo” y del “servicio a la patria” dispuestos a “defender la libertad y la democracia” aún cuando ello signifique “sacrificios y renuncias”. A partir de aquí, “su realidad” es la única posible y no admite interpretaciones ni debates. Las personas “buenas, decentes, normales, trabajadoras, patriotas” estarían obligadas a compartir sus postulados y cualquier cosa que diga o haga el gobierno irá en contra de la libertad, la democracia, la convivencia y, lo que es más grave, “el sentido común”.
Hay un evidente intento de “usurpación de la terminología del oponente” y de apropiación de la identidad política de la izquierda y los sectores más progresistas. Llega a resultar indignante ver representarse como garantes de la democracia, la libertad, el diálogo, la igualdad, la libertad de expresión, la convivencia o la seguridad a quienes callaron, se beneficiaron, fueron cómplices necesarios o ejecutores de la dictadura militar, de la desaparición de miles de ciudadanas y ciudadanos, de la corrupción generalizada o del desastre económico en Argentina.
  
Al mismo tiempo, se lleva a cabo una permanente “estigmatización de determinados colectivos” criminalizándolos, desprestigiándolos, agrediéndolos e insultándolos. Mostremos dos realidades. Las y los estudiantes que “toman escuelas” son acusados de hacerlo porque “no quieren estudiar”, “se oponen al diálogo”, “no quieren ir a clase”, “están manipulados políticamente”, “son irresponsables”, “ponen en peligro la educación pública” o “están llevando a cabo una medida violenta e ilegal”. De la misma forma, las personas más empobrecidas que apoyan al gobierno actual son señaladas de hacerlo porque “se benefician de planes”, “son unos vagos”, “son ignorantes y los manipulan” o “les regalaron terrenos para hacer viviendas”.
A esta altura casi es innecesario denunciar la “táctica de orquestación” empleada y la utilización “del poder amplificador de los media” con el objetivo de desestabilizar. Es impresionante ver como se repiten las mismas consignas en todos los espacios y lugares posibles, ya sea una universidad extranjera, un programa de televisión, el titular de un periódico o un motín. Detrás del disfraz de estudiante en USA, de periodista independiente o de economista objetivo se esconde en muchos casos una derecha insaciable de dinero y poder, llena de rencor ante sus fracasos de los últimos años y su incapacidad para encontrar un líder presentable o armar una oferta electoral creíble.

* Asturiano. Máster Universitario en Género y Diversidad y Diplomado Universitario en Ciencias Empresariales.

jueves, 4 de octubre de 2012

Apuntes desordenados

Bueno, tenemos un problema que hasta el martes no figuraba en la agenda de nadie, y hoy ocupa prácticamente la totalidad de la agenda política: los salarios de los integrantes de las fuerzas de seguridad.

Un problema que tiene raíces estructurales. Qué queremos decir con esto?
La actual escala salarial es básicamente un quilombo, a partir de arreglos, retoques sucesivos que a lo largo de los años se fueron haciendo, entre otras cosas para no distribuir beneficios salariales adicionales entre los retirados de las fuerzas, pero principalmente para evitar mayores erogaciones fiscales.
El tema es que esos pagos adicionales, no remunerativos (que se expanden por todas las dependencias estatales) abrieron la puerta a los reclamos judiciales. Y los fallos consiguientes obligaron a disponer soluciones individuales, que tarde o temprano debían trasladarse al total de la escala salarial, para cerrar además, la vía judicial.
Ahora, está bien, había que tratar de darle un cierre al asunto. Pero lo que cualquier tarado sabe es que con el sueldo no se jode. Y en este caso, jodieron.

El tema, ahora, es que ya no parece posible volver a la proliferación de conceptos no remunerativos compensatorios. Y hacer un reconocimiento salarial pasando a remunerativos los conceptos no remunerativos de Prefectura y Gendarmería, por ejemplo, insumiría para el año próximo una suma de 5.000 millones de pesos, según los cálculos apurados que algunos divulgan por ahí, en concepto de cargas de seguridad social. Para que veamos la magnitud, son cuatro años de Fútbol para todos.
Esta situación, trasladada al resto de las fuerzas, se haría inviable. Ni hablemos si lo difundimos entre la totalidad de los trabajadores estatales. No alcanzaría ni "gravando la renta financiera", muchachos del progresismo.

