martes, 18 de septiembre de 2012

Para ahorristas: tranquilos, no vendan.

Moody´s, una de las "prestigiosas" calificadoras de riesgo que operan en los mercados financieros mundiales, rebajó de estable a negativa la calificación de las perspectivas de la economía argentina.

Las argumentaciones son ridículas: la falta de arreglo con el Club de Paris, la nacionalización de YPF sin indemnizar, los datos cuestionados del INDEC (que no son tan creíbles como las calificaciones de Moody´s), y los "diversos controles a las importaciones", tal como señala Ámbito.

Lo que está haciendo Moody´s es recomendarles a los ahorristas que se desprendan principalmente de los cupones PBI y tangencialmente de algunos otros como los Boden o los Bonar. Seguramente algunos fondos de inversión extranjeros, tan solidarios con los países cuyas perspectivas plantean problemas, estarán agazapados esperando las ventas. Les encanta acudir al rescate de países en problemas, comprando los bonos y cupones (baratos eso sí, el mercado es así) que las calificadoras veladamente recomiendan vender a partir de la emisión de pronósticos que generan pánico en los incautos o los permeables a leer como mala cualquier noticia.
El fanatismo filantrópico de los financistas no tiene límites.

Las repercusiones políticas, tampoco. Porque los mismos dirigentes que antes, cuando las calificadoras no aparecían tan impresentables para la opinión pública nacional, se mostraban preocupados ante este tipo de novedades, hoy no abandonaron las funciones.
Después de haber callado ante la maniobra especulativa y hasta protestar por la insuficiencia de las "inversiones extranjeras", el día que el gobierno anuncie el pago de algún vencimiento de bonos, darán un giro inesperado y en un rapto de fervor revolucionario (e inocua oposición discursiva a ciertos sectores marginales del establishment financiero) aprovecharán para decir que les están pagando a "fondos buitres" de dudosa procedencia con los ahorros de todos los argentinos. Carrió lo hizo, ante la cancelación del Boden 12.

La demanda penal consiguiente, con la que amenazan y rara vez cumplen, no debería dejar afuera a los que hacen silencio cómplice o directamente avalan estas maniobras abusivas amparadas en el diferencial de información del cual algunos analistas "especializados" y dirigentes políticos suelen ser arietes imprescindibles del entramado.


viernes, 14 de septiembre de 2012

La movilización

La primera impresión es que la movilización fue bastante masiva.
Yo me burlaba ayer de algunos amigos y conocidos opositores, diciendo por ejemplo que para no politizar la protesta habían decidido no llevar gente.
Bueno, me taparon la boca. Porque en cantidad de personas la movilización fue importante.

Pero, a partir de ahí vi y escuché cierta tendencia a evaluar los hechos con el esquema usado en el 2008. Creo que es un error garrafal.
Decir por ejemplo que el Gobierno tiene que tomar nota de lo que está pasando, que no tiene que ser autista, etc., me parece que no aplica en esta situación.

Lo de ayer, más allá del detalle de las cantidades, no aporta gran novedad. Gente a la que no le gusta el Gobierno manifiesta un poco más ruidosamente que otras veces que no le gusta el Gobierno. Y nada más.
En todo caso podría señalar un mayor activismo por parte de gente no vinculada a la actividad política? Sí, por ahí.

Pero no hay un sujeto social que exprese un conflicto real, concreto. ¿Cuál es el conflicto? ¿Cuál es el reclamo? Una infinidad de tópicos, a los que algunos participantes le otorgan aleatoriamente prioridad sobre los otros, sin que ninguno sobresalga en el escrutinio final. Podríamos agrupar esa cantidad de reclamos en un concepto más genérico: "no nos gusta el Gobierno". Bastante lógico en el ámbito de gente que no votó al gobierno por expresar ya desde hace mucho tiempo un fuerte rechazo hacia él.

Quiero decir con esto que lo de ayer se parece bastante a una catarsis colectiva, de gente que no está satisfecha con el gobierno por motivos preexistentes a las elecciones del año pasado. No hay (como si hubo en el 2008) una amenaza a la ruptura de la correlación de fuerzas.
Desde hace bastante, entiendo que los consultores distinguen un escenario político de más o menos estas características en Argentina: un núcleo duro de oposición al gobierno (de alrededor del 30% de la población), una base de sustento más firme para el gobierno (de alrededor de otro 30% de la población) y un 40% restante de mayor volatilidad en sus alineamientos.
Ese 40% restante está fuera de la escena registrada ayer. No es interpelado mayoritariamente por los hechos ni los reclamos.

