En la versión publicada en Artepolítica, de la entrada sobre "política energética", recibimos un comentario de Eduardo.
En este caso, la referencia era al sistema de energía eléctrica.
Habíamos dicho que la capacidad instalada del sistema nacional puede producir, trabajando a pleno, 27.000 MW, y que el pico histórico máximo de consumo fue de 20.000 y pico.
Eduardo nos hace notar con razón que los 27.000 MW de producción son inconcebibles. Por factores varios, siempre se opera por debajo del máximo. De hecho, cuando se registró ese pico, la oferta estaba operando a 23 o 24 mil MW.
También cabría mencionar la contracara de lo que dice Eduardo: 20.000 MW es un pico de consumo, no un valor sostenido en el tiempo.
Sin embargo, ver la capacidad instalada en relación a los picos de demanda sirve como primera aproximación al complejo tema del abastecimiento energético. Una distancia tan importante entre uno y otro permite identificar que se opera con un margen apreciable.
Por supuesto que el tema no se acaba ahí, porque la infraestructura de interconexión es lo que permite determinar cuán aprovechables serán esos 27 mil MW ideales (y 20 y pico mil reales) que se generan en distintas centrales, con distintas tecnologías y que abastecen determinados centros de distribución desde los cuales se provee a los focos de consumo.
También nos señala que lo importante para definir faltantes de energía es la existencia de saldos exportables en los países vecinos. Coyuntural y localizadamente la provisión de energía producida en Argentina puede quedarse corta, y se recurre a la importación de energía proveniente de países vecinos para tapar agujeros. Por ejemplo, si se da el caso de un río que abastece una central hidroeléctrica que se seca por cuestiones climáticas, y esta central por tanto no puede funcionar, se cubre el bache con energía importada de algún país limítrofe con el que se cuente con infraestructura para interconexión. Tapar esos agujeros de esta forma puede resultar más barato (o hasta la única salida posible) que tomar excedentes producidos por otras centrales fronteras adentro. En la mejora de este aspecto se inscribe la obra de interconexión NOA-NEA, por ejemplo.
Pero, que la importación de energía haya crecido en los últimos 8 años muy por encima de años anteriores, es un hecho que se relaciona muy fuertemente con el incremento de la demanda focalizada. Mucho más que con una hipotética falta de generación.
Del mismo modo, de verificarse incrementos en la exportación de energía, no podría tomarse esto como ejemplo de que la situación energética argentina es más holgada.
El avance en acuerdos con los países de la región para mejorar la infraestructura de interconexión transnacional es prioritario, y no es necesariamente una demostración de mayor dependencia externa. Justamente el futuro energético y económico en general de la región es la interdependencia, como mecanismo de potenciación de nuestras posibilidades.
miércoles, 12 de enero de 2011
martes, 11 de enero de 2011
Problemas energéticos: inquietudes y respuestas parciales
En una entrada anterior tratamos el tema de la "política energética" (usando a regañadientes el término).
Obtuvimos comentarios de lectores que impugnaban parcialmente las apreciaciones. Sobre lo dicho en esos comentarios intentamos ahora colocar matices.
Primero, el lector Cuindich, nos llamó la atención sobre la estructura del mercado de los combustibles, instaurada en los 90, sin corrección hasta hoy, salvo por algunos "parches".
El primer punto toca a las retenciones móviles que rigen sobre la exportación de petroleo, lo cual hace que el barril tenga un precio casi fijo en el mercado interno. Se paga por el mismo 48 dólares (está más de 80 en el mercado internacional). Nos dice Cuindich que las empresas mismas dicen que producir ese barril les cuesta 12 dólares, de lo cual se deduce que los márgenes son enormes.
Sin embargo, hay que pensar que para la fijación del precio interno del barril de petroleo influyen varios hechos.
Primero, hay algunas empresas que abarcan toda la cadena. Es decir, refinan para obtener combustibles el mismo petroleo que extraen del suelo. Pero aparte compran petroleo de otras explotaciones concesionadas a otras empresas.
Entonces, los márgenes de la extracción de petroleo, de la refinación, y de la comercialización afectan los intereses de distintas empresas que operan en distintas condiciones. El precio bajo, en detrimento de los márgenes de quienes extraen y en favor de quienes refinan podría reproducir en el plano de la extracción la concentración de mercado que hay en el ámbito de la refinación.
