lunes, 11 de abril de 2011

Opciones


En estos tiempos de simplificaciones, en que todo colabora con la instalación de falsas dicotomías (la Constitución peruana, por ejemplo, ha colaborado en este caso), los peruanos deberán elegir entre el cáncer y el sida.

Así lo cree, al menos, el gran intelectual, recientemente galardonado por los mismos tipos que le dieron a Obama el premio nobel de la paz apenas unos meses antes de que le declarara la guerra a Libia y que pronto andará por la Argentina para cantarle las cuarenta a la dictadura kirchnerista en un acto de gran coraje, Mario Vargas Llosa.
Que calificó de esa forma tan expresiva a los candidatos Ollanta Humala y Keiko Fujimori.

Una verdadera lástima que los peruanos no hayan tenido la oportunidad de salir de la dicotomía y optar por algo más agradable como la arterioesclerosis, tal como hiciera, sin ir más lejos, el genial escritor Vargas Llosa.

Dos opciones distintas, imperfectas, particulares.


La actualidad mundial se caracteriza por una fuerte tendencia a la apreciación de las monedas de los países emergentes. A partir de las bajas tasas de interés que mantienen los países centrales, se genera un caudaloso flujo inversor de parte de unidades superavitarias, que salen a buscar buenas rentabilidades.

Hay dos países vecinos, emergentes, que responden de manera contraria al estímulo.

Uno, Argentina, en el que su banco central abandona deliberadamente su misión de "preservar el valor de la moneda (al alza, como pretende siempre el establishment financiero)". Emite pesos para comprar dólares excedentes y de esa forma intenta mantener un tipo de cambio más alto que el que decidiría el mercado actuando sin "intervención".
Esa voluntad redunda en inflación. Alta inflación que corrige parcialmente los efectos buscados: al ser la inflación más alta que en otros países, se pierde parte de la competitividad ganada con el tipo de cambio alto (artificialmente alto).
Los "inversores", esos que viajan buscando opciones con alta rentabilidad, pasan de largo de la Argentina, donde las tasas de interés reales son negativas (culpa de la alta inflación).

Otro, Brasil, hace lo contrario. Intenta retomar el rumbo de las metas de inflación (la inflación del 6% los preocupó y se proponen ponerla en 4,5%, tal es la meta del Banco central). Para ello colocan la tasa de interés en 11,25%. Una de las más altas del mundo en términos reales.
Por supuesto, los "inversores" que no son tontos, ven la oportunidad y no se amedrentan ante un impuesto (Brasil les cobra un impuesto a los "inversores" que, al lado de las grandes ventajas que les ofrece su macro les resulta insignificante). Invierten en Brasil. Cosa que, junto con la llegada de Obama para declarar la guerra en Libia desde Brasilia, provoca la envidia de todos los analistas "serios" de la Argentina. 
Obama y los inversores eligen Brasil.

Bueno, resulta que gracias a ésta preferencia, Brasil vive un proceso de apreciación cambiaria nominal y real que está poniendo en peligro la competitividad de su industria (que es mucho más fuerte, por historia y escala, en términos comparativos que la de Argentina).

Podemos los argentinos respirar un poco más tranquilos.
Una estrategia similar a la brasilera hubiera significado mucho más destructiva, tal vez, que lo que hasta ahora resultó en Brasil.
Hasta ahora, digo. El Presidente del BNDES parece que está empezando a vislumbrar la amenaza de efectos mucho más graves.
Por eso, cuando uno escucha a industriales argentinos alabar a Brasil entiende que lo hacen por el sólo hecho de que viven en Argentina y no allá.

sábado, 9 de abril de 2011

Unir a la oposición


La idea ha sido lanzada principalmente por Macri.
Dirigente opositor al que el Gobierno nacional se empeña por darle visibilidad mayor a la del resto. El único con el que discute cara a cara.

Jorge Asís dice que al kirchnerismo le preocupa Duhalde, y sus combativos dirigentes sindicales: Barrionuevo y Venegas. Le temen (dice el pensador de origen medio-oriental) al pacto de éstos con Macri.
Una pavada, que no resiste lel menor ojeo de diarios. Si le tengo miedo al rotwailler de mi vecina, lo que menos haría sería chusearlo. Hablo, por supuesto, de Macri (que en metáfora canina, sería algo así como un pequinés).