Por todo esto, vale decir que si no había un problema, y ahora lo hay, en un ámbito tan delicado, es efectivamente porque alguien cometió un error grave. Y en estos casos, los errores graves se pagan con la renuncia.

Si hasta puede ser, como dejó entrever Abal Medina, que haya habido alguna mala intención de parte de quién liquida los haberes para que se armara la podrida. Y, bueno, hacemos el gesto de absorber la liquidación de haberes de las fuerzas, sacándoselas a ellas mismas, que se autoliquidaban haberes. Pero el nudo no es ese.

Además, por ahí pareció exagerado el planteo acerca de la posibilidad de un golpe. Pero creo que no estuvimos tan lejos de que la cosa se complicara mucho. Al mediodía parecía que se venía la noche. Se sumaban cada vez más destacamentos de las provincias, apareció la Marina, se habló de la Fuerza Área, algunos convocaban a las policías... Si se cortan las cadenas de mando de las fuerzas sobre las que recae uno de los pilares más importantes de la estructura estatal, que es el monopolio del uso legítimo de la violencia, y si se consigue un aval social importante a los acontecimientos que desatan tales cortes, de manera que se instalan manifestaciones callejeras, la situación de caos está a la vuelta de la esquina.

Por suerte, la sociedad argentina tiene un miedo respetuoso ante esas situaciones, y ayer reaccionó con calma. No se respondió a los llamados. Que existieron. No mayoritariamente de parte de los agentes acuartelados (algunos habrá también), pero existieron.

Y queremos destacar al final el gran aporte de Macri, que en el momento más álgido de las discusiones consiguió la concordia entre los gendarmes y el ministerio de seguridad. Con sus declaraciones ridículas, impropias de un intendente (que encima tiene problemas bastante serios de gestión), hizo que ambos unieran fuerzas para censurarlo, en el desubicado rol de estadista, conductor y canalizador institucional de los conflictos nacionales que quiso insólitamente ocupar, como quien busca su minuto de fama.

Por último, un saludo respetuoso a Capitanich. Qué manera pelotuda de truncar aspiraciones presidenciales, por favor.

martes, 2 de octubre de 2012

La "jauja cambiaria".


Las "estrategias comunicacionales" gozan desde hace bastante tiempo de una alta valoración en el análisis de la política. Y la verdad es que en la defensa de cada estrategia adoptada existen argumentos de peso. No voy a discutir la estrategia político-comunicacional del Gobierno, como un todo, porque no alcanzo a darme cuenta, con los elementos limitados con los que cuento en el campo teórico, de cuál es su dirección.

Lo que sí creo es que cada persona además, a la hora de comunicar, le aporta su impronta personal a lo comunicado, y entonces ahí, dentro de lo que sería una misma estrategia, aparecen diferencias.
Hay dos funcionarios del área económica que expresan análisis de la realidad que suelen gustarme. Uno es Kicillof.
La otra es Marcó del Pont. Mejor comunicadora y analista que funcionaria, quizás. Ayer, en la inauguración de las Jornadas monetarias y bancarias (según Ámbito) dijo, por ejemplo:
 Argentina "no aceptó pasivamente los efectos de cola" del precio de la soja y la mejora en los términos del intercambio, y limitó el ingreso de capitales de corto plazo, con lo cual evitó "la apreciación y la volatilidad cambiaria, así como la reprimarización de la estructura productiva".
 "Al no tener políticas de metas de inflación pudimos evitar la apreciación nominal de la moneda, y la contrapartida, quizás, fue que tuvimos tensiones en los precios internos mayores que otros países que si apreciaron su tipo de cambio"
Quienes pasan a visitar este blog sabrán que hay una coincidencia entre esa visión y la que habitualmente expresamos acá sobre el núcleo de la tendencia de los aumentos de precios internos. Pretenciosamente, hablamos del "dilema de los países emergentes": apreciar nominalmente y con alza de las tasas de interés, o apreciar en diferido vía inflación.