Aparte están las regalías que las empresas pagan a las provincias, sobre el valor del petroleo que comercializan. Cuando la 125, Das Neves, gobernador de una provincia petrolera, intentó poner en el tapete el debate sobre el régimen de retenciones móviles que afectaba a la actividad. Según su opinión, la fijación de precios por debajo de los de mercado tenía por objeto bajar el monto imponible para las provincias, en favor de un aumento de la recaudación fiscal nacional.
Bajar más, entonces, el precio del barril de crudo, generaría tensiones y rispideces en todos esos frentes, lo cual es motivo de prestar especial atención para equilibrar la distribución de excedentes entre todos: empresas de distinta actividad, consumidores, estado nacional y estado provincial.
El otro punto es el de la exportación de naftas, cosa que usufructúan casi sin condiciones las empresas que refinan.
En este punto hay que atender una cuestión estructural del mercado argentino. Acá, se consume mucho más gasoil que naftas. En una proporción de 3 a 1, más o menos. Sin embargo, las refinerías no pueden trabajar con esa proporción. Producen en cantidades mucho más equilibradas los distintos productos.
Lo cual hace que la facilidad que obtengan las empresas para colocar sus saldos exportables de naftas estará ligada fuertemente con la posibilidad que tengan de producir gasoil en cantidades más cercanas al abastecimiento del mercado interno.
En cambio, sin condiciones para colocar saldos exportables de naftas de manera conveniente, mayor necesidad de importar gasoil.
Sigue después...
Obtuvimos comentarios de lectores que impugnaban parcialmente las apreciaciones. Sobre lo dicho en esos comentarios intentamos ahora colocar matices.
Primero, el lector Cuindich, nos llamó la atención sobre la estructura del mercado de los combustibles, instaurada en los 90, sin corrección hasta hoy, salvo por algunos "parches".
El primer punto toca a las retenciones móviles que rigen sobre la exportación de petroleo, lo cual hace que el barril tenga un precio casi fijo en el mercado interno. Se paga por el mismo 48 dólares (está más de 80 en el mercado internacional). Nos dice Cuindich que las empresas mismas dicen que producir ese barril les cuesta 12 dólares, de lo cual se deduce que los márgenes son enormes.
Sin embargo, hay que pensar que para la fijación del precio interno del barril de petroleo influyen varios hechos.
Primero, hay algunas empresas que abarcan toda la cadena. Es decir, refinan para obtener combustibles el mismo petroleo que extraen del suelo. Pero aparte compran petroleo de otras explotaciones concesionadas a otras empresas.
Entonces, los márgenes de la extracción de petroleo, de la refinación, y de la comercialización afectan los intereses de distintas empresas que operan en distintas condiciones. El precio bajo, en detrimento de los márgenes de quienes extraen y en favor de quienes refinan podría reproducir en el plano de la extracción la concentración de mercado que hay en el ámbito de la refinación.
Aparte están las regalías que las empresas pagan a las provincias, sobre el valor del petroleo que comercializan. Cuando la 125, Das Neves, gobernador de una provincia petrolera, intentó poner en el tapete el debate sobre el régimen de retenciones móviles que afectaba a la actividad. Según su opinión, la fijación de precios por debajo de los de mercado tenía por objeto bajar el monto imponible para las provincias, en favor de un aumento de la recaudación fiscal nacional.
Bajar más, entonces, el precio del barril de crudo, generaría tensiones y rispideces en todos esos frentes, lo cual es motivo de prestar especial atención para equilibrar la distribución de excedentes entre todos: empresas de distinta actividad, consumidores, estado nacional y estado provincial.
El otro punto es el de la exportación de naftas, cosa que usufructúan casi sin condiciones las empresas que refinan.
En este punto hay que atender una cuestión estructural del mercado argentino. Acá, se consume mucho más gasoil que naftas. En una proporción de 3 a 1, más o menos. Sin embargo, las refinerías no pueden trabajar con esa proporción. Producen en cantidades mucho más equilibradas los distintos productos.