Hay, detrás de la escena visible, movimientos en las sombras.
Algunos se enojan cuando se habla de Magnetto. Otros se mofan. Dicen, casi, que es un invento de 678.

La realidad es que Magnetto es quien maneja las funciones políticas, dentro de un poderoso grupo económico que desde siempre ha tenido fuerte participación en política (su negocio es, en definitiva, la política, que es el corazón de las noticias difundidas; ¿existe la posibilidad de pensar un medio de noticias sin sección política?, ¿hay alguna forma de manejar los intereses de una gran empresa siendo políticamente neutral?). Y desde 2008, se fue blanqueando esa operación en política.
Resulta que como nunca el grupo en el que Magnetto desempeña funciones políticas ha adoptado un posicionamiento definitivamente opositor al Gobierno Nacional. Sin ambigüedades ni concesiones.

Con una particularidad: no hay dirigentes políticos opositores que cuenten con un capital político de la magnitud del de Magnetto (valga la redundancia (?)). Esta situación lo convierte (a Magnetto) en el mejor posicionado para ordenar, disciplinar, un frente opositor.

Algunos actores son más resistentes. Otros más permeables. Y depende siempre del grado de intereses involucrados.
Hay que ver cómo en algunos distritos empresas del grupo Clarín ganan (neutralmente en términos políticos, faltaba más) concesiones de negocios muy importantes (no hablo solamente de la CABA). Y la verdad es que no sé si esos negocios son algo tan jugoso para el Grupo (que puede prescindir de ellos, como de varios que ya perdió en su "guerra" con el Gobierno Nacional). Son interesantes para las dirigencias políticas, que blanquean, de esa forma, guita oficial para campaña.
Porque, decíamos, el Grupo en el que Magnetto desempeña funciones políticas es el que cuenta con el capital político mayor, de todo el arco opositor. Y con ello disciplina.

Fijarse nada más como el nombramiento del "díscolo" Alfonsín fue "bombardeado" por la bajada de candidatura de Cobos. Que le pegó fuerte a la UCR. Para bajarle el precio. Debilitarla. Tal vez con la intención de que vayan, sumisos, al pie. Del hipotético frente opositor (ese que les aportaría los votos necesarios para cumplir con lo que más les importa a todos: renovar los cargos).

Guste o no, Magnetto es quien arma y desarma estrategias de la oposición. A través de sus punteros: Cobos y Duhalde. Que siguen la línea que les bajan con el fin de sumir los movimientos de radicales y peronistas opositores a la estrategia de unir a la oposición.
Hasta ahora, Macri sería el candidato a presidente en ese hipotético armado.

Sin embargo, persiste la idea de que le convendría ir por la reelección en la CABA.

Hay un candidato, un poco más díscolo para con las propuestas de unidad y de firmas de declaraciones, pero que sería mucho más presentable. Es Binner.
Para disciplinarlo están los contratos y el fantasma Reutemann, que le podría hacer perder el territorio.

Hoy parece lejos, pero...

miércoles, 6 de abril de 2011

Te prestamos o no la policía?

La verdad, sacar la policía de los lugares públicos porteños que custodiaban es generar un hecho político de manera intencional. Aunque haya que ir para atrás con la decisión. A esta altura, no me creo la del "error de cálculo".

La decisión se tomó para hacerlo saltar a Macri.
Y calculando que gracias a eso podría hacer su gira por programas de TV y radio, dando su versión, criticando de paso la política de seguridad del gobierno nacional, haciendo un poco de autobombo y grandilocuencia, y hasta hablando de la necesidad de unir a toda la oposición.
En el trajín, dice cosas como que Argentina está desaprovechando una oportunidad histórica que le da el mundo, de vender más soja y más autos a Brasil (sic) por culpa del autoritarismo y la anarquía total que este gobierno ejerce y permite (estos últimos dos verbos son agregados míos, que gusto de socorrer a gente en dificultades con cosas que no consigue dominar, en este caso la gramática). Lo dijo en lo de Varsky, hoy a la mañana.

