miércoles, 18 de julio de 2012

Sorpresas

Leemos, con estupor, esta revelación novedosa, este fino análisis de la realidad, que llega a profundidades a las cuales ningún análisis precedente había podido llegar:
En primer lugar, debemos insistir con que el Gobierno debe convocar al diálogo a los sectores sociales y políticos representativos . Mal camino la soberbia, el confrontar con todos. La crispación genera más crispación.
¿Quién es el autor de tan profundo análisis?
No, no es Gabriela Michetti. De haber sido ella, habría alguna referencia a las energías positivas  y las buenas ondas que hay que poner para sobreponerse al bajón de un gobierno que te tira muchas pálidas.


Más curtido que su colega del PRO, se trata del dirigente revolucionario cordobés Humberto Tumini, de Libres del Sur, en el FAP. 


En realidad hasta hace poco lideraba la corriente Patria Libre (que después se fundió en el Movimiento Libres del Sur). Era ésta una fuerza política que se caracterizaba a sí misma como de extracción guevarista. De hecho, la efigie del Che Guevara era el ícono que flameaba en sus banderas, guardadas en la mítica (?) sede de la calle Castro Barros.


Tumini ha decidido ser guevarista, pero de diálogo y consenso, enemigo de la confrontación. 


Y entonces, cuando uno suponía que, por sus raíces ideológicas, los compañeros del guevarismo revolucionario iban a manifestar su enojo con un Gobierno que no confronta plenamente con los poderes estructurados en torno del resguardo de intereses concentrados, enquistados en todo el entramado social, que vuelcan arbitrariamente la balanza de la apropiación del producto social en pocas manos, bueno...no, ellos piden moderación, voluntad para el diálogo, fin de la confrontación y la crispación. 


Convirtieron sus ímpetus revolucionarios y sus fuertes críticas al gobierno en una delicada expresión de moderación y prolijidad republicana. 
En buena hora, compañeros. Hasta el empate siempre.

domingo, 15 de julio de 2012

El peor y el mejor, igualados por la mediocridad de la crisis que nivela para abajo




De la misma forma, también se puede afirmar que mientras que en los últimos meses la Argentina hizo "todo mal" (control a las importaciones y al dólar) y Brasil "todo bien" (reducción de la tasa de interés y depreciación del tipo de cambio), el resultado fue prácticamente el mismo.

viernes, 13 de julio de 2012

Por amor a la camiseta

Se armó un quilombo bárbaro porque River dio a conocer oficialmente el premio que cobraron Cavenaghi y el "chori" Domínguez por el ascenso. Lo publicaron en la página del club. Y al rato lo sacaron, modificando el documento. Borraron las cifras.

Igualmente, cualquier persona se pudo enterar de lo que cobraron esto dos señores gracias a que un montón de periodistas de distintos medios, indignados por la falta de ética de Passarella de dar a conocer las cifras, repitieron los valores con centavos y todo en cada oportunidad de salir al aire que se les brindó.

Yo, que no considero que merezca ningún escándalo que Passarella haya revelado esas cifras,  no me animo a transcribirlas. Lo único que me apena un poco es que la AFIP les habrá descontado una buena parte de esos honorarios tan bien ganados en la cancha (y el banco de suplentes), por esta cuestión tan irritante de seguir considerando ganancia al salario.
Tema sensible al que se sumó últimamente la persecución impositiva por cuestiones ideológicas. resulta que estás en contra de la política tributaria del Gobierno, y te mandan a la AFIP a que te cobre impuestos. En este país no se puede disentir, viejo!


Ético o no, el punto es que la argumentación de que los chicos (boludones treintañeros) vienen a jugar resignando plata porque quieren al club queda seriamente averiada con estas cosas. 
Nadie puede pedirle a nadie que juegue gratis o que no sea profesional y deje de hacer valer su trabajo. Pero, si sos profesional y hacés valer tu trabajo cobrando sumas importantes, al menos resigná el derecho a facilitarte el cariño de los hinchas con demagogias sentimentales de amor a la camiseta y demás berretadas rayanas en la locura. Y menos uses ese derecho para volcar los favores de la gente en contra de tus adversarios.

