Las "estrategias comunicacionales" gozan desde hace bastante tiempo de una alta valoración en el análisis de la política. Y la verdad es que en la defensa de cada estrategia adoptada existen argumentos de peso. No voy a discutir la estrategia político-comunicacional del Gobierno, como un todo, porque no alcanzo a darme cuenta, con los elementos limitados con los que cuento en el campo teórico, de cuál es su dirección.
Lo que sí creo es que cada persona además, a la hora de comunicar, le aporta su impronta personal a lo comunicado, y entonces ahí, dentro de lo que sería una misma estrategia, aparecen diferencias.
Hay dos funcionarios del área económica que expresan análisis de la realidad que suelen gustarme. Uno es Kicillof.
La otra es Marcó del Pont. Mejor comunicadora y analista que funcionaria, quizás. Ayer, en la inauguración de las Jornadas monetarias y bancarias (
según Ámbito) dijo, por ejemplo:
Argentina "no aceptó pasivamente los efectos de cola" del precio de la soja y la mejora en los términos del intercambio, y limitó el ingreso de capitales de corto plazo, con lo cual evitó "la apreciación y la volatilidad cambiaria, así como la reprimarización de la estructura productiva".
"Al no tener políticas de metas de inflación pudimos evitar la apreciación nominal de la moneda, y la contrapartida, quizás, fue que tuvimos tensiones en los precios internos mayores que otros países que si apreciaron su tipo de cambio"
Quienes pasan a visitar este blog sabrán que hay una coincidencia entre esa visión y la que habitualmente expresamos acá sobre el núcleo de la tendencia de los aumentos de precios internos. Pretenciosamente, hablamos del "dilema de los países emergentes": apreciar nominalmente y con alza de las tasas de interés, o apreciar en diferido vía inflación.
Como todos sabemos, coincidir con la opinión de alguien hace que a partir de eso lo evaluemos (a ese alguien, en este caso Marcó del Pont) como un buen analista.
El dato que me causa cierta perplejidad es que es la primera vez que leo que algún funcionario comenta sobre la cuestión cambiaria en este sentido.
Y tiene que ver, creo, con que para opinar lo que opinó Marcó del Pont es necesario partir del reconocimiento de la existencia de tensiones internas en los precios, extraordinarias respecto de lo que se da en países que enfrentaron las mismas condiciones externas con otras herramientas. Y tener el coraje necesario para sostener que el esquema con inflación no es peor, sino mejor, que el esquema anti-inflacionario.
Lo que digo es que me parece que Marcó del Pont no comete el pecado que comete Cristina cuando habla de economía, que es el de creer que la existencia de algún inconveniente es producto de la aplicación de políticas erróneas. Y por lo tanto se pone a la defensiva, y queda a un paso de la negación de la evidencia.
Salto hasta aquí a propósito. Porque Cristina se ha encargado últimamente de discutir sobre la utilización del concepto "cepo". Digamos, es anecdótico si se lo llama cepo o se lo llama de otra forma. El tema es que la discusión semiótica coloca a Cristina en negadora de la existencia de una política integral de control de cambios.
Marcó del Pont, también fue más franca al hablar de esto sin pruritos.
"Es casi de sentido común que un gobierno que aspira a consolidar este proceso de crecimiento tenía que abordar la cuestión de la fuga de los propios argentinos, para evitar los impactos negativos"
Es decir, directamente y sin rodeos: sí, tomamos medidas de control de cambios. Las mismas tienen impactos negativos, por supuesto. Pero sirven también para evitar otros impactos negativos que consideramos peores.
Y listo, macho.
El control de cambios se justifica sencillamente si nos despojamos del prurito de no asumir los problemas existentes, de los cuales no está exenta ninguna política económica, ninguna medida en particular.
En el 2012, se dio una especie de tormenta perfecta, con factores externos e internos que provocaron un achicamiento de la disponibilidad de dólares en la economía argentina. Casi la totalidad de esos factores caen fuera de control de la capacidad de acción del gobierno.
El resultado de esa tormenta perfecta es: menos oferta de dólares, y más demanda de dólares. Al mismo tiempo.
Una situación así, en condiciones abiertas de mercado ajusta por precio. Al alza.
El tema es que entonces, para evitar una devaluación brusca (y encima coyuntural y reversible rápidamente, es decir de alta volatilidad) que empeorara la situación de todos los argentinos con ingresos fijos en pesos y dejara condiciones propicias para un peligroso recalentamiento de la inflación, se optó por hacer un ajuste, sí, ajuste, pero restringiendo el acceso a dólares para ahorro, bienes importados y turismo externo, a sectores con poder adquisitivo de medio hacia arriba.
O sea, entre bajarles el salario al 80% de los argentinos, y esconderles los dólares al 20% más rico, elegimos el la segunda opción. Listo. No hay tantas vueltas.
A pesar de eso, Cristina dijo algo que es cierto. En Argentina, había una "jauja cambiaria", cuando una persona podía comprar dos millones de dólares por mes sin dar explicaciones de para qué los quería ni de dónde había sacado la guita para comprar.
En cualquier país del mundo, por más libre que sea el mercado cambiario, en una operación así sin justificar, te abren una investigación por lavado de dinero.
También es verdad que el kirchnerismo no se preocupó por la "jauja" hasta que los dólares escasearon.
Es de "sentido común" (diría Marcó del Pont) sin embargo, que la "jauja" una vez abolida, ya no vuelve.
El año que viene, con más dólares y menos necesidad oficial de dólares, los límites se volverán menos rígidos, se liberará la canilla un poco para quienes quieran comprar para ahorro (con límites en la cantidad, como al inicio del control). Pero seguirán los cargos a las compras con tarjeta y seguirán sin venderte para operaciones inmobiliarias, por ejemplo. Principalmente seguirán las declaraciones juradas para justificar el pedido de autorización de compra.