En el 2008 la irrupción de un sujeto político (el nuevo sujeto agrario tal se lo bautizó pseudo-científicamente) realmente movió, atrás de un reclamo concreto, el tablero de las representaciones políticas. Y en el caso de que Cristina hubiera "depuesto su actitud confrontativa" tenía un interlocutor válido, representativo del conflicto, claramente identificado, con el cual sentarse a negociar una salida, a consensuar.

Supongamos que hoy alguien previera una situación de conflicto político de magnitud y decidiera resolverla con esa posición. ¿quién se sentaría en la "mesa de diálogo"? Esto es tal vez lo más peligroso, en cuanto a la estabilidad del sistema.

A mí me resulta increíble que un tipo que quiere ser presidente dentro de tres años (me refiero a Macri) señale como algo positivo que el reclamo fue "sin banderas políticas". Es ridículo. Debería lamentarse de su incapacidad para capitalizar políticamente el descontento.

Creo que la interpelación más fuerte es a los dirigentes opositores, a su incapacidad de articular una representación política del descontento, para canalizar institucionalmente los reclamos, y en todo caso transformarlos en plataforma electoral.

Pero pedirle al gobierno que se encargue de solucionarle los problemas a la oposición me parece ya un exceso.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Relaciones carnales eran las de antes

Les gusta últimamente, a algunos referentes de la izquierda, decir que Argentina está profundamente alineado en materia de política internacional con EEUU.

En un debate televisivo (en el programa de Sylvestre) uno de los participantes llegó a decirle a Lucas Carrasco que el alineamiento era comparable al de los años de las "relaciones carnales".
Habrá algunos motivos como para abonar esta idea, calculo. Por ejemplo, los convenios de defensa sobre adiestramiento militar, o las posturas contra Irán,  en todo lo relacionado al campo conceptual que los yanquis caratularon con el nombre de "terrorismo" (incluidas algunas cosas positivas como ciertas recomendaciones del GAFI sobre lavado de dinero).

Por un lado resulta que estamos aislados del mundo.
Nosotros... junto con los EEUU, con los que mantenemos relaciones carnales.
Hay una situación difícil de compatibilizar entre los discursos más de derecha, que aluden al aislamiento argentino, y los discursos de izquierda ya mencionados.

Ahora bien, si nos enfocamos un poco en el contexto económico encontramos que la afirmación sobre las "relaciones carnales" es no sólo temeraria, sino irracional.
Dejando de lado la a esta altura medianamente lejana aunque ultra trascendente negativa argentina a integrarse en el ALCA, nunca del todo valorada como un acto soberano de un grupo de países relativamente pobres y con escaso peso mundial ante el intento de imposición de la hasta entonces indiscutida potencia mundial dominante, que seguía en realidad a un largo historial de imposiciones mansamente avaladas, cosa que hoy es vista como un hecho menor por parte de algunos comentaristas que forman parte de fuerzas políticas que no gobiernan ni siquiera un centro de estudiantes universitario, pero sin embargo pretenden dar cátedra acerca de cómo se lucha contra (y se vence a) el establishment económico internacional.

Hoy mismo el país enfrenta diversos conflictos en el plano internacional.
En materia comercial, con las denuncias cruzadas ante la OMC, por proteccionismo. Que en gran medida responden a la intención de Argentina de empezar a modificar un esquema de relaciones comerciales en el cual siempre fue más concesivo que demandante, o que al menos en los resultados terminó conviniéndole mucho menos que a sus "socios". Lo cual le vale además ser excluido del régimen de preferencias arancelarias, motivo por el cual ciertos productos pagarán aranceles mayores para entrar a los EEUU.
Las políticas comerciales, no sólo acá sino en cualquier parte del mundo, responden a criterios pragmáticos. No es casual ver que un país como EEUU aplica infinidad de barreras para-arancelarias, mientras divulga los ideales de la libertad económica por otros países, más débiles económicamente hablando. La intención es promover un esquema comercial al cual maximizarle las ganancias. Para EEUU.