Lo cual hace que la facilidad que obtengan las empresas para colocar sus saldos exportables de naftas estará ligada fuertemente con la posibilidad que tengan de producir gasoil en cantidades más cercanas al abastecimiento del mercado interno.
En cambio, sin condiciones para colocar saldos exportables de naftas de manera conveniente, mayor necesidad de importar gasoil.
Sigue después...
lunes, 10 de enero de 2011
Revisionismo: Duhalde y la devaluación.
Los seguidores de Lucas Carrasco ayer miramos 678.
Y escuchamos atentamente su contrapunto con Barone, sobre Duhalde.
Lucas culpó a Duhalde por el momento de mayor regresividad en la historia argentina en cuanto a distribución del ingreso, producto de la devaluación de 2002. Dato duro y cierto. Pero con matices, para mí.
Porque más allá de que Duhalde fue quien tomó la decisión política, haciéndose cargo del costo político que nadie quiso pagar antes, incluso cuando era más barato, lo cierto es que la devaluación del peso fue una decisión del mercado, y hasta del sistema económico mundial, si se quiere.
Por supuesto, pudo haberse dispuesto alguna medida para que la regresividad no fuera tan marcada. Pero puede evaluarse también que el encaprichamiento en mantener una paridad fija del peso con el dólar durante 8 años había estrangulado el aparato productivo nacional, generando una transferencia inmensa de recursos desde el sector productivo secundario tradicional (que no podía competir casi en nada con productos importados ultra baratos en dólares) hacia los sectores rentísticos (y fugadores de divisas).
Por supuesto (y esto no hay que aclararlo siquiera) los actores destacados del sector secundario tradicional tuvieron la versatilidad que ofrece el poderío económico para adaptarse y sacarle provecho al "nuevo" escenario. Pero la cuestión es que todo el aparato productivo se reconfiguró durante esos años, con consecuencias nefastas para el empleo y la producción nacional.
En este sentido, la sobrevaluación de ciertos activos (ahorros en pesos-dólares, papeles negociables, efectivo mismo, hipotecas, notas de crédito, etc.) se valía para su sustento de dos mecanismos: venta barata de dólares hasta vaciar el banco central, y aumento del desempleo.
Entonces, los ingresos fijos en pesos (salarios) seguramente eran mucho más valiosos antes que después de la devaluación. Pero mantener ese poder de compra del salario sólo era posible achicando cada vez más el universo de "beneficiarios" de salario. Y ese poder de compra en parte se licuaba desde el momento en que se pagaba parcial o totalmente con cuasi monedas que se negociaban informalmente a valores muy por debajo del nominal (otra transferencia al sector rentísitico)
Duhalde, entonces, por una parte blanqueó lo que ya se daba: licuación de activos en pesos. Por otra parte, habilitó un escenario más propicio para la instauración de un nuevo esquema, planteando la flotación de la moneda, en contra de la paridad fija.
Lo hizo, es cierto, a través de alianzas de clase que, por su elección, fueron concesivas por demás con algunos actores económicamente poderosos y muy drásticas con otros sectores a los que se les pidió un sacrificio desproporcionado (en parte, esto fue posible por el bajo poder de negociación corporativa que a esos sectores le había quedado).
Una opinión, al fin de cuentas, nada más que eso.
Y escuchamos atentamente su contrapunto con Barone, sobre Duhalde.
Lucas culpó a Duhalde por el momento de mayor regresividad en la historia argentina en cuanto a distribución del ingreso, producto de la devaluación de 2002. Dato duro y cierto. Pero con matices, para mí.
Porque más allá de que Duhalde fue quien tomó la decisión política, haciéndose cargo del costo político que nadie quiso pagar antes, incluso cuando era más barato, lo cierto es que la devaluación del peso fue una decisión del mercado, y hasta del sistema económico mundial, si se quiere.
Por supuesto, pudo haberse dispuesto alguna medida para que la regresividad no fuera tan marcada. Pero puede evaluarse también que el encaprichamiento en mantener una paridad fija del peso con el dólar durante 8 años había estrangulado el aparato productivo nacional, generando una transferencia inmensa de recursos desde el sector productivo secundario tradicional (que no podía competir casi en nada con productos importados ultra baratos en dólares) hacia los sectores rentísticos (y fugadores de divisas).