Hoy Varsky venía comentando acerca de que ante la posibilidad de ser transferidos, jugadores jóvenes y formados en un club (cualquiera), abandonan cualquier pretensión de reconocimiento, y hasta le hacen perder al club que los formó la posibilidad de hacer valer (en plata) su acción formadora, presionando para facilitar la transferencia ( lógicamente abaratándola).
Y que ante esa situación distintos tipos de dirigente reaccionan de distinta manera. Algunos tratan de oponer resistencia para cuidar los intereses del club. Y otros piden una comisión y mal venden sin remordimientos.
Quedó fuera de análisis lamentablemente la dilucidación de con qué tipo de dirigente se sienten más a gusto los futbolistas.

No es cuestión de ponernos en moralistas a señalar a nadie. Pero justamente, la decisión de no condescender al moralismo nos obliga a abolir definitivamente todas esas boludeces de que la pelota no se mancha y que lo más sano que tiene el futbol es el jugador.

jueves, 12 de julio de 2012

Melconián, el único opositor sincero

Melconián es el único de los economistas opositores que se anima a decir las cosas con todas las letras. reproduzco este párrafo de su columna en el Cronista:
Queda claro que mientras a la economía se la sostenga fogoneando el consumo “tirando plata a la calle” la inflación no va a bajar. Y seguir financiando al sector público con la “maquinita” de emitir moneda es a este altura exactamente eso. La única preocupación oficial es que los precios no suban “demasiado” y que el poder adquisitivo se desmorone lo mínimo posible. La propia caída del tipo de cambio real es ignorada. Es una posición equivocada desde todo punto de vista: a la larga, tolerar la inflación genera costos económicos y sociales que ya están a la vista aun cuando las subas de precios no sean virulentas para los patrones tradicionales de Argentina. No es casualidad que la gran mayoría de los países priorizan tener una tasa de inflación de un dígito anual: no somos los únicos vivos del planeta que descubrimos la pólvora.
Las negritas las usé yo, para resaltar lo que me parece más significativo.
Con lo que no concuerdo en absoluto es con la  referencia a la caída del tipo de cambio real. Porque ya discutimos varias veces respecto de que no puede ser considerada la inflación una causa de la baja del tipo de cambio. Sino que es una consecuencia de las respuestas monetarias y cambiarias que se dan ante la tendencia a la apreciación real, con bases en los comportamientos de los términos de intercambio a nivel mundial y el crecimiento relativo de las economías emergentes.
Para ejemplificarlo en la práctica: la relación cambiaria de Argentina con Brasil, o con Chile, o con Uruguay, no es desventajosa en relación a los 7 años que Melconián dice que cumple la inflación de dos decenas.

Pero señalo lo significativo porque Melconián no tiene pruritos en admitir lo que otros ocultan tras circunloquios insignificantes: que la solución al aumento de precios (entre ellos los salarios) es cortar la polea de transmisión que transforma la expansión monetaria en demanda masiva de bienes.

Es claro cómo el plan anti-inflacionario universal finge el pesar por lo que la inflación le hace al poder adquisitivo de los ingresos más bajos, cuando en realidad le preocupan las condiciones de posibilidad para la existencia de una masa de dinero en forma de ahorro, que funcione como fuente de financiamiento para el proceso de acumulación de capital, en reemplazo de la dinámica de ingresos-precios que propone en ese lugar al consumo.
¿Y cómo se atempera el consumo sin restarle poder de compra a los ingresos medios y bajos (los de mayor propensión a consumir)?

Melconián es muy claro al respecto: "mientras a la economía se la sostenga fogoneando el consumo “tirando plata a la calle” la inflación no va a bajar".


lunes, 9 de julio de 2012

Futbol para todos

La Nación de hoy le asigna un espacio bastante importante al programa Fútbol para Todos. Lo abordan desde la cuestión presupuestaria. La conclusión, puesta en título central es que se gastaron $4000 millones, en tres años. Repito: 3 años.

Un primer ejercicio que se me viene a la memoria, rápidamente. Clarín trata el tema transporte. El aumento de aportes estatales a la nueva operadora del Mitre y el Sarmiento. Y un dato escalofriante. El transporte público urbano de Capital y GBA le demandó al estado nacional, $6500 millones. En los primeros 4 meses del año.

En 4 meses, los insuficientes recursos destinados a un transporte deficiente para, entre otras cosas, no convalidar aumentos de tarifas al público, fueron un 62,5% más altos que los gastos del programa Futbol para Todos en 3 años de vigencia del mismo.