Enfrentar esa impronta, desde un país como Argentina, con la intención pragmática de minimizar pérdidas al menos, es algo bastante más difícil que pontificar con gesto canchero al estilo de Claudio Lozano en los canales de cable.

Pero en el plano financiero la contrariedad del establishment internacional para con las decisiones argentinas es donde más visible se hace. Argentina se ha salido de los canales de circulación de los flujos financieros. No toma crédito externo, no refinancia sus deudas, no acomoda las variables con la vista fija en percibir flujos inversores de portafolio, computables en la cuenta de capital.
Esto le vale además enfrentar presiones diversas, respecto de la regularización de la deuda con el Club de Paris, cuyos negociadores parecen querer ya no solamente incluir al FMI en el arreglo con la famosa revisión  anual de cuentas prevista por el artículo IV, a la que se someten la totalidad de los países miembros salvo algunas excepciones como Argentina (no sé si quedan otras), sino también a los fondos buitres, aquellos fondos de inversión que compraron por chaucha y palito los bonos argentinos en default a partir de 2002, a tenedores que influidos por las calificadoras de riesgo salieron desesperados a vender, y que se negaron a entrar en los canjes con quita del año 2005 y del año 2010, y hoy litigan en estrados estadounidenses.

Las presiones no se reducen a eso, sino que a partir de los fallos del CIADI a favor de empresas como Azurix o Blue Ridge, en los que se condenó a Argentina a indemnizarlas por la devaluación, es decir, no haberles garantizado desde el estado la rentabilidad en dólares, ignotas sociedades sospechables de ser fuentes de lavado de activos o al menos de oscurecimiento de los derechos de propiedad, y tal vez de evasión y elusión fiscal, reclaman cobros por haber tenido participación en segundo o tercer grado de las sociedades que operaron las empresas privatizadas en los 90. Y también aúnan fuerzas con los "acreedores" de la Task Force Argentina para presionar ante los organismos internacionales de crédito, consiguiendo por ejemplo, que el partido republicano haya impuesto su voluntad de votar contra Argentina  en los directorios del BM y el BID para la liberación de fondos de los créditos que forman parte de compromisos contraídos hace años.

Toda esta batería de complicados enfrentamientos y maniobras para postergar la aplicación de sanciones y perjuicios para que un tonto diga livianamente en un programa en el cable, recostado sobre la mesa, que estamos como en las "relaciones carnales", e intente dar cátedra de cómo se enfrenta a los poderes instituidos. Tomatelas, salame.

viernes, 7 de septiembre de 2012

El lobby por la devaluación, y el peligro del dogma.


Techint pide devaluación.
Y automáticamente todos nos trenzamos en discusiones en relación a si la industria se beneficiaría o no con una devaluación, que si los costos de mano de obra inciden más o menos en el costo total, si los costos en insumos importados tienen o no mayor peso, o si el problema son los impuestos, amortizaciones, etc.

Y la verdad que más allá de la tinta que gastemos en sacar cuentas, la respuesta no va a ser nunca unívoca. Porque sectores industriales hay muchos, con distintas perspectivas, más o menos integrados productivamente hablando con empresas que operan en el extranjero, más o menos ligados al comercio exterior a partir de la incidencia que lo exportable tiene en su facturación, etc.

Conformémosnos con ver la ecuación sencillita, de almacenero, del señor Techint.
Vende tubos sin costura para la industria petrolera. Exporta la mayor parte. Cobra en dólares, por la venta de un insumo básico que a partir de la expansión del mercado promete ir aumentando su precio internacional.
Sea cual sea la composición de sus costos, incida más o menos el costo de insumos importados, una devaluación del 30% (por decir un número) le da plena ganancia. Dólares a liquidar por más cantidad de pesos, que sólo parcialmente se le irán en más costos.

La situación se replica para las exportadoras de cereales y oleaginosas. Que atraviesan un momento sumamente prometedor. Aumento de los commodities agrícolas llegando a precios record. Sin correlato en el comportamiento de sus costos.
Sumarle una devaluación a estas perspectivas es netamente ampliar los márgenes de rentabilidad del sector. Además de previsiblemente aumentar los saldos exportables.
Esta rentabilidad extra goteará también a los productores pero sobre todo a los rentistas, propietarios de tierras. Tanto unos como otros hoy cuentan con buena rentabilidad resultado de la cuentita: precio - retenciones * TC (una parte se la queda el dueño dela producción, otra parte el dueño de la tierra que cobra alquiler).