Por supuesto (y esto no hay que aclararlo siquiera) los actores destacados del sector secundario tradicional tuvieron la versatilidad que ofrece el poderío económico para adaptarse y sacarle provecho al "nuevo" escenario. Pero la cuestión es que todo el aparato productivo se reconfiguró durante esos años, con consecuencias nefastas para el empleo y la producción nacional.
En este sentido, la sobrevaluación de ciertos activos (ahorros en pesos-dólares, papeles negociables, efectivo mismo, hipotecas, notas de crédito, etc.) se valía para su sustento de dos mecanismos: venta barata de dólares hasta vaciar el banco central, y aumento del desempleo.
Entonces, los ingresos fijos en pesos (salarios) seguramente eran mucho más valiosos antes que después de la devaluación. Pero mantener ese poder de compra del salario sólo era posible achicando cada vez más el universo de "beneficiarios" de salario. Y ese poder de compra en parte se licuaba desde el momento en que se pagaba parcial o totalmente con cuasi monedas que se negociaban informalmente a valores muy por debajo del nominal (otra transferencia al sector rentísitico)
Duhalde, entonces, por una parte blanqueó lo que ya se daba: licuación de activos en pesos. Por otra parte, habilitó un escenario más propicio para la instauración de un nuevo esquema, planteando la flotación de la moneda, en contra de la paridad fija.
Lo hizo, es cierto, a través de alianzas de clase que, por su elección, fueron concesivas por demás con algunos actores económicamente poderosos y muy drásticas con otros sectores a los que se les pidió un sacrificio desproporcionado (en parte, esto fue posible por el bajo poder de negociación corporativa que a esos sectores le había quedado).
Una opinión, al fin de cuentas, nada más que eso.
miércoles, 5 de enero de 2011
El fracaso de la política energética
Con esa pompa describen algunos analistas la situación actual, caracterizada por dos o tres cuestiones salientes:
- aumento de la demanda de combustibles, con récord histórico de consumo, lo cual obliga a YPF a valerse puntualmente de nafta importada para abastecer a las estaciones. Compra afuera la nafta que ESSO y Shell no alcanzan a (o no quieren?) refinar acá.
- en invierno, importación de gas "caro" y restricción en el suministro a las industrias que no participan del Gas Plus.
-algunos cortes de luz en el AMBA, en picos de demanda, provocados por incapacidad de la red de distribución domiciliaria para dar abasto,
- aumento de la demanda de combustibles, con récord histórico de consumo, lo cual obliga a YPF a valerse puntualmente de nafta importada para abastecer a las estaciones. Compra afuera la nafta que ESSO y Shell no alcanzan a (o no quieren?) refinar acá.
- en invierno, importación de gas "caro" y restricción en el suministro a las industrias que no participan del Gas Plus.
Primero: esos problemas son fácilmente identificables y clasificables, salvo que con intención deliberada se quiera gambetear la mención del factor principal: el contexto (inédito en la historia económica argentina) de crecimiento en todas las actividades (o casi), durante 8 años sin interrupción (también casi). Si no se gambetea, entonces, ese pilar fundamental de la realidad actual tendríamos que darles el nombre adecuado: cuellos de botella.
Los cuellos de botella son producto del desequilibrio generado a partir de que la demanda crece a un ritmo al que la oferta no logra adecuarse efectivamente.
Nótese que el contexto es claramente de crecimiento de la demanda, en cualquiera de los ítemes señalados.
Sin embargo, se suele leer cosas como que está fracasando el modelo de "gestión privada". La gente que rodea a Pino Solanas es muy afecta a tal explicación. Conclusión perezosa y falaz.
En realidad, cuando en los 90 se deciden las variadas privatizaciones que reconfiguraron el mapa del sector, se lo hizo como parte de un proyecto que no se agotaba en la privatización misma, sino que sumaba este factor a otros que lo complementaban. Liberación de los mercados, tipo de cambio bajo (dólar barato), precios prohibitivos (los más altos del mundo, en varios ítemes), empresas que balanceaban sus inversiones entre lo productivo y lo financiero, dándole alce a lo más rentable (lo segundo).
Pensar las privatizaciones de los 90 separadas de tal esquema es, repito, falaz.