Como todos sabemos, coincidir con la opinión de alguien hace que a partir de eso lo evaluemos (a ese alguien, en este caso Marcó del Pont) como un buen analista.
El dato que me causa cierta perplejidad es que es la primera vez que leo que algún funcionario comenta sobre la cuestión cambiaria en este sentido.
Y tiene que ver, creo, con que para opinar lo que opinó Marcó del Pont es necesario partir del reconocimiento de la existencia de tensiones internas en los precios, extraordinarias respecto de lo que se da en países que enfrentaron las mismas condiciones externas con otras herramientas. Y tener el coraje necesario para sostener que el esquema con inflación no es peor, sino mejor, que el esquema anti-inflacionario.

Lo que digo es que me parece que Marcó del Pont no comete el pecado que comete Cristina cuando habla de economía, que es el de creer que la existencia de algún inconveniente es producto de la aplicación de políticas erróneas. Y por lo tanto se pone a la defensiva, y queda a un paso de la negación de la evidencia.

Salto hasta aquí a propósito. Porque Cristina se ha encargado últimamente de discutir sobre la utilización del concepto "cepo". Digamos, es anecdótico si se lo llama cepo o se lo llama de otra forma. El tema es que la discusión semiótica coloca a Cristina en negadora de la existencia de una política integral de control de cambios.
Marcó del Pont, también fue más franca al hablar de esto sin pruritos.
"Es casi de sentido común que un gobierno que aspira a consolidar este proceso de crecimiento tenía que abordar la cuestión de la fuga de los propios argentinos, para evitar los impactos negativos"
Es decir, directamente y sin rodeos: sí, tomamos medidas de control de cambios. Las mismas tienen impactos negativos, por supuesto. Pero sirven también para evitar otros impactos negativos que consideramos peores.
Y listo, macho.

El control de cambios se justifica sencillamente si nos despojamos del prurito de no asumir los problemas existentes, de los cuales no está exenta ninguna política económica, ninguna medida en particular.
En el 2012, se dio una especie de tormenta perfecta, con factores externos e internos que provocaron un achicamiento de la disponibilidad de dólares en la economía argentina. Casi la totalidad de esos factores caen fuera de control de la capacidad de acción del gobierno.
El resultado de esa tormenta perfecta es: menos oferta de dólares, y más demanda de dólares. Al mismo tiempo.
Una situación así, en condiciones abiertas de mercado ajusta por precio. Al alza.
El tema es que entonces, para evitar una devaluación brusca (y encima coyuntural y reversible rápidamente, es decir de alta volatilidad) que empeorara la situación de todos los argentinos con ingresos fijos en pesos y dejara condiciones propicias para un peligroso recalentamiento de la inflación, se optó por hacer un ajuste, sí, ajuste, pero restringiendo el acceso a dólares para ahorro, bienes importados y turismo externo, a sectores con poder adquisitivo de medio hacia arriba.

O sea, entre bajarles el salario al 80% de los argentinos, y esconderles los dólares al 20% más rico, elegimos el la segunda opción. Listo. No hay tantas vueltas.

A pesar de eso, Cristina dijo algo que es cierto. En Argentina, había una "jauja cambiaria", cuando una persona podía comprar dos millones de dólares por mes sin dar explicaciones de para qué los quería ni de dónde había sacado la guita para comprar.
En cualquier país del mundo, por más libre que sea el mercado cambiario, en una operación así sin justificar, te abren una investigación por lavado de dinero.
También es verdad que el kirchnerismo no se preocupó por la "jauja" hasta que los dólares escasearon.

Es de "sentido común" (diría Marcó del Pont) sin embargo, que la "jauja" una vez abolida, ya no vuelve.
El año que viene, con más dólares y menos necesidad oficial de dólares, los límites se volverán menos rígidos, se liberará la canilla un poco para quienes quieran comprar para ahorro (con límites en la cantidad, como al inicio del control). Pero seguirán los cargos a las compras con tarjeta y seguirán sin venderte para operaciones inmobiliarias, por ejemplo. Principalmente seguirán las declaraciones juradas para justificar el pedido de autorización de compra.

viernes, 28 de septiembre de 2012

El Ipc, el FMI, Harvard y la mar en coche

En estos días, desde la amenaza de Cristine Lagarde y hasta las incisivas preguntas a Cristina de los jóvenes créditos universitarios de Georgetown y Harvard, cobró fuerza nuevamente la discusión sobre las estadísticas del INDEC.