El tema no merece una gran discusión. En mayor o menor grado la devaluación le brinda protección a todo el espectro productivo. Aún a los que viven del mercado interno, que se sacan de encima una buena parte de la competencia importada.

Ahora bien, el punto no pasa por ver solamente los aspectos positivos de la devaluación (que suelen ser positivos para un número reducido e interesado de personas), sino también los aspectos negativos.
La estructura productiva de la Argentina, con la incidencia trascendente de la producción de materias primas alimenticias, en un contexto de alza internacional de precios de commodities agrícolas sin viabilidad política de desacople interno, brinda una oportunidad excepcional para acelerar los traspasos a precios de góndola, absorbiendo inflación importada y recalentando más la ya más que tibia inercia inflacionaria local. Riesgo de entrar en una espiral inflación-devaluación, sólo cortable a partir de una monumental recesión. Que sacaría temporariamente de la cancha a los industriales más dependientes del mercado interno, a la espera de una pronta recuperación.

El tema es que cuando hablamos de devaluación en estos términos nos referimos a lo que podría pasar con el precio de dólar, de liberarse el mercado cambiario, en momentos en que se volvieron patentes los desequilibrios entre oferta y demanda de divisas, motivado por una conjunción increíble de factores que derivan principalmente en el sobrecalentamiento de ésta última (hecho sobre el cual las políticas monetarias expansivas no son neutras). Es decir, una devaluación brusca exagerada, con rebote de mediano plazo, y convergencia tardía después de hecho el daño.

Pero la negativa a ceder ante propuesta tan poco gratificante en sentido colectivo no puede transformarse en el abrazo parejo de los contendientes a dos dogmas: megadevaluación o ancla cambiaria.

El tipo de cambio nominal puede seguir siendo administrado, aunque acelerando un poco el ritmo devaluatorio (cosa que funcionó así hasta 2010) con un toquecito de ortodoxia monetaria y fiscal.

Las políticas económicas y la decisión de usarlas como herramientas son puramente pragmáticas. Déjense de joder de una vez con que Keynes era de izquierda.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Tipo de cambio múltiple II

La presidenta defendió el tipo de cambio oficial, diciendo que no está retrasado. Es una forma de defender las medidas de control de cambios, sin las cuales el mercado cambiario oficial no se hubiera reducido a una expresión mínima, no se hubiera operado la multiplicación de tipos de cambio y por lo tanto el valor oficial del dólar no andaría en 4,65 (y subiendo de a dos o tres centavos por mes, y no más).

Lo hace, por motivos inconfesables. Porque más allá de algunos escasos intentos desubicados por instalar una épica del control de cambios, la verdad es que ese tipo de medidas, que son antipáticas para sectores grandes de la población, salvo en contadas excepciones, no son tomadas con agrado ni se las puede justificar con tono revolucionario. De hecho, en 8 años de "lucha contra el neoliberalismo" no se había avanzado sobre ese esquema, por un motivo muy simple: no hacía falta.

Salvo algunas cositas, como el impedimento a la remisión de utilidades a grandes empresas, el resto no tiene relación con el enfrentamiento a poderes dominantes en el terreno de lo económico, y si bien pone la lupa sobre algunos negocios ilegales, habilita por otro lado la proliferación de negocios paralelos de chantas que aprovechan la volada para mexicanear a otros chantas (y así como no da para celebrar el negocio de algún vivo que filtra dólares desde el mercado oficial al paralelo, tampoco da para condolerse de la victimización de algunos cambistas, corredores de bolsa, consultores financieros, asesores comerciales, agentes de turismo, operadores inmobiliarios e "importadores" de electrónica y repuestos de automóviles, todo con el mismo talonario de facturas apócrifas, a los que se les dificulta el negocio por culpa de la AFIP).