Como muchas otras cosas, ese esquema falleció definitivamente en diciembre de 2001. Hoy, de aquello, solo queda la gestión privada de las empresas del sector, aunque con autonomía relativa, dada la intervención innegable (cierto que deficiente en muchos casos) del Estado.
Ya no existe el tipo de cambio de entonces, ya no existe el contexto de valorización financiera; ha sido reemplazado por la valorización productiva, de la mano del crecimiento del mercado interno y los incentivos al consumo. Y (como principal motor de lo anterior) los precios de estos productos hoy son excepcionalmente bajos. El esquema actual es bastante distinto de aquel que fracasó, no en materia energética, sino a nivel general.
Capitalismo de amigos
A la mierda.
Si faltaba algún aporte a la nueva "polémica" sobre el futuro de Edesur era el del EX-defensor del "pueblo" (u Ombudsman, que queda más paquete), actual defensor de las privatizadas ( o lobbysta ad honorem, que queda más real), Sr. Eduardo Mondino.
La culpa de todo lo que pasa con los cortes de energía la tiene el Gobierno y su pésima política de servicios públicos, dice. Habla (junto a su exégeta, el redactor de Clarín que escribe la notita) de "poder central" o "el poder" a secas refiriéndose al Gobierno, en claro posicionamiento ideológico. Y levanta suspicacias acerca de las gestiones que estaría haciendo el Ejecutivo para facilitar el ingreso de algún empresario "amigo" al negocio de la distribución eléctrica.
Como si él, después de todo, no estuviera defendiendo los "derechos" de sus propios amigos, los actuales dueños de Edesur, por ejemplo cuando habla de la necesidad de "renegociar contratos". Edesur, que en definitiva es una empresa a la que se le concesiona un servicio público no goza de ninguna precedencia natural. La decisión de defenderlos es política. Por eso Mondino y Clarín encaran la defensa: porque hacen política (y negocios, que en algún punto son dos elementos de la vida socio-económica que están muy estrechamente vinculados).
Así, muchachos, que el problema no es el capitalismo de amigos. Porque el capitalismo, en última instancia, siempre es de amigos. Amigos de unos o amigos de otros. O, en todo caso, socios, que es una palabra que se adapta mejor a los contextos en los que se maneja guita. Pero, como la guita (su presencia) muchas veces hace confundir los sentimientos, aceptamos que llamen "amigos" a los tipos que pagan por la custodia de sus negocios. Cosas de la vida.
Si faltaba algún aporte a la nueva "polémica" sobre el futuro de Edesur era el del EX-defensor del "pueblo" (u Ombudsman, que queda más paquete), actual defensor de las privatizadas ( o lobbysta ad honorem, que queda más real), Sr. Eduardo Mondino.
La culpa de todo lo que pasa con los cortes de energía la tiene el Gobierno y su pésima política de servicios públicos, dice. Habla (junto a su exégeta, el redactor de Clarín que escribe la notita) de "poder central" o "el poder" a secas refiriéndose al Gobierno, en claro posicionamiento ideológico. Y levanta suspicacias acerca de las gestiones que estaría haciendo el Ejecutivo para facilitar el ingreso de algún empresario "amigo" al negocio de la distribución eléctrica.
Como si él, después de todo, no estuviera defendiendo los "derechos" de sus propios amigos, los actuales dueños de Edesur, por ejemplo cuando habla de la necesidad de "renegociar contratos". Edesur, que en definitiva es una empresa a la que se le concesiona un servicio público no goza de ninguna precedencia natural. La decisión de defenderlos es política. Por eso Mondino y Clarín encaran la defensa: porque hacen política (y negocios, que en algún punto son dos elementos de la vida socio-económica que están muy estrechamente vinculados).
Así, muchachos, que el problema no es el capitalismo de amigos. Porque el capitalismo, en última instancia, siempre es de amigos. Amigos de unos o amigos de otros. O, en todo caso, socios, que es una palabra que se adapta mejor a los contextos en los que se maneja guita. Pero, como la guita (su presencia) muchas veces hace confundir los sentimientos, aceptamos que llamen "amigos" a los tipos que pagan por la custodia de sus negocios. Cosas de la vida.
martes, 4 de enero de 2011
Dura embestida contra los chinos
Buena nota de Víctor Bronstein en Clarín: "China no es nuestro socio estratégico".