La presidenta, de algún modo, hizo lo que debía esperarse de una presidenta: defender las estadísticas oficiales, más que nada resaltando la falta de sustento científico que tienen las mediciones alternativas, que son el núcleo sin el cual las críticas a los números del INDEC se difuminan, digamos. Medio al pedo preguntarle. Qué va a decir? El INDEC manda fruta y la posta la tiene Melconián?

Se valió para eso (defender las estadísticas oficiales) de la colaboración de los dirigentes opositores con responsabilidad de gobernar, que en los presupuestos que elaboraron para hacer aprobar en las legislaturas correspondientes pusieron un número de inflación esperada alineado con el del INDEC. Al igual que la administración nacional.

Sin embargo, el Gobierno está desaprovechando la oportunidad de señalar un elemento que hace del defecto virtud.
El IPC, igual que cualquier medición de precios de cualquier instituto estadístico de cualquier país, es pasible de ser criticado desde la visión del "consumidor común", que no ve reflejado en ese número esotérico producto de la alquimia estadística lo que podríamos llamar su sensación térmica de bolsillo.
Algo que en algún momento Moyano señaló como el "índice del supermercado", en oposición al "cuestionado" IPC.

Los índices de precios que elabora la estadística ni siquiera tienen esa función. Son números técnicos empleados para usos específicos. En una economía con inflación bastante más baja que la Argentina estos números técnicos pasan desapercibidos. Aún cuando sus usos son más sórdidos.

Por caso, el uso por antonomasia de ese número técnico es eliminar o contener en valores bajos la nominalidad en el aumento salarial.
Es decir, si el número esotérico de inflación según la ciencia estadística es 2%, casi que no vale la pena ajustar nominalmente salarios de manera anual, ya que los propios (y desiguales e hipotéticos) incrementos por productividad, más la fricción operada por los vaivenes del nivel de ocupación, darán a las fuerzas de mercado (operando libremente) la impronta necesaria para alcanzar el nivel salarial promedio "óptimo". O algo así.

El gobierno argentino puede mostrar esta conquista populista como un logro heterodoxo en el afán por recuperar el mercado interno. La disociación entre el IPC y la nominalidad del salario.
Esto hace que en Argentina el IPC no sea el ancla del salario. Los convenios ajustan por la "sensación térmica del bolsillo", por el "índice supermercado" de las mucamas de Moyano. Y el salario mínimo vital y móvil también. Y las jubilaciones y asignaciones, también. Cierran con ajustes probablemente superiores a la variación del valor de los consumos.

No cumple (el índice de precios trucho que elabora el INDEC) la función de colaborar en la recomposición de los márgenes de rentabilidad, compensando los efectos de la ley de rendimientos decrecientes, a partir de contener o aminorar los costos de mano de obra de las empresas de manera paulatina.

Cosa que debería hacer, para que la economía por fin crezca (o se estanque) de manera discreta, estable, sostenible, y sin que tantos negritos consigan empleos en negro o de baja calificación, que al fin y al cabo para lo único que les sirven es para sacarlos de la desocupación por poco tiempo, hasta que se termine de ir todo a la mierda cosa que va a ocurrir inexorablemente, el año que viene no pero por ahí el otro.

jueves, 27 de septiembre de 2012

El 7 de diciembre no tiene que pasar nada

Foto: Clarín

Mientras arrecian las demandas por "Freedom of speech", se sigue desarrollando una nueva escaramuza de la "batalla cultural".

El tema de la ley de medios y el emplazamiento del 7 de diciembre a través de la verdadera cadena nacional que es el Futbol para Todos, principal herramienta de comunicación del kirchnerismo, que podría pensar en ir prescindiendo de todas o buena parte de las demás, ocuparon espacios centrales en las discusiones.