Lo que intento decir es que cobrarles 15% a las compras con tarjeta en el exterior, o impedir la compra de dólares para ahorro son medidas que se toman a partir de una necesidad. Falencias del esquema. Que se expresan en el sostenimiento de un valor oficial para el dólar, que sin esos controles se volvería insostenible. Cosa que no ocurría en años anteriores.
Ahora bien, la serie de controles son todas medidas que encadenadas tienen la misión de sustituir en puntos focalizados lo que una devaluación brusca generalizaría.
El punto a dilucidar de por qué Cristina defendió entonces el valor del dólar oficial, y el virtual esquema de tipo de cambio múltiple, es cuáles son los motivos para evitar una devaluación.

El primero, creo yo, tiene que ver con el encarecimiento de la deuda externa que supondría, justo en un año con vencimientos elevados (causa que aportó motivos de peso para que los dólares no alcancen).

Pero hay otro además: el viento de cola. Con los precios de los commodities agrícolas aumentando a niveles récord (cosa que será aprovechada en la próxima campaña), y sin viabilidad política para aumentar las vías por las cuales se absorbe parte de la renta que se genera por ese simple aumento de pecios sin correlato en los costos, si a eso se le sumara un aumento del tipo de cambio de un 30 o 40% la transferencia de recursos hacia los sectores de la producción primaria y las multinacionales exportadoras sería monstruosa, además de que por la vía del precio interno real de las materias primas se habilitaría un buen canal para que la devaluación se traslade con poca mediación a precios de góndola (ya bastante calentitos por otros factores), lo cual podría constituir un paso hacia la espiral de devaluación-inflación, que a los niveles de 20 o 25% anual hasta ahora se pudo evitar.

Ahora bien, poner un canal de contención para no llegar a ese punto no puede ser más que una medida de coyuntura.
El año que viene pinta mucho mejor para el mercado cambiario, por más ingreso de dólares y angostamiento de algunas de las vías de salida. Pero no va a ser suficiente si no se empieza a reacomodar algunos otros parámetros. Por lo menos, avancemos en la reducción de subsidios, reacomodemos precios y liberemos al fisco de tener que atender ese tema aumentando los adelantos transitorios del BCRA.

Pensaba hablar de Techint, y me extravié. Queda para el próximo posteo.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

La violencia en el fútbol

Para variar, vamos a tratar de pelearnos un poco con cierta visión "progre" del problema de la violencia en el futbol.

Encaro el asunto por el lado de la formación de un campo discursivo, al que podemos etiquetar con la frase "violencia en el futbol". Analizar cuáles son los hechos que se inscriben en dicho campo es decisivo, cuando de modo aparente todos estamos de acuerdo con que la "violencia en el futbol" es un "flagelo" que hay que "erradicar" (y la seguidilla de lugares comunes puede seguir hasta pasado mañana).

Es la presidenta la que se ha constituido en la delimitadora principal del campo discursivo del que hablamos, desde el momento que decidió (con buen tino) encarar este problema, que es claramente de orden político. Y retomando (la presidenta) un tópico lejano en el tiempo, de que la popular es de los pobres y la platea de los ricos, se encargó de señalar hechos de violencia que ocurren en las plateas del futbol argentino, para desactivar el estigma que recae sobre las populares, que son el lugar que dominan las barras bravas, actores identificados como responsables principales de la violencia.

Bueno, esta identificación de espacios con la intención de inscribir cualquier hecho violento dentro del mismo campo de discurso me parece irremediablemente una mentira. Involuntariamente justificatoria del accionar de las asociaciones ilícitas que dominan el futbol argentino, además. Casi que es usada como maniobra distractiva por algunos pícaros. Mientras discutimos la falacia de si la culpa la tienen exclusivamente los pobres, o si también los ricos participan del tema, los entramados oscuros de negocios ilegales proliferan incontrolados.
Lógico que uno puede suponer que no está bien que los plateistas escupan a los rivales que se acercan a sacar un lateral, o que les tiren cosas al banco de suplentes del contrario, ni que se agarren a trompadas por si hay o no que putear a tal jugador propio.

Pero todos esos hechos "terribles" de violencia no forman parte del mismo campo en el que articulan acciones las barras bravas. Que no son pobres, aunque militan en la popular. Son lúmpenes. Culatas de los mafiosos verdaderos. Ampliaremos.