Describe en breve, pero dando datos interesantes y mayormente desconocidos, la "diplomacia" energética de China. Consiste ésta en potenciar las inversiones de empresas de energía chinas en el exterior, para garantizar para el país asiático abastecimiento de este bien escaso.
Llama la atención (por tal motivo) sobre la necesidad de dar un debate, ante las compras (una en proceso, la otra cerrada) por parte de empresas chinas de porciones de Pan American Energy (PAE) y OXY. Se plantea la posibilidad de que el Gobierno intervenga en el "mercado libre" para obstaculizar este proceso de chinización de las empresas que explotan nuestros recursos naturales con fines de producción energética (y no "nuestras empresas", distíngase bien, que el nacionalismo tiene un límite: las utilidades empresarias).
En el caso de PAE el que estaría vendiendo sus acciones es el Grupo Bridas (argentino, de los Bulgheroni). No vale lo mismo para OXY (empresa cuya venta se puede "evitar", de mediar "voluntad política").
Tampoco aparece de igual forma el discurso "nacionalista", pro intervención estatal en el mercado y propiciador de actitudes hostiles hacia las inversiones extranjeras, que generan inseguridad jurídica, cuando se trata de empresas de servicios públicos, que son "embestidas", en función de la instauración del "capitalismo de amigos".
La "pluralidad" da como resultado una gran coherencia: por exceso o por defecto, siempre lo que se hace está mal. No es novedad, ya lo sé. Pero es.
Describe en breve, pero dando datos interesantes y mayormente desconocidos, la "diplomacia" energética de China. Consiste ésta en potenciar las inversiones de empresas de energía chinas en el exterior, para garantizar para el país asiático abastecimiento de este bien escaso.
Llama la atención (por tal motivo) sobre la necesidad de dar un debate, ante las compras (una en proceso, la otra cerrada) por parte de empresas chinas de porciones de Pan American Energy (PAE) y OXY. Se plantea la posibilidad de que el Gobierno intervenga en el "mercado libre" para obstaculizar este proceso de chinización de las empresas que explotan nuestros recursos naturales con fines de producción energética (y no "nuestras empresas", distíngase bien, que el nacionalismo tiene un límite: las utilidades empresarias).
En el caso de PAE el que estaría vendiendo sus acciones es el Grupo Bridas (argentino, de los Bulgheroni). No vale lo mismo para OXY (empresa cuya venta se puede "evitar", de mediar "voluntad política").
Tampoco aparece de igual forma el discurso "nacionalista", pro intervención estatal en el mercado y propiciador de actitudes hostiles hacia las inversiones extranjeras, que generan inseguridad jurídica, cuando se trata de empresas de servicios públicos, que son "embestidas", en función de la instauración del "capitalismo de amigos".
La "pluralidad" da como resultado una gran coherencia: por exceso o por defecto, siempre lo que se hace está mal. No es novedad, ya lo sé. Pero es.
lunes, 3 de enero de 2011
Luz
El globo de ensayo que lanzó Lezcano el otro día fue convertido en bomba por De Vido. El contrato de concesión a Edesur está en la mira. Difícil que algún opositor de peso quiera jugársela en la defensa de la empresa. Algún que otro suicida habrá. No muchos.
Si prospera (la caducidad del contrato) puede traer aparejado el ingreso al mercado de la distribución energética en el área más suculenta del país de nuevos jugadores, de capitales nacionales. Aún, incluso, alguna participación en el negocio de Luz y Fuerza. Si sirve para que puedan darle sustentabilidad a la elogiable decisión de recomponer el funcionamiento de la Caja compensatoria, por la cual los jubilados y pensionados del gremio vieron engrosar sus haberes de modo contundente, bienvenido sea.
En cuanto al tema energético, el punto es un poco más complicado.
El Estado cumple en sancionar la mala provisión de servicio público de las empresas. Con multas, o más extremadamente, amenazando "revisar" contratos. Problemas de provisión que denotan deficiencias en la inversión. Que el Estado tampoco previó. Si no, no se explica que sancione la falencia, en vez de obligar por anticipado a evitarla.