Y yo que me considero un buen polemista pero en diferido quiero hacer unos apuntes sobre el tema. Perdón si ofendo con el abuso de la primera persona y la buena consideración que tengo de mí mismo.

La primera cuestión saliente en el parte de batalla es que Clarín está siendo exitoso en una de sus tácticas: instalar la idea de que los únicos medios con una línea editorial distinta a la que dicta el gobierno son los apenas doscientos no sé cuántos que pertenecen al grupo empresarial, uno de los más grandes de la Argentina.
Esta cuestión implica que la bolsa del kirchnerismo mediático se vea superpoblada hoy por gente como Feinman, González Oro, Mariano Grondona, Majul, y muchos otros más, que cometen la atrocidad de no trabajar para ninguna de las señales que emiten a través de licencias públicas otorgadas para su explotación al Multimedios Clarín. Ni los medios del empresario y diputado Francisco De Narváez parecen salvarse de la volteada.
Algo bastante difícil de justificar, pero que viene entrando como por un tubo a partir de la falacia de que "el cacerolazo del 13 de septiembre sólo fue cubierto por TN", a pesar de que en mi caso personal, me enteré del mismo a través de Telefé. Y haciendo una rápida recorrida por los demás canales de noticias y abiertos creo que no hubo ninguno que soslayara el tema. Ni siquiera el 7.
Probablemente no le dieron (los demás canales) la trascendencia de acontecimiento histórico que la avidez febril por encontrar fisuras en la cohesión social amplia que se mantiene como base de sustento político del gobierno, hizo que le dieran Canal 13 y TN (con mayúsculas, para ponerlos a la altura de la proeza republicana que vienen llevando adelante, de mostrar el "cacerolazo").

Una disgresión respecto del "cacerolazo". Los primeros atisbos de cacerolazo en la Argentina tenían una identificación simbólica muy importante. Las cacerolas, elementos de cocina familiar, vacías y golpeadas, significaban la incorporación a las protestas de las madres de familia que no tenían con qué llenarlas para darles la comida a sus familias (disculpen señoras, los roles sociales, la simbología y las representaciones son preexistentes a mi posteo). No es motivo de asombro entonces que se insista tanto con que ahora el cacerolazo lo hace gente con poder adquisitivo suficiente como para viajar al exterior o destinar parte de sus ingresos al ahorro. Es un elemento político de importancia crítica ese como para no señalarlo continuamente.

En otro punto en que Clarín avanza en la consecución de modestos porotos (pero porotos al fin) es la idea también a punto de instalarse de que la adecuación del multimedios a lo dictaminado por la ley implica el silenciamiento de esa voz disonante que es Clarín en la monotonía del "relato" oficial emitido y reproducido por todas las demás señales que no son Clarín.
Uno escucha al señor Aguad, por ejemplo, sostener que él no quiere perder la posibilidad de "elegir". Una pelotudez galopante que hay que estar muy distraído para no darse cuenta que apunta a legitimar una serie de negocios de dudosa legitimidad, como los relacionados con la competencia desleal que implica ser concesionario de licencias así como también dueño de la empresa que brinda el soporte por el cual las señales concesionadas se transmiten.
Quiero decir: después del 7 de diciembre o cuando corno sea que se aplique definitivamente la ley de medios, el Grupo Clarín va a seguir siendo el grupo de medios más importante de la Argentina, con las licencias para operar las señales más vistas y oídas por la mayor parte del público, y una voz de alto impacto en la conformación de la opinión pública. Y está bien que sea así. Hay que defender ese elemento (la significancia discursiva de Clarín) al menos como posibilidad de que ocurra.

viernes, 21 de septiembre de 2012

El fondo de desendeudamiento, según el presupuesto 2013


Leer los análisis de los diarios de hoy sobre el presupuesto 2013 es enterarse de que vivimos en un país distinto del de ayer.

Los achaques al gobierno vuelven a basarse en la subestimación del crecimiento y de la recaudación, que superará los gastos, lo cual dejará fondos excedentes para que el gobierno use discrecionalmente, justo en un año electoral. El déficit fiscal creciente y la caída de la actividad es una preocupación del pasado para los analistas. Lo cual no implica que necesariamente esto deje de ocurrir en la realidad. Pero...