El periodismo deportivo, en relación a la violencia, se puso muy amariconado. Todo aquel que jugó al futbol alguna vez, aunque más no sea que en forma amateur sabe que el futbol es un ámbito propicio para cierta violencia, y que tampoco es cuestión de rasgarse las vestiduras por los insultos y las escupidas. Que, repito, están mal, y me cuesta entender que es lo que lleva a un tipo a comportarse con tal grado de estupidez. Pero eso no es ni por asomo un tema de estado en el que deba intervenir la presidenta, ni ninguna institución estatal. La seguridad privada de los clubes es suficiente.

Ahora, la violencia de los barras, que se agarran a tiros, es en realidad un simple accesorio de un comportamiento mafioso generalizado a varios actores de la actividad, entre los que se encuentran dirigentes, empresarios, intermediarios, representantes, futbolistas, y barras bravas, que en los casos de mayor sofisticación hasta pueden reinventarse en alguno de los roles antes citados. El punto clave de la cuestión son los entramados de negocios, que convierten a los clubes en lavaderos de plata, donde se arman sociedades ad hoc que facturan servicios truchos, y cobran porcentajes de pases de jugadores, que después son inscriptos en clubes extranjeros en los que nunca jugaron para fugar las divisas de las transferencias y evadir impuestos (esto lo investigan AFIP y UIF ahora, y está muy bien), maniobras todas que vacían a los clubes, que en la actualidad son financiados además por plata del estado, que paga por la televisación a la AFA, que como sabe que cuenta con esa promesa de pago les adelanta a los clubes plata a cobrar por derechos de televisación futuros, mediante cheques diferidos a canjear en la financiera de la que es dueño determinado dirigente, en la que seguramente además se vende dólar "blue" obtenido en los pases de jugadores al exterior parcialmente declarados.
Los barras, con su violencia, son parte integrante y en rol secundario de ese campo. ¿Querés terminar con la violencia de las barras? Atacá ese entramado. Cortales el chorro de la guita. Vas a ser progre sin quererlo, fijate, porque los que manejan esos negocios son todos millonarios. Y garcas.
Sin necesidad de escándalo por dos viejos que se agarran a piñas en la platea por Riquelme.

Hace unos días, la vi a Florencia Arietto (la nueva encargada de seguridad de Independiente) en el programa del doctor Castro, con Raúl Gámez como invitado también, hablando de estos temas. Personalmente le tengo mucha fe a Florencia, porque la considero una persona muy capaz y con mucho coraje.
Pero escuchaba algunas de las ideas de Gámez. Que despotricaba contra "Hinchadas Unidas Argentinas", y decía además que no le podía creer a un gobierno que había organizado eso, que ahora fuera a combatir a las barras.
Yo no soy moralista. Pero digamos que el fracasado proyecto de incluir a los barras reinventándolos a partir del aprovechamiento de sus cualidades de liderazgo, cuyo summum fue precisamente Hinchadas Unidas Argentinas, tenía una idea muy similar a la que Gámez pregonaba en aquella época. El modelo que se aplicó en Vélez, por ejemplo, cuando decidieron darles el manejo de los quinchos a los barras (en Vélez no se "combatía" a los barras en épocas de Gámez como él dice ahora, el proyecto era distinto). Reinsertar a los barras en la vida práctica de los clubes, desde un rol de colaboración, a partir de explotar sus cualidades. El modelo auto-referencial del que Gámez hacía gala más de una vez (él mismo había sido jefe de la barra durante los 80). Esa idea ingenua, con la que personalmente yo comulgaba, hay que admitir que fracasó rotundamente.
No está bien, sin embargo, hacerse el tonto con el resultado puesto, como si nunca se hubiera participado de eso.

Y menos intentar sacar un rédito político mezquino (no sé si lo sigue siendo, pero Gámez era puntero del radicalismo, incluso en sus épocas de barra, gracias a lo cual viajó a "hacerle el aguante" a la selección argentina en el mundial de México 86, donde formó parte del grupo de barras que se pelearon con los hooligans ingleses, un hecho de violencia "repudiable" que dejó una "muy mala imagen de Argentina en el exterior" y por supuesto nos comenzó "a dejar aislados del mundo", todo esto, claro, no dicho por mí, que me chupa un huevo todo eso, sino por los periodistas de la época, que se escandalizaban por cosas parecidas a las que escandalizan a Gámez hoy).
Porque Gámez señalaba en el programa de Castro los vínculos políticos de las barras. Innegables. Pero hacía hincapié en el oficialismo.
Cuando en realidad dichos vínculos son de carácter transversal. Afectan a todos los partidos políticos. Intentar partidizarlos en el discurso está mal. Digo yo, que a veces me hago el republicano también.