Esta comparación de números al azar es trasladable a varios otros ítemes del presupuesto nacional. Luciana Díaz Frers encuentra apenas un puñado de gastos menores a los de Futbol para Todos en el último ejercicio de 2011. Ninguno de los cuales parecería justificar la ampliación de recursos, como lo que se gastó en la Biblioteca del Congreso, o en los programas propagandísticos de lucha contra el sida y enfermedades de transmisión sexual, o los gastos administrativos de la Corte Suprema, el Senado o algunos ministerios (sueldos y compra de insumos, independientemente de los programas específicos que desarrollan, con presupuesto aparte), o (el más polémico) el seguro de desempleo que paga el Ministerio de Trabajo (no incluye RePro, ni los programas específicos para evitar despidos) .

Probablemente, esto es lo que haga que varios referentes políticos opositores centren las críticas al programa en la propaganda política que el Gobierno opta por hacer a través de las emisiones, y ni se ocupen ya de hablar de despilfarro de recursos públicos. Porque si poner plata para televisar fútbol puede ser considerado un acto de demagogia, recortar esos recursos bajo promesa de usarlos para mejorar hospitales sería la demagogia misma, pero potenciada a la enésima.

En este particular creo conveniente aportar un nuevo matiz: esos 700 millones de pesos anuales que el estado le paga a la AFA actualmente para obtener los derechos de televisación, en caso de decidirse no emitir más el programa y que la AFA negocie la televisación del fútbol con empresas privadas...¿significaría un saldo neto para utilizar en otros rubros?
Es una pregunta importante y que conecta directamente con el "uso propagandístico" que el Gobierno hace del mismo.
Porque es casi de cajón que eliminado FPT, lo que no se podría eliminar totalmente es la obligación constitucional de hacer difusión de los actos de gobierno, para los cuales los medios masivos de comunicación son una herramienta comunicativa muy importante, cuestión que usufructúan al punto tal de creer que la pauta oficial, el subsidio a la libertad de (ganar guita haciendo operaciones de) prensa es un derecho adquirido sobre el cual pueden reclamar abiertamente sin que nadie se ponga a sacar cuentas sobre la cantidad de cosas que se podrían hacer con esos recursos.

No encuentro opciones para hacer un uso más eficiente de esos 700 millones de pesos. FPT es sin dudas la mejor opción para esos fines.

Y para el final, una joyita de un diputado opositor:
Juan Carlos Zabalza, presidente de bloque del Partido Socialista, pidió modificar el programa. "Por lo menos, habría que tratar de cambiarlo un poco para que deje de ser una maquinaria propagandística", sostuvo. El dirigente socialista sugirió encontrar un "camino intermedio", por "lo que el fútbol significa para la población". Según Zabalza, "hay una gran inversión en valores culturales que se puede transmitir, como hace el canal Encuentro".
Ahí tenés. Respondele a esa crítica.


sábado, 7 de julio de 2012

Los productores vuelven a las rutas

En relación a la actividad agropecuaria se están desatando dos fenómenos, cuyos grados de transitoriedad o permanencia definirán en gran medida el futuro próximo en la formación de capital del sector.

Por un lado el aumento internacional exorbitante del precio de la soja. Llegando a los 600 dólares. Y sin retenciones móviles que puedan mitigar el impacto en el precio interno (FAS).
Salvo por la posibilidad de cerrar contratos futuros a buenos precios, no creo que haya demasiado mercadería disponible para venderles a las exportadoras, de manera que es probable que eso limite un poco la capacidad para capitalizar este hecho propicio por parte de los productores. Pero un poco nada más.

Por otro lado, el retraimiento de ciertos aportes financieros para los pooles, originado en las restricciones cambiarias, que hace que las "inversiones" se vayan a Uruguay. O Brasil.
O sea, un pinchamiento forzoso de la renta de la tierra, con tendencia a que los precios de los alquileres decaigan y la expansión de los pooles se frene.

Dos movimientos esencialmente contradictorios, que abren un ensanchamiento de la brecha de rentabilidad para las medianas empresas agropecuarias, derrumban los argumentos sobre los efectos nocivos del aumento de costos en dólares o de los revalúos impositivos y morigeran cualquier pedido desde el sector por una devaluación, lo cual le quita bastantes presiones a todo el entramado cambiario.

Los productores vuelven a las rutas.
Para descansar en este fin de semana largo invernal.

martes, 3 de julio de 2012

¿Por qué pasa lo que nos pasa?

Desde el año 2007 la realidad económica argentina se ve cruzada por la polémica en torno al índice de inflación oficial, su "veracidad", y la brecha con mediciones alternativas (o algunas otras oficiales, como las de algunas provincias).