Pero el tema de fondo no debiera ser despreciado, porque da como para discutirlo bastante.

El problema está en lo que ya dijimos varias veces. La CABA es un artificio jurídico inmanejable (como pieza jurídica, digo). A esta altura, por un simple cálculo de costos beneficios deberíamos darnos cuenta que sale más caro determinar jurisdicciones y potestades de los distintos gobiernos (nacional y ¿municipal?) que actuar en las cuestiones operativas de la gestión.
No va más. Bastó que un Gobierno de la CABA estuviera enfrentado y con aspiraciones presidenciables con el Nacional, para que el engendro explotara con una visibilidad insoportable.

La CABA tiene el tercer presupuesto del país (después del Nacional, y el de la PBA), con un territorio mucho menor y con mucha menos cantidad de habitantes (la ratio presupuesto/habitantes/metros cuadrados de jurisdicción es de las mejores de cualquier estamento estatal en el país) su administración se hace de recursos inmensos, algunos de los cuales se basan en una estructura nacional desigual que facilita cierto drenaje desde otros distritos hacia aquí (casos de empresas con domicilio legal en la CABA y que por ello tributan en ese lugar a pesar de desarrollar actividades fuera de ella, caso de millones de trabajadores que aportan al PBI de la CABA sin residir en el lugar, etc., etc., etc.).

Así y todo, exige el subsidio nacional en servicios como la policía, que le pagan también los santafesinos y los chaqueños, por nombrar dos provincias al azar. Ningún otro distrito del país tiene paga la policía. Cada uno se paga la suya.
Macri pidió el traspaso, recordamos. En realidad, es una vieja reivindicación de la autonomía artificial, a la que se sube cualquiera que tenga ganas de gobernar la ciudad. Pero exigió que se la pasaran (para administrarla él), con los fondos necesarios para mantenerla (que se los aportaban y recaudaban otros).
Exige que chaqueños y santafesinos le sigan pagando la policía a los porteños.

Esa exigencia (de la cual el caso de la policía es sólo un botón de muestra) parte de la existencia de un Estado (el de la CABA) indefinido, inajustable a cualquier otra figura que rija en el país. Y a condicionantes históricos.
Una persona que admiro decía hace poco algo así: que los porteños nacimos con el Estado ya creado, y creemos que eso es natural. Nunca pagamos una boleta municipal en la que se nos recargara el asfalto, o la cloaca. Las conexiones a la red de gas natural ya estaban hechas cuando nacimos. Y así...
Está bien, pero no es la realidad de un país que cuando Kirchner asumió tenía un 70% de la población sin cloacas, o el NEA sin gas (sigue sin gas, pero con gasoducto en cosntrucción.
Los 8 años de crecimiento a tasas chinas sirvieron para ir corrigiendo un poco esta desigualdad tan grande. Aunque, claro, no alcanzaron para agrandar la Buenos Aires-La Plata para el recital de U2 (cosa con la que ironizó el porteño Pergolini).

Hemos desarrollado también la idea falsa de que los intereses porteños son los intereses del país. No hay "regionalismo" en la CABA. No hay apego a lo local, porque no hay "centro" contra el cual disputar poder. Somos el centro hacia donde fluyen los recursos de todo el país y así lo asumimos, inconcientemente. Como si fuera natural.

No es que sea fácil corregir estas cosas que, reitero, están sedimentadas en la historia misma de nuestra nación. Pero la creación de una figura jurídica puede tener una cierta función ortopédica.

No es el caso de la autonomía (artificial) de la CABA, que solo sirve para reafirmar estas incongruencias históricas. De forma conflictiva e inoperativa, para peor.

lunes, 4 de abril de 2011

Moyano en la dinámica del poder

Habría alguien peor que Moyano

Moyano es un personaje controvertido. Así se ve en el post de Sergio en el que los comentarios desataron toda una serie de opiniones encontradas, y de convivencia conflictiva.

La polémica que desata Moyano se inscribe en el campo desde el cual no se le reconoce, como dirigente sindical, entidad suficiente como para erigirse en factor de poder.
La ética es el límite que se le pone a los avances "desmedidos" de Moyano.

Este aspecto, casi indiscutible so pena de convertirse uno en un justificador de la corrupción, no es, como puede suponerse en principio, neutral.

Opera aquí cierto elemento que es una rémora de cierta ética política bastante cuestionable a mi modo de ver: el Estado, o los representantes de los trabajadores, o los dirigentes de los clubes de futbol, etc., es decir, todos aquellos que representan o dirigen entidades sin fines de lucro u operan desde la función pública, deben estar sometidos a una ética particular, distinta de la de "los privados".
En principio, la cuestión pasa por un tema de graduación: "es peor hacer x cosa desde el Estado". Después, la ética adquiere carácter diferencial: el privado quiere avanzar hacia una situación más ventajosa y actúa en consecuencia, y el Estado (y por añadidura ciertas asociaciones representativas) están para corregir las inequidades provocadas por esa ambición tolerada, de la que sólo cabría reaccionar frente a algunas de sus consecuencias escandalosas.

De allí, hacia una concepción de las sociedades: la lucha de las ambiciones en el ámbito privado, y el arbitrio desde la esfera pública. Conservadora, ésta última, y garante de las estructuras y roles establecidos.

Así el sentido común y la ética diferencial establecen que Moyano no tiene autorización republicana para ocupar determinados espacios.
En estas estructuras, los factores de poder ya están instituidos y no admiten competencia.
Un sindicato no puede hacerse una caja con las mismas herramientas con que las hacen las patronales, porque justamente para eso están las patronales, y no los sindicatos. El sindicato tiene otro rol: ser el árbitro que levante la banderita esperando que el juez principal marque la infracción cuando alguna empresa (individualmente y en uso de sus toleradas facultades para mejorar su situación relativa) abuse algún derecho laboral.

En esa misma lógica, es dable pensar que sería deseable que para negociar con la gente de AEA, supongamos, en lugar de mandar a Moyano, que se les planta y les compite en prepotencia casi de igual a igual, les tendríamos que mandar a la monja Peloni que hará algún que otro pucherito ante lo que no le gusta, pero que no va a dejar plasmado más que un testimonio, tan sentido como inútil.
Y mientras tanto las cosas transcurrirán como manda la naturaleza (y las instituciones; y la ética diferencial).

Se supone (mal) que la dirigencia sindical arbitra (si es eso lo que se supone).
Es (la dirigencia sindical) un factor de poder que compite por espacios de poder con los otros factores de poder, que (digamos de paso) cuando van perdiendo agarran la pelota con la mano y dicen que hay trampa porque el árbitro no los defiende.

Hay enormes ejemplos de esto. Tomemos el de la Justicia. Se promueve como camarista por mérito incuestionado a la esposa de Recalde y se dice que Moyano quiere copar la Justicia. El poder judicial mientras tanto está conformado casi en su totalidad por personas que en su actividad privada fueron empleados de las grandes empresas, que tienen esposos/as o amantes desempeñando esas funciones, que viven en el mismo country y comen asados juntos con los referentes de las asociaciones empresarias, que incluso los visitan en sus despachos sin anunciarse.

Entonces ante la mera posibilidad de que una camarista del fuero laboral no defienda a capa y espada los intereses empresariales, como hacen otros jueces, te paran el partido y gritan "trampa".
El "árbitro" quiere empezar a jugar, y eso no vale.

Subvertir esa lógica: eso se proponen los sindicatos conducidos por Moyano. Actúan con la concepción de que el partido no está definido, y que no deben ser espectador neutral en la disputa por espacios de poder ajenas, y cuyo único rol se reduciría a cantar la falta del que se excede. Quieren jugar.
Son, en algún punto (y me banco las puteadas) más revolucionarios que algún que otro clasista de "declaración", que abomina las burocracias.

sábado, 2 de abril de 2011

De cada numerito hacemos un mundo

Echegaray, ante un claro caso de censura.

Se conoció ayer la performance de la recaudación fiscal nacional para el mes de marzo: incremento del 31,4%. En el trimestre, el crecimiento llega al 35,5 %.

Con este dato en la mano se discuten muchas cosas. Y la verdad es que el dato en sí mismo no dice mucho más que lo que ya podemos saber a partir del comportamiento de otros elementos.

Por ejemplo, que la recaudación por IVA DGI aumente mucho es un dato poco significativo en relación a lo que se intenta dilucidar con las preguntas que se le hacen a Echegaray. ¿Es la confirmación de que la inflación es alta? ¿O de que la economía crece mucho? Ni una ni otra cosa. En el comportamiento de la recaudación impositiva influyen muchos factores que pueden ser incluso fortuitos. El dato de recaudación sirve solamente para marcar algunas tendencias.

Digamos, es ilógico pensar que en un país donde la recaudación de un impuesto al consumo aumenta por encima del 30% interanual no hay inflación. Ahora, si la inflación es de 15, 20, 25 o 30 es imposible de determinar.

Podemos tomar el dato, también, como un indicio de que el consumo sigue robusto. Sí, pero igualmente imposible  cuantificar tal robustez. Y mucho menos cualificar su distribución (que es más importante).

Las discusiones, entonces, seguirán sus carriles de indefinición.

Un punto trascendente para señalar es la estrategia de defensa de Echegaray cuando fue consultado por el tema inflación y su influencia en el aumento de la recaudación fiscal.
Dijo que la influencia era relativa, porque la recaudación había aumentado también si se la medía en dólares. Otro dato poco relevante, creo.
Esa situación, a mí particularmente, está más cerca de sugerirme que experimentamos una apreciación cambiaria a partir de la cual todos los ingresos mejoran en dólares (no solamente los del fisco), que otra cosa.
Y la inflación, justamente, está reconocida como un mecanismo por el cual se canaliza la apreciación cambiaria, nominalmente reprimida por las compras del Banco central.

O sea, nada que no supiéramos desde antes de conocer el dato fiscal, que para lo único que sirve es para compararlo con la evolución de los gastos, y de esa manera poder determinar si el fisco intenta una política de absorción (contracíclica), o no.
Dato que también, en última instancia, resultaría irrelevante en términos reales, ya que sería solamente cambiar el mecanismo de apreciación cambiaria (que amenaza con ser inevitable).

No sé si al éxito, pero parece indudable que los argentinos estamos condenados a la apreciación cambiaria.

viernes, 1 de abril de 2011

Globo de ensayo

Juez, graficando por qué sería beneficioso ser petiso

Un nuevo globo de ensayo parece haber salido desde alguna sucursal opositora, lubricada con aporte duhaldista.
La unidad de la oposición para derrotar a la tiranía K, bloqueadora de medios e instaladora de una inseguridad jurídica cada día más terrible.
Sería algo así como la versión electoral de lo que ya fracasó en el "nuevo" Congreso.

No creo, por ejemplo, que resulte fácil convencer a Binner de que ponga en juego la continuidad del Frente Progresista (y su línea interna, más precisamente) en Santa Fe, para juntarse con Duhalde y Alfonsín (refrendando en clave hereditaria añejos pactos que el olvido ha tapado, en beneficio del padre del candidato a presidente de la UCR), para conseguir así que (qué se yo) Macri sea presidente.
Aparte, a nadie que gobierne una provincia (o que tenga aspiraciones de hacerlo), me parece, le gustaría la idea de que el Presidente fuera un tipo que, además de tener dos cocodrilos custodiándole la chequera, tampoco da señales de conocer muy bien la dinámica de la relación entre la Nación y las Provincias. El distrito que gobernó es el único que tiene garantizada la autonomía (presupuestaria).

Obviamente, nadie sabe cómo se haría para que entre Carrió en esta componenda. Ojo, si no entra tampoco se perderían mucho.

Entre los de compleja adaptación al rejunte, agregaría a Juez, que si se hubiera arrepentido antes de ser "anti-kirchnerista" hoy podría aspirar a la vicepresidencia de la Nación. Y bueno. El olfato no se compra; es innato. Pregúntenle a Felipe si no.
Son, estos dos, exponentes de un vicio político de los tiempos kirchneristas: el (in)oportunismo.