Para cerrar algo que no tiene que ver con nada: agradezco a Lucas Carrasco la invitación a su programa de radio, del que participé como invitado el lunes pasado.

lunes, 3 de septiembre de 2012

La restricción a las importaciones y el parate de la industria


Uno de los tópicos más gastados sobre la coyuntura económica actual es el del control a las importaciones. Las alrededor de 600 posiciones arancelarias afectadas por las licencias no automáticas, que burocratizan, demoran y por lo tanto encarecen los ingresos de mercadería importada.
No sólo a productos finales de consumo, sino a algunos bienes intermedios, insumos para la producción.

En las cercanías del "día de la industria" el tema vuelve a tomar trascendencia. Porque se dice que ese elemento es el que determina que no todos los miembros de la UIA quieran alinearse políticamente con el Gobierno, y que dentro de la unión haya diferencias provocadas por este punto.
Al parecer, las restricciones a las importaciones, demorando y encareciendo el ingreso de bienes intermedios  importados habría provocado cierta parálisis en algunos procesos y líneas industriales, lo cual habría sido decisivo para que lo números de crecimiento de estos últimos trimestres no fueran los mejores para el sector en general (con suerte diversa intrasector).

Sin embargo, no es tan fácil de digerir la especie. Porque cuando hablamos de las quejas, hablamos de industriales que llamativamente comparten dos reclamos: el malestar por las licencias no automáticas, y las dificultades por la  pérdida de competitividad cambiaria (el famoso pedido de devaluación).

Ahora bien, solicitar una aceleración del ritmo de devaluación es justamente pedir un encarecimiento generalizado de los bienes importados, incluidos los insumos que forman parte del grupo de las 600 posiciones arancelarias sometidas a licencias no automáticas.

Para entendernos claramente, las licencias no automáticas son una forma de focalizar en determinados bienes lo que una devaluación mayor generalizaría a todos, absolutamente todos los bienes importados.
Por lo tanto es curioso que quien le echa la culpa de su parate al encarecimiento o la demora en el ingreso de bienes intermedios importados pida al mismo tiempo como solución una medida que le dificultaría más aún el acceso a dichos bienes intermedios, o incluiría en la lista de las restricciones a alguno bienes exceptuados de las licencias no automáticas.

Los problemas de la industria están más claramente enfocados en la caída de la demanda, sobre todo la externa (alimentos y bebidas es el sector industrial con mejor performance en medio del proceso generalizado de estancamiento, y este es un dato para mirar).
Esto puede deberse a pérdida de competitividad por precio, debida a la apreciación cambiaria. Es lo que sostienen algunos analistas. Puede ser.
Podemos incluir también que dicha pérdida de competitividad por alza de costos no es compensada con mejoras en la productividad, que bajen paralelamente los costos que aumentan por apreciación cambiaria.

Pero el factor que principalmente incide es la merma de la demanda a nivel mundial. Y particularmente, la caída estrepitosa de la actividad brasilera (que devino también en controles a las importaciones que afectaron a productos argentinos, pero que no surgen de una actitud de revancha como suele cómodamente afirmarse, sino de necesidades internas de volcar al mercado propio los excedentes no colocados por vía de exportación, o al menos a no perder cuotas de mercado interno con productos de países competidores; ningún gobierno puede darse el lujo de ser tan principista, ni se va a poner a tomar decisiones para que se vean plasmados los intereses declamados por El Cronista Comercial; en materia económica lo que rige es el pragmatistmo).

Las líneas de producción no van  funcionar aceitadamente, mientras no haya a quién venderle lo producido. De modo que una caída brusca de la demanda externa lógicamente provoca cambios en las perspectivas, modificaciones en los inventarios que harán tarde o temprano que las líneas de producción tomen otros ritmos o incluso queden paradas un tiempo. La falta de insumos no es más que un chivo expiatorio, que al mismo tiempo le permite a quien lo utiliza ponerse en papel de víctima para negociar en mejores condiciones la obtención de beneficios.