Un punto de notorio interés es el del fondo de desendeudamiento. Que se constituye con plata que el BCRA presta de sus reservas, a cambio de un título de deuda (una letra) que le da el Tesoro. Se usan (los dólares del fondo) para pagar vencimientos de deuda del estado nacional.

Los principales vencimientos del año que viene (aparte de los intereses que liquidan los demás títulos y bonos) son: BONAR VII, 2400 millones de dólares, BODEN 13, 400 millones de dólares (con este sí termina definitivamente el corralito) y Discount, unos 900 millones de dólares.
Además está el cupón PBI, que dispara pagos en relación al crecimiento de la economía. Este año si el PBI crece más del 3,26% el tesoro tendrá que pagar a los tenedores de estos instrumentos la cifra de 3500 millones de dólares. Si crece menos, esos pagos no se efectúan. Es aproximado este valor, porque depende de cuál sea el número final de crecimiento y del tipo de cambio, ya que muchos de estos cupones son nominados en pesos, por lo cual se pagan en pesos. Pero lo fundamental es que si se crece menos de 3,26% este año, el que viene no se pagan esos 3500 millones de dólares aproximados.

La cuestión es que en el Presupuesto se prevé la creación del Fondo de desendeudamiento por unos 8 mil millones de dólares. Es decir, el Tesoro prevé, y por ende lo presupuesta, tener que pagar esos 3500 millones de dólares (los vencimientos, aún en ese caso, serían inferiores a los más de 10 mil millones que habría que terminar pagando en 2012).
La decisión sería avalada con los criterios más ortodoxos. Es una actitud lógica y responsable hasta para una economía doméstica la de prever el gasto más alto. En todo caso, si sobra plata mejor.
Esto, sin embargo, genera malestar en quienes observan la posibilidad (dan por hecho en realidad) que los excedentes del fondo, a partir de que la economía crezca por debajo del 3,26% este año, se usen para financiar gastos en divisas, como obras de infraestructura del sistema eléctrico o inversiones de YPF, operaciones autorizadas según la última reforma de la Carta Orgánica del Central.

Al menos admiten que estos fondos no pueden monetizarse (es decir transformarse en pesos para pagar gastos corrientes), lo cual les quita la preocupación de que sean usados "con fines electorales". Lo cual deja un poco de dudas respecto de la utilización de esos dólares para pagar vencimientos de bonos en pesos. Pero bueno.
Lo más saliente de todo sin embargo es que de cumplirse la hipótesis planteada, tendríamos que reconocer que se diluyen parcialmente  las presiones cambiarias, y que el año que viene aparece la posibilidad de recomponer reservas por parte del central, ya que si bien la relación entre reservas de respaldo y base monetaria se flexibilizó respecto de lo que proponía la ley de convertibilidad antiguamente, esto no implica que no haya ciertos parámetros entre los cuales establecer la ratio, y que si bien el nivel óptimo es decidido discrecionalmente por el Central, éste tampoco puede desentenderse del todo de las expectativas del mercado.

Digamos que las perspectivas de las cosechas de soja y maíz (a pesar de que los precios serán más bajos que hoy), una proporcionalmente menor exigencia de la balanza energética, las revaluaciones a las que se someterán las economías emergentes, y la devaluación del dólar que revalúa la parte de reservas conservada en otros activos, además de la continuidad de algunas restricciones a la compra de divisas (remisión de utilidades, seguimiento de la contratación de servicios, cargos en las compras con tarjeta en el exterior, pesificación compulsiva del mercado inmobiliario, y otras) va a hacer que el panorama para la recomposición de reservas por parte del central sea mejor, lo cual brinda la posibilidad de darse ciertos lujos en la previsión sin demasiada culpa ni aversión al riesgo.

Argentina sigue cargando a la capacidad de acumulación por vía comercial la falta de crédito externo. Una decisión en parte obligada, en parte soberana, y que mejora más las perspectivas futuras de la economía nacional. En los objetivos figura en primer orden la posibilidad de vencer para siempre al fantasma de la restricción externa a futuro. Con alguna restricción interna en el presente. Curioso en un gobierno acusado de populismo y demagogia.