El punto es: la demanda aumenta, concentrada. La inversión para poner la oferta a tono va de atrás. Las previsiones a veces fallan. Y el Estado, por carencia de previsión, recurre a la sanción. Los problemas, sin embargo, ya fueron vividos y (ay) "facturados".
El esquema actual es así. Tiene ese defecto de origen. Al Estado no le falta fortaleza, a las empresas no les faltan recursos para invertir. Lo complicado es alcanzar la previsión necesaria, precisa, para anticipar un crecimiento (repito) concentrado y difícil de proporcionar. Lo complicado es destrabar por anticipado los cuellos de botella.
Después hay cosas... ¿Cuántos cortes en barrios de clase media baja no se debieron a "parches" para devolverle la luz a algún country que se quedó sin suministro "justo para Navidad"? Decisiones de ese tipo están a mano de algún gerente que necesita "salvar la ropa" cuando lo llama alguien "importante". Feo que pasen estas cosas. Pero pasan. No nos engañemos con que son patrimonio de Edesur.
El tema es que este esquema imperfecto de tarifas subsidiadas, incentivo al consumo y a la reinversión de utilidades tiene una alternativa.
Lo dicho: el lobby empresario, el aumento de tarifas, el disciplinamiento del consumidor (en general, de los de más bajos recursos), la merma en el consumo, y la libre disponibilidad de las utilidades por parte de las empresas.
Entonces, para evitar los problemas de provisión de energía los "amigos del mercado" (y del "cachet" de lobbysta) tienen un plan: limitar los consumos.
Paradójico que para que no veamos restringido nuestro consumo energético por los cortes, tengamos que consumir menos. Al final, todos los caminos te llevan al mismo lugar.
Si prospera (la caducidad del contrato) puede traer aparejado el ingreso al mercado de la distribución energética en el área más suculenta del país de nuevos jugadores, de capitales nacionales. Aún, incluso, alguna participación en el negocio de Luz y Fuerza. Si sirve para que puedan darle sustentabilidad a la elogiable decisión de recomponer el funcionamiento de la Caja compensatoria, por la cual los jubilados y pensionados del gremio vieron engrosar sus haberes de modo contundente, bienvenido sea.
En cuanto al tema energético, el punto es un poco más complicado.
El Estado cumple en sancionar la mala provisión de servicio público de las empresas. Con multas, o más extremadamente, amenazando "revisar" contratos. Problemas de provisión que denotan deficiencias en la inversión. Que el Estado tampoco previó. Si no, no se explica que sancione la falencia, en vez de obligar por anticipado a evitarla.
El punto es: la demanda aumenta, concentrada. La inversión para poner la oferta a tono va de atrás. Las previsiones a veces fallan. Y el Estado, por carencia de previsión, recurre a la sanción. Los problemas, sin embargo, ya fueron vividos y (ay) "facturados".
El esquema actual es así. Tiene ese defecto de origen. Al Estado no le falta fortaleza, a las empresas no les faltan recursos para invertir. Lo complicado es alcanzar la previsión necesaria, precisa, para anticipar un crecimiento (repito) concentrado y difícil de proporcionar. Lo complicado es destrabar por anticipado los cuellos de botella.
Después hay cosas... ¿Cuántos cortes en barrios de clase media baja no se debieron a "parches" para devolverle la luz a algún country que se quedó sin suministro "justo para Navidad"? Decisiones de ese tipo están a mano de algún gerente que necesita "salvar la ropa" cuando lo llama alguien "importante". Feo que pasen estas cosas. Pero pasan. No nos engañemos con que son patrimonio de Edesur.
El tema es que este esquema imperfecto de tarifas subsidiadas, incentivo al consumo y a la reinversión de utilidades tiene una alternativa.
Lo dicho: el lobby empresario, el aumento de tarifas, el disciplinamiento del consumidor (en general, de los de más bajos recursos), la merma en el consumo, y la libre disponibilidad de las utilidades por parte de las empresas.
Entonces, para evitar los problemas de provisión de energía los "amigos del mercado" (y del "cachet" de lobbysta) tienen un plan: limitar los consumos.
Paradójico que para que no veamos restringido nuestro consumo energético por los cortes, tengamos que consumir menos. Al final, todos los caminos te llevan al mismo lugar.
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