Ahora bien, si nos remontamos a la historia argentina, o si hacemos un pequeño esfuerzo de búsqueda en Google para ver la realidad de otros países nos vamos a encontrar con que no son nada raras las desavenencias entre los números suministrados por los entes oficiales y los compartidos por entes alternativos. Casi, diría, que la "verdad" y la estadística transitan caminos paralelos, y que los números son herramientas con las cuales se construye veracidad.
Dejo un posteo en el blog La columna de Rucio y un enlace europeo como introducción a un tema sobre el cual abundan documentos.

En este sentido, lo que pasó con el IPC en Argentina no es que dejó de ser "verdadero" para pasar a ser falso sino que perdió eficacia técnica. Dejó de convencer.
Se puede hacer el ejercicio de trazar paralelismos con otro tipo de números sometidos a las mismas vicisitudes (las encuestas, por ejemplo, o el rating).
Los motivos de esta pérdida de eficacia pueden ser varios. Ya ensayamos en otros momentos explicaciones relacionadas con la visibilidad del índice a partir de que disparaba el pago (o no) de jugosas rentas a inversores en bonos ajustables por CER.
Pero también vale decir que el establishment internacional, conocedor de estas cuestiones, lejos de mostrarse escandalizado por las mentiras del INDEC ensayó unas reprimendas suaves de compromiso, y prácticamente no ejerció ninguna sanción oficial sobre este particular. Lo cual puede ser visto como un elemento a favor de la idea de que no es algo tan grave comparado con las performances promedio en el ejercicio de la estadísitica a nivel mundial.

Seguramente un motivo muy saliente de la visibilidad de las brechas es el relativamente alto índice de la variación de precios.
Digamos, mientras en otros países los organismos de estadística mienten 3, cuando es 8, en Argentina el INDEC miente 10, cuando es 22. La importancia del índice de inflación, entonces, radica en que es objeto de sublimación por el malestar que provoca la inflación misma.

Ahora bien, cuando nos ponemos a mirar las implicancias prácticas de tal situación encontramos sorpresas. Para los desprevenidos.

No vamos a hacer un relevamiento extenso de datos, pero habrá acuerdo general si digo que en Argentina las variaciones nominales de salarios definidas en paritarias acompañaron (e incluso superaron) el índice estimado por el promedio de las consultoras privadas y organizaciones de consumidores, y no el IPC. Lo cual se complementó con una economía creando empleo suficiente como para que el círculo de consumo y producción fuera virtuoso, generando inclusive un derrame abundante sobre los sectores informalizados.

En otros países donde también se cuestiona pero en voz mucho más baja el índice oficial de inflación las variaciones salariales suelen moverse en conjunto con el índice oficial, o incluso por debajo del mismo. Hay ejemplos europeos, yanquis, brasileros y chilenos para consultar (perdón que no los acerque, por pereza).

Y aquí se me ocurre remarcar una cuestión (esto ya corre por cuenta mía) respecto de los problemas que se le generan en la actualidad a la economía argentina.
El capitalismo avanzado ha sabido emplear el poder adquisitivo del salario como variable de ajuste para evitar los efectos de la ley de rendimientos decrecientes.
Digamos, a medida que se expande la producción los márgenes de rentabilidad se hacen cada vez más estrechos, lo cual dificulta el repago de la inversión y la acumulación de recursos que permite ampliar más el aparato productivo a través de la reinversión. El mecanismo por el cual estos efectos se mitigan es operando una pequeña desvalorización del salario que permite una persistente recomposición de márgenes de rentabilidad a partir de la baja relativa de los costos laborales. Lo cual redunda en niveles de inversión que incorporan tecnología, de modo tal que mejora la productividad y el salario se ve parcialmente compensado (aunque nunca completamente) de su pérdida de poder adquisitivo.

Este es el proceso que en Argentina no se cumplió del todo "bien", y cuyos remedos provocan hoy los distintos conflictos que observamos. Cualquier disputa, la que elijan, puede ser inscripta en este campo.
Y llegamos siempre a las mismas conclusiones: evitar la inflación (o curarla) no necesariamente sería algo bueno para los asalariados e incluso los sectores populares; pero cuando el proceso inflacionario expansivo no se complementa con buenos niveles de generación de empleo hay que revisar todo. El tema es cómo hacer para administrar los costos de las decisiones con el menor impacto en los más desprotegidos.

Reitero: todos los conflictos políticos y económicos actuales pueden leerse en esta